El lenguaje de los ángeles y otras comunicaciones.

¿Qué sucederá en el futuro? ¿Cómo será el tiempo por venir? ¿Y qué ocurrirá en el hipotético mañana posterior a la desaparición física?

“Eran las veintitrés horas de un 31 de marzo, En casa de John Fox, pastor metodista, volvieron a oírse los ruidos por los que había abandonado la casa su dueño anterior, el señor Vekman. Ea noche, a diferencia de otras ocasiones, a las hermanas Fox se le ocurrió imitar con un castañeteo de dedo los sonidos que escuchaban y que tribuyeron  una entidad espiritual. Más tarde, le propusieron a la entidad cuyos ruidos repetían, que contara hasta cuatro, ocho, doce, etc. Ante su gran sorpresa, la propuesta fue aceptada. En esa noche de 1848 las hermanas Fox acababan de inaugurar el primer telégrafo con los espíritus, tal como en 1746 se había inaugurado el primer telégrafo entre los seres vivientes.”1 Va de suyo que no era el primer intento de comunicarse con los seres queridos que habían fallecido o con entidades de cuño diverso.

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Saber qué gobierna nuestros actos, qué va a suceder en el futuro de la existencia sobre la tierra y, más aún, inquirir qué acaecerá –si algo ocurre- una vez traspasados los umbrales de la vida  ha sido una inquietud constante del pensamiento. Y, para satisfacer esa necesidad, han valido los métodos más diversos. Entre las primeras mancias se encuentran seguir el vuelo de las aves, escudriñar las entrañas de los animales o sus huesos, tintinear campanillas, tirar los dados, interpretar la disposición de semillas o piedras.

Desentrañar el futuro se fue convirtiendo en tarea de especialistas; en el caso de la Grecia antigua, por ejemplo, quienes cumplían esa función eran las sacerdotisas de la Pitia o la Sibila. Asimismo, los métodos de inquisición del porvenir fueron tomando formas complejas tales como el desarrollo de la astrología o el Tarot.

Runas, líneas de las manos, cencerros, figuras dibujadas en la tierra, o cientos de otros artificios, sirvieron a los oráculos, chamanes y adivinos de toda laya para ponerse en contacto con planos fuera de la percepción corriente donde quedan abolidas las tres divisiones convencionales del tiempo. Asimismo, no son pocos lo casos donde la búsqueda hubo de orientarse a establecer contacto con entidades extraterrestres, sea la serpiente Pitón, los dioses del Olimpo o las almas de los muertos. En ese sentido, una de las comunicaciones más buscadas ha sido con los ángeles.

Los ángeles

Los ángeles son polivalentes1: originalmente no tienen sexo pero, en ocasiones, se masculinizan o toman la figura de una mujer e incluso llegan a tener género pero no sexo. Sin olvidar, claro está, que toman apariencias como las que describe san Juan en el Apocalipsis, con ojos por delante y por detrás o semejando animales.  Asimismo, son tan guardianes como destructivos y tan proféticos como protectores. Su conducta, por lo general, puede parecer errática a los humanos que, aunque desconocen sus motivaciones profundas, se sienten fuertemente atraídos a establecer un diálogo con ellos.

El mayor obstáculo para comunicarse con los ángeles es que, si no descienden a la tierra, no tienen un lenguaje como los humanos ya que la voz es un fenómeno físico cuyas reglas no cuentan en otros planos. Por consiguiente, cuando a una persona le llega un mensaje angélico tiene validez sólo para ese destinatario. Es el elegido para  decodificar lo que recibe de acuerdo a sus propias reglas semánticas, como lo demuestra el caso del ángel que se le presentó a Zacarías entre los arrayanes. Fuera de ese receptor, caduca todo diálogo; vale decir, cuando transitan el planeta hablan, o transmiten, un lenguaje que el oyente elegido traduce al idioma que entiende. Santo Tomás aclara este punto diciendo que los Ángeles hablan entre sí abriendo su mente mediante un acto de voluntad. El santo  agrega que esta forma de transmitir se denomina “iluminación” –lo que las nuevas ciencias dirían que es parapsicología.

En el Libro del Jubileo –uno de los evangelios apócrifos- se sostiene que no sólo los ángeles sino Dios mismo utilizaban una forma del hebreo para comunicarse con los seres humanos. Y lo mismo sostiene Pablo en el Apocalipsis, pero esa comunicación se desbarató cuando los hombres se propusieron erigir  una  torre en la planicie de Shinar para llegar hasta el cielo. Ese acto ofendió a Dios que sembró la confusión entre los constructores, creando una multiplicidad de lenguajes de modo que ya no pudieron entenderse para llevar adelante sus planes.

La Lingua Ignota

El 16 de setiembre de 1098 nació en Alemania Hildegarda von Bingen. En su larga vida fue abadesa del monasterio donde se educó, música, escritora, médica, compositora, siendo su palabra  muy escuchada por la jerarquía eclesiástica. Su personalidad polifacética incluía asimismo dos aspectos muy peculiares: el misticismo y la profecía. Sus visiones, altamente respetadas,  la llevaron a ser conocida como la Sibila del Rin o la Profetisa teutónica. Lo cierto es que Hildagarda se pensaba sólo como una transmisora de lo que le dictaban las entidades celestes.

En el Libro de los méritos de la vida -Liber Vitae Meritorum– relata así el comienzo de sus visiones: “Esto me pasó a mí, una simple mortal, el noveno año después que la aparición verdadera me manifestara revelaciones auténticas por las que padecí durante diez años. Me pasaba desde el primer año, desde que esa aparición se me manifestara para explicarme las cualidades de las diversas naturalezas de las cosas creadas, y respuestas y consejos para muchas personas tanto de rango distinguido como inferior, y la sinfonía armónica de las revelaciones celestes, y escritos e incluso una lengua desconocida con algunas otras explicaciones”

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 El alfabeto revelado o Ignota litterae

 “Una lengua desconocida”. Hildegarda le relataba así en tercera persona al papa Anastasio el don de haber recibido un lenguaje nuevo: “El que Es Sin defecto y Grande, ha tocado justo ahora una pequeña morada para que se vea un milagro y  pueda formar letras desconocidas, y pronunciar una lengua ignota y también que pueda tocar por sí misma multiformes y armoniosas melodías.”

El don otorgado a la abadesa para recibir los consejos llegados de otras esferas, consiste en un glosario de poco más de mil palabras que Hildegarda describió parcialmente en un trabajo cuyo título es Lingua Ignota per simplicem hominem Hildegardem prolata.

De la Lingua Ignota sólo queda un corto texto, preservado de las injurias del tiempo que dice así:

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El fragmento citado

O orzchis Ecclesia armis divinis praecinta, et hiacyncto ornata tu es caldemia stigmatum loifolum et urbs scienciarum. O, o tu es etiam crizanta in alto sono, et es chorzta gema

(“Oh Iglesia del mundo, armada de la mano divina, y embellecida por jacintos, tú eres el bálsamo de la gente y de la ciudad de las ciencias. Oh, oh tú eres también adornada en música sublime, y eres gema brillante”)

El idioma de las brujas y otros

Los siglos XV y XVI marcan un momento estelar en el desarrollo de las ciencias ocultas. Entre traducciones de antiguas obras del griego y el latín y los ricos aportes de judíos y árabes se fue gestando un movimiento cuyos frutos no cesan de estudiarse. Uno de los nombres destacados de ese período es el de  Heinrich Cornelius Agrippa von Nettesheim.

Agrippa nació en Colonia, Alemania, en 1486 y murió en Grenoble, Francia, en 1535. En su vida, más corta que larga, tuvo tiempo para ser médico, astrólogo, cabalista, filósofo. Como escritor se destacan sus libros sobre filosofía oculta, numerología, sus comentarios a la obra de Raimundo Lulio y una encendida obra dedicada a la defensa de las mujeres: De nobilitate et praeccellentia faemini sexus (De la nobleza y preexcelencia del sexo femenino)

En su obra De occulta philosophia Libri Tres, publicada en 1533, Agrippa recoge extensos conocimientos sobre alquimia, filosofía natural, magia y otras ramas esotéricas. Asimismo, hace extensas menciones a tres códigos o lenguas para comunicarse con seres que no se hallan en la dimensión temporal humana: el tebano, el Malachin, y el Transitus fluvii, siendo el Alfabeto Angelical la base de los restantes.

El Alfabeto Angelical, al igual que el hebreo, no tiene vocales sino que se las indica convencionalmente con determinadas puntuaciones debajo de las letras pertinentes. Una de sus características es que  las puntas de cada letra terminan en pequeños círculos que, supuestamente, se utilizan para contener la energía angelical que impregna las letras.

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Aleph y resh, primera y última letra del Alfabeto Angelical

El Alfabeto Tebano es mencionado por primera vez por Johannes Trithemius en su obra Polygraphiat de 1518. Atribuye su autoría a Honorio de Tebas, un conocido mago medieval pero esa creación es desmentida por Agrippa quien dice que su artífice es Pîetro d;Abano, un  médico y astrólogo que vivió entre los siglos XIII y XIV. Lo cierto es que este lenguaje suele denominarse también alfabeto honoriano o runas de Honorio, aunque consiste en letras, no en runas. Durante siglos ha sido muy empleado para amuletos y ceremonias rituales.

La etimología de la palabra hebrea Malachim significa “enviado, mensajero”, y le da su nombre a la escritura regia o angelical. Se trata de una mezcla de los alfabetos hebreo, griego y árabe y se lo ha empleado constantemente desde el siglo XVI. Suele afirmarse que es el que emplean los francmasones de alto grado.

El tercero de los alfabetos mencionados por Agrippa es el Transitus Fluvii. Como los anteriores, deriva del hebreo y está compuesto de veintidós caracteres. Su nombre Pasajes del río remite al cruce del río Éufrates por el pueblo judío cuando regresaba a Babilonia a reconstruir el Templo. Se atribuye su creación al rabino Abraham de Balmis, un médico experto en gramática que falleció en 1522 y, al igual que los anteriores alfabetos de carácter mágico, se basa en fundamentos de la lengua hebrea.

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El Transitus Fluvii

 Lo que distingue al Transitus Fluvii de cualquier otro lenguaje es que se lo consideró la lengua franca de las brujas. No obstante, el manejo pleno de este código ritual y oculto  le estaba reservado a las brujas de grados superiores. Las de menor rango debían conformarse con un conocimiento elemental que les permitía entender los asuntos derivados de su organización social, Adentrarse en su sentido profundo facilitaba el acceso, según cuenta la leyenda, a interpretar todos los lenguajes secretos de la naturaleza, desde la lengua muda de las piedras al lenguaje de los pájaros. Y, con seguridad, también podían entablar algún diálogo con los ángeles no canónicos.

El ángel entre el silencio y el habla

De acuerdo con los grimorios medievales, que retoma Abra Merlin, existen entidades que controlan el cosmos. El ser humano ocupa una posición intermedia entre lo angélico y lo demoníaco y, por lo tanto, se le ha asignado un demonio tentador y un ángel custodio. El objeto de la magia, afirma Merlin, es “obtener el conocimiento y la conversación de este ángel guardián; una vez que lo consigue el mago puede controlar a los demonios que manejan el universo, resucitar a los muertos, curar a los enfermos, encontrar tesoros ocultos e incluso volar.”

En su obra La magia sagrada, Merlin puntualiza que quien pretenda llevar a cabo estas operaciones debe pasar por un largo periodo de purificaciones. Luego, acompañado por un niño –canal apropiado entre la tierra y el cielo- debe arrodillare ante un altar, donde habrá colocado una bandeja de plata, El ángel se manifestará al niño, que lo verá escribir sobre la bandeja un mensaje sólo descifrable por el mago.

En el extremo opuesto de este hermetismo se encuentra el lenguaje enochiano de John Dee, un singular personaje de fines del siglo XVI. Matemático, astrólogo, consejero de la reina Isabel I de Inglaterra, vio tempranamente las posibilidades comerciales del Imperio Británico -cuyo nombre acuñó- y avizoró la importancia del dominio de los mares para lo cual instó a la Reina a renovar la flota que luego le permitió derrotar a los españoles.

En paralelo, Dee era también un lector ávido de los escritos de Cornelius Agrippa porque, sostenía “ninguna ciencia puede probar la divinidad de Cristo mejor que la magia y la Cábala.” En respuesta a sus prácticas de hechicería pronto se lo acusó de actos tenebrosos tales como dejar niños ciegos o muertos mediante artilugios mágicos. Dee presentó una carta exculpatoria ante el obispo de Whitgift  y pudo continuar sin problemas su vida mundana.

Alrededor de su medio siglo de vida comenzó a colaborar con Edward Kelley, un extraño vidente y ocultista. Dee, atraído por el conocimiento espiritual, se había familiarizado con el Libro de Enoc que se reputaba como un instrumento para descifrar el lenguaje de los ángeles.

El Dr. John Dee y Edward Kelley dijeron haber recibido gran cantidad de tablas  y textos revelados por los ángeles a lo largo de cientos de sesiones espirituales Entre esas revelaciones, se hallaban técnicas para adivinar el futuro mediante objetos tales como un espejo de obsidiana negro, una bola de cristal, o una superficie reflectante donde, mirando fijamente, se podían discernir  mensajes del futuro. Pero, fundamentalmente, los ángeles y arcángeles le transmitieron un lenguaje propio, que Dee denominó alternativamente, “lenguaje de Adán”, “habla celestial” o “idioma angélico”. Sin embargo, el público en general lo conocería como “lenguaje enoquiano”

El enoquiano es un  verdadero idioma con gramática y sintaxis propias y un alfabeto de veintidós letras. Asimismo, recibió de los ángeles, entre otros instrumentos, más de cien cuadrados de letras, compuestos hasta por dos mil cuatrocientos un caracteres más las instrucciones para su uso.

Dee se preocupó de ser muy exacto respecto a lo que recibía de los ángeles porque estaba persuadido de que los practicantes del idioma enoquiano cambiarían la estructura política mundial a través de los poderes extraordinarios que recibirían del más allá.

Las psicofonías

Christian de Rosenkreuz, el espiritismo, Eliphas Lévi, Montague Summers, entre otros, se constituyeron, en distintos siglos, en nuevos brotes en el viejo tronco del diálogo con seres del más allá. Las nuevas técnicas electrónicas contribuyeron también a forjar nuevos caminos en el diálogo con lo intangible.

Kostantine Raudive, un discípulo de Jung, escritor y filósofo, dio un nuevo impulso a este tipo de comunicaciones al retomar los aportes de Friedrich Jürgenson. Según las hipótesis aceptadas, este documentalista procedente de Estonia se propusso grabar el canto de un jilguero. Así lo hizo pero, al reproducirlo, encontró que se oían, además, una extrañas voces susurradas. Una y otra vez volvió a grabar al jilguero y una y otra vez surgían esas voces hasta que en cierta ocasión se oyó nítidamente la voz de su madre fallecida que lo llamaba: “Friedel… mi pequeño Friedel… ¿Puedes oírme?

Raudive, que le hbía dedicado muchos afanes a la parapsicología, de inmediato comenzó a desarrollar esa línea de trabajo, el de las voces electrónicas. Recibieron el nombre de psicofonías  -de psico, pique y fonos, por el tono grabado, aunque otros prefirieron llamarlas parafonías, Se especuló si se trataba de productos de la mente inconsciente, pero Raudive sostuvo la tesis trascendentalista, esto es, que se hallaban ante verdaderas comunicaciones con seres no visibles.

Esas entidades –voice-entities– se expresan con rapidez en una mezcla de idiomas que, a veces, ascienden a cinco en una misma frase. Asimismo, puntualiza Raudive, tienen un ritmo propio -tal vez para adaptarse a la comunicación con los seres de este mundo- que suena como una especie de telégrafo. Quizá por esas mismas razones. no respetan las reglas gramaticales y emplean muchos neologismos.

El fenómeno de las psicofonías se divulgó por el mundo entero y aún se sigue estudiando.

La ouija

Muy alejado de las técnicas complejas, disponible para cualquier consultante, se encuentra la ouija. Se trata de un tablero sobre el que se han dibujado las letras y los números del cero al nueve y, en ocasiones, se le agrega “sí”, “no” y “adiós” Los consultantes se concentran en una pregunta y colocan un dedo sobre un puntero que se moverá conforme lo impulsen entidades desconocidas. Su antecedente directo es la antigua zairagia árabe pero en versión implificada. La árabe consiste en dibujar las letras del alfabeto dentro de círculos que representan las esferas celestes. Las divisiones de los círculos se extienden hasta el centro en forma de rayos con una letra inscrita que tiene un valor numérico. La consulta se realiza partiendo de las letras de la pregunta tanto como de la situación astronómica de ese momento para luego trasponer esos datos en factores numéricos que, a su vez, se traducirán en las letras que darán la respuesta.

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Muchísimo menos compleja pero quizá más peligrosa, la ouija se pudo de moda en los círculos espiritistas. No obstante, este juego, llamado también “tablas de las brujas” se utilizaban de modo corriente en muchas casas particulares.

A finales del siglo XIX el norteamericano Elijah Jefferson Bond se declaró su inventor en tanto Eilliam Maupin y Charles Kennard figuraban como titulares de la patente.

Kennard creó una empresa para comercializar estas tablas, afirmando que tenían su origen en el antiguo Egipto y que la palabra ouija significaba “mala suerte”. Es probable que haya algo de cierto en esa afirmación porque se cuentan en gran número las personas cuya afición a consultar la tablita desembocó en trastornos mentales y aun en el suicidio.

En la sociedad donde todo es inmediato, expreso y asequible, ya casi no existen las ceremonias para prepararse a estar en contacto con seres de otras dimensiones. Todo se ha vuelto fácil, sin misterio pero con una gran parafernalia comercial. Abundan los “llamadores de ángeles”, los lectores de la borra de café, de cartas, de velas… Inluso hay quienes aseguran que se puede contactar con los ángeles con sólo decir tres veces su nombre.

Pero el futuro permanecerá por siempre cerrado a quien pretenda asaltar su fortaleza con fines utilitarios personales.

 

1 LEONOR CALVERA. El paso de la muerte. Buenos aires, 2010

1 obre los ángeles y sus variaciones y comportamientos ver: LEONOR CALVERA. Memorias y olvidos. Buenos Aires,  2017

 

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Andróginos y Hermafroditas

El curso de las ideas suele ser cíclico; y las de Platón no constituyen una excepción a la regla. Luego de su muerte, pasaron varios siglos antes que la Escuela de Alejandría retomara con fuerza las teorías del filósofo ateniense. Sin embargo, después de una larga época en que se estudiaron sus obras con intensidad, volvió a sumergirse en el olvido. Más de diez siglos después su figura hubo de volverse central en los objetivos de la institución fundada en 1459 por Cosme de Medicis la Academia Platónica Florentina.

Hacia fines de la Edad Media tiene origen un movimiento cuyo objetivo es producir el resurgimiento de la Antigüedad clásica  estudiando sus textos a la luz de un humanismo de cuño reciente. Artistas, teóricos, gente de letras, filósofos animaron esta corriente que le daría nombre a una época: el Renacimiento. Entre los pensadores, pronto aparecieron dos tendencias marcadas; los que buscaban  dar nueva vida a la figura de Aristóteles -que había prevalecido durante la vigencia del escolasticismo- y los que centraban su interés en Platón. Los primeros centraban su interés en la naturaleza de las cosas, en tanto los platónicos tenían por foco principal al ser humano, su procedencia y su destino. Como ya había sucedido en el pasado, las aguas volvieron a dividirse.

La Academia Platónica Florentina contaba entre sus representantes a figuras como Pico Della Mirandola o Marsiiio Ficino. Precisamente fue Ficino el principal traductor de las obras completas de Platón, labor que fue apartándolo de San Agustín para acercar su filosofía a la doctrina platónica de la ley divina cuyo origen ha de encontrarse en el zoroastrismo.

Entre las muchas influencias que recibió Ficino se encuentra la idea del andrógino. Conforme lo relata Platón, “nuestra antigua naturaleza no era la misma de ahora, sino diferente. En primer lugar, tres eran los sexos de las personas, no dos, como ahora, masculino y femenino, sino que había además un tercero que participaba de estos dos, cuyo nombre sobrevive todavía, aunque él mismo ha desaparecido. El andrógino, en efecto, era una cosa sola en cuanto forma y nombre, que participaba de uno y otro, de lo masculino y lo femenino, pero que ahora no es sino un nombre.”1

 

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Representación convencional del andrógino de Platón

La idea de la unidad primera, que los griegos popularizaron con el nombre de andrógino –andros, varón, ginos, mujer- aparece en las más antiguas y variadas culturas de oriente y occidente. Todas coinciden en afirmar que el ser originario carecía de diferenciación sexual –o reunía ambas características, No obstante, el simbolismo es, casi siempre, una pareja sexuada, como la Shiva-Shakti hindú, la Izanagi-Izanami japonesa o el persa Zurvan, que personificaba además el tiempo infinito y el tiempo circunstancial

Las tradiciones culturales herméticas tanto como los saberes esotéricos, que resurgieron en el siglo XV a la par del neoplatonismo, también sostienen la idea de un primer andrógino que no sería sino un aspecto del huevo original, unidad que, aplicada al ser humano, toma un aspecto sexual.  Desprenderse de la dualidad y recuperar al ser original se convertirá, por ende, en el objetivo de sistemas mistéricos o iniciáticos a través de vías como la mística, la magia o la alquimia.

Los maestros tántricos empleaban la música, entre otros métodos, para que la serpiente Kundalini, que yace en la base de la columna vertebral, fuera ascendiendo por lo distintos centros de energía hasta llegar a la cúpide de la cabeza y así alcanzar la liberación. En el budismo y el hinduismo se llega a ese mismo estado a través de diversas técnicas de meditación.

La alquimia, de hondas raíces orientales, cobró en el Renacimiento un nuevo auge como camino de transformación personal. No poco contribuyeron a ese resurgimiento la traducción de las obras de Hermes Trismegisto  con sus esclarecedores siete principios. El primero de ellos afirma que “todo es mente” y precisamente esa mente universal, sin condicionamientos espacio-temporales, era el objetivo de la Gran Obra alquímica.

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El andrógino alquímico

El proceso que el alquimista ha de cumplir estrictamente se desencadena tanto en el exterior como en el alma del operador, Según los tratados alquímicos se han de recorrer tres etapas para llegar a la Opus magnum. La primera fase es el nigredo, el ennegrecimiento o melanosis en que el iniciado . Es una etapa muy dura en la cual el operador debe aprender a separase de sí mismo en cuanto apariencia para sumergirse en la esencia cósmica femenina.  Si sortera todas las dificultades, pasa a la segunda etapa: el albedo, el emblanquecimiento o leucosis. El alquimista despliega aquí las fuerzas que acaba de capturar, elevando las potencialidades de la materia. Entre la segunda y la tercera fase existe una sub-etapa, la citrinitas, amarillamiento o xantosis Es la  “aparición del oro” que marca la entrada en la tercera etapa, el rubedo, enrojecimiento o iosis. Se produce entonces el contacto con la vida cósmica, son las bodas alquímicas donde se transmuta la pluralidad en lo Uno, donde los opuestos quedan abolidos.

El Renacimiento fue quizá el momento más notorio del tratamiento del tema de la androginia que encontró su magnífico reflejo en obras de artistas como Leonardo da Vinci o el flamenco Jan Mabuse. Sin embargo, fue durante ese período que hizo su irrupción más desdichada la figura de Lucifer.

El ángel caído, el Satanás del aquelarre, el Demonio con el que se establecen pactos espurios en los conventículos de brujas se convierte en una obsesión para los inquisidores que creerán ver sus huellas por doquier. Los inquisidores y sus acólitos y seguidores infundirán terror en las poblaciones torturando y matando en busca de señales del diablo. Encierros, humillaciones, cuerpos torturados y quemados serán la secuela del frenesí inquisitorial.

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El Baphomet

Entre los muchos acusados, además de mujeres de toda edad, desde doncellas hasta ancianas, se encontraban los templarios, que tantos servicios habían prestado a reyes y papas. La peor de las imputaciones cayó sobre ellos: la de adorar al Diablo bajo la figura del Baphomet, el gran andrógino. Mucho tiempo después Eliphas Lévi dibujará su forma aceptada: cabeza de macho cabrío, senos femeninos y rasgos andróginos. Está sentado sobre un cubo,, sosteniendo una vara de Hermes  en forma de falo entre sus brazos, uno femenino y el otro masculino. La composición se completa con signos diversos tales como un pentagrama y una antorcha.

Transcurrido el Renacimiento, el andrógino padeció una suerte de eclipse. Sin embargo, nunca dejó de tratarse en pequeños círculos de corrientes esotéricas tanto como entre artistas y literatos. Sus huellas pueden rastrearse en las disquisiciones de Jacob Boehme en torno a la androginia adánica en tanto las vertientes femenina y  masculina de la divinidad, traducidas en alma y espíritu en la criatura humana, fueron retomadas por William Blake en algunos de sus poemas. Asimismo es notable la proliferación de andróginos y travestis en la obra de Cervantes y las diversas alusiones en la obra de Shakespeare. Sin embargo, habría que esperar algunos siglos para que cobrara nueva vida, sobre todo bajo su aspecto hermafrodita.

Del romanticismo en adelante

Cuenta el mito griego que Hermes se relacionó con Afrodita -de quien aprendió sus dones mágicos-, convirtiéndose en su esposo Serpiente. De la unión de ambos nació un niño que recibió como nombre la síntesis del que llevaban sus padres: Hermafrodito. El niño fue criado por la ninfas del monte Ida, llegando a ser un joven en extremo atractivo. Cierto día salió el joven a pasear sin rumbo hasta que, abrumado por el calor, decidió nadar desnudo en un lago. La náyade Salmácide -espíritu del lugar- al notar la presencia del joven se sintió de inmediato atraída por su bella apostura. No dudó ni un instante en acercare para tratar de conquistarlo. Pero el intento fue infructuoso: el bello mozo resistió el asedio. La ninfa no cedió en sus intentos; se acercó a la fuente donde se hallaba Hermafrodito y lo abrazó con fuerza.. Mientras pugnaba por arrastrarlo al fondo del lago, Salmácide le suplicó a los dioses que no separarran sus cuerpos diciendo “¡Dioses! Haced que nada pueda separlo jamás de mí ni separarme de él.”  Los dioses atendieron su pedido y ambos se fusionaron para siempre en un solo cuerpo de doble sexo.

La literatura del romanticismo primero y los creadores del siglo XX después darán cabida en sus obras a una especie de restauración andrógina-hermafrodita.

 Por ti, por ti, clamaba cuando surgiste,
 infernal arquetipo, del hondo Erebo,
 con tus neutros encantos, tu faz de efebo,
 tus senos pectorales, y a mí viniste.

 Sombra y luz, yema y polen a un tiempo fuiste,
 despertando en las almas el crimen nuevo,
 ya con virilidades de dios mancebo,
ya con mustios halagos de mujer triste.

 Yo te amé porque, a trueque de ingenuas gracias,
 tenías las supremas aristocracias:
 sangre azul, alma huraña, vientre infecundo;

 porque sabías mucho y amabas poco
, y eras síntesis rara de un siglo loco
 y floración malsana de un viejo mundo.

El soneto de Amado Nervo no hacía sino replicar, desde tierras americanas, viejos contenidos remozados. En Europa, ya lo habían hecho, entre otros Gautier con su Mademoiiselle de Maupin, Matthew Gtregory Lewis con The Monk. Jean Cazotte con Le double amoreux y el extraordinario Jan Potocki con Manuscrito encontrado en Zaragoza. No obstante, el tema cobró su mayor relieve con Honoré de Balzac y La fille des deux d´or e incluso más taxativamente, en Seraphita. En esta historia el personaje principal ha nacido de padres que seguían la doctrina de Swedenbog cuyo objetivo es superar la condición humana. Melancólico, solitario, dotado de una mente excepcional, Séraphitus es amado tanto por un varón como por una mujer, cuyos sentimientos corresponde Empero, el andrógino Séraphitus-Sérphita anhela un amor totalizador, un amor que no es de este mundo. Por ende, el extraño amante solo encuentra una alternativa: transformarse en serafín y volar a los cielos.

En consonancia con la línea del andrógino sexuado, o nómade, los surrealistas abordaron el tema exaltando, en primer lugar, la figura de la amada. A partir de la inspiración en fuentes alquímicas y psicoanalíticas, elaboran un lenguaje deudor de los poetas del amor cortés en el cual integran el antiguo mito del andrógino.  Aragon, Eluard, Breton sustentan un discurso erótico donde el deseo hacia la mujer busca una complementariedad que, al trascender los opuestos, advenga a la unidad original, engendradora del cosmos.

Los pintores se unieron también a la secularización de la androginia. Marc Chagall, por ejemplo,  hace expresa alusión en sus obras al rebis alquímico: en Guerrero de diamante, en Mujer embarazada y, sobre todo, en Homenaje a Apollinaire donde son muy notorias las referencias al dualismo universal y la nostalgia de unificación. Por su parte, Marcel Duchamp interviene la imagen de la Gioconda de Leonardo agregándole unos bigotes que la prestan una apariencia hermafrodita.

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Marc Chagall: Homenaje a Apollinaire

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Marcel Duchamp: La Gioconda

Desde comienzos del siglo XX en adelante las imágenes fueron cobrando dimensiones sin precedente.  En consonancia con esta difusión, artistas de todas las disciplinas, personajes públicos, modelos, comienzan a cultivar un estilo seudo-andrógino  Desde el Orlando de Virginia Woolf, pasando por numerosos protagonistas de novelas de ciencia ficción hasta los aportes del psicoanálisis y los cambios socio-culturales, todo contribuyó a plasmar un estilo de androginia más ligado al morbo sexual que a cualquier orientación trascendente.

Sin embargo, en paralelo, comenzaron a discutirse los roles en función del sexo y las limitaciones de encerrar a la especie humana en moldes de conducta ligados a ideas de dominación. Entre idas y vueltas, errores y aciertos, oscilando entre la libertad y el prejuicio, la idea-aspiración de la androginia capital reaparece triunfante.

Principio y fin

Relacionaré mi cerebro con la hembra de mi espíritu, Y mi  espíritu al varón de mi cerebro. Y ambos juntos engendrarán una generación de pensamientos, también engendradores. Y estos mismos pensamientos poblarán este pequeño mundo como las gentes,  a las que tanto se parecen,  pueblan el mundo  exterior,

William  Shakespeare.  Ricardo II    

 “El Universo es mente. Todo es mental“, afirma el primer principio hermético. Esto es, el universo fenoménico, las manifestaciones materiales no son sino apariencias que velan la realidad última, Empero, al ser esa realidad sólo mente, tal como sus manifestaciones, el individuo queda habilitado a indagar y conocer  las leyes que rigen el desfile de apariencias y energías, siempre mutantes, que componen el mundo cotidiano.   

Una de las claves para adentrare en ese conocimiento es descifrar los signos y símbolos, uno de los cuales es la androginia que aparece en casi todas las culturas como fórmula de totalidad divina, antes que los sexos estuvieran separados. El Gayomart zoroastriano o el Ymir nórdico son dos ejemplos del espíritu perfecto antes que el principio binario de los opuestos diera comienzo al universo manifestado y, con ello, a la división sexual.

La palabra “sexo” deriva del latín sexus que, a su vez remite a secare, cortar, dividir, esto es, el sexo es la fragmentación de la divinidad. Dice Mircea Eliade: “En efecto, devenir varón y mujer  o no ser ni varón ni mujer constituyen expresiones plásticas mediante las cuales el lenguaje se esfuerza en describir la metanoia, la conversión, la reversión total de los valores. Es tan paradojal devenir varón y mujer como volverse niño, nacer de nuevo, pasar por la puerta estrecha.“

Reintegrarse a la unidad fundamental, superar lo binario ha sido, a lo largo de las eras, el horizonte último previsto para la condición humana. Así lo proclamaron las escuelas de misterios de Egipto, Grecia y Roma, así lo entendieron San Pablo y San Juan -que subrayan la androginia como característica de la perfección espiritual. Y también la alquimia, en la figura del rebis y los místicos de todos los tiempos,  y así lo siguen enseñando las darsana de la India cuyo fin es advenir a la unión primera. Porque la androginia, diamante que combina los dos triángulos sexuales, dio comienzo a la creación múltiple y espera a los humanos en su final.

1 PLATÓN  El Banquete en Diálogos, Barcelona, 2007

 

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Selección de frases sobre: El dinero, la pobreza y los ricos
Uno hace lo que hacen los otros pues hace lo que quiere el dinero.

PAUL VALERY

No hay arte que un gobierno aprenda más pronto que otro que el arte de extraer el dinero de los bolsillos de la gente.

ADAM SMITH

El dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida, que necesita un especialista muy avanzado para verificar la diferencia.

WOODY ALLEN

No estimes el dinero en más ni en menos de lo que vale, porque es un buen siervo y un mal amo.

ALEJANDRO DUMAS

Al perro que tiene dinero se le llama señor perro.

PROVERBIO ÁRABE

Si nos sentimos tentados de asegurar que el dinero es el tónico del sistema económico, debemos recordar que el vino se puede caer entre la copa y la boca.

JOHN MAYNARD KEYNES

El dinero habla. Cuanto más dinero, habla más alto.

ARNOLD POTHSTEIN

En el dinero, el valor de las cosas está separado de la sustancia.

KARL MARX

La actuación económica es siempre una transacción con este mundo y un signo de la voluntad de poder.

OSWALD SPENGLER

Si alguna vez ve saltar por la ventana a un banquero suizo, salte detrás. Seguro que hay algo que ganar.

VOLTAIRE

Por cierto que el dinero atrae, pero mucho dinero, repele.

CYNTHIA OZYCK

 

                                        sol gn
Sol de oro de la cultura tolita

La religión es lo que impide que los pobres asesinen a los ricos.

NAPOLEÓN

El oro moneda es un símbolo de la perversión y exaltación de lo deseos.

PAUL DIEL

El oro es el estiércol del infierno.

ADAGIO BABILÓNICO

Quiero ser rica. Pero no quiero hacer lo que hay que hacer para ser rica.

GERTRUDE STEIN

El dinero debe ser la herramienta de la transformación social.

DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO

Puedes ser tan romántico como quieras respecto al amor, pero no debes ser romántico respecto al dinero.

GEORGE BERNARD SHAW

No se puede ser virtuoso si se carece de lo elemental para vivir.

JORGE LUIS BORGES

Las posesiones, el éxito exterior, la publicidad, el lujo… para mí esas cosas siempre han sido despreciables. Creo que un estilo de vida simple y poco ostentoso es mejor para todo el mundo.

ALBERT EINSTEIN

La benevolencia de un rico es siempre dudosa para aquel que e objeto de ella.

SIGMUND FREUD

Un estudiante le preguntó al maestro chino Sozan: “ ¿Cuál es la cosa de más valor en el mundo?”
El maestro respondió: “La cabeza de un gato muerto”.
“¿Por qué la cabeza de un gato muerto es la cosa de más valor en el mundo?” inquirió el estudiante.
Sozan replicó: “Porque nadie puede decir su precio.”

ANÉCDOTA ZEN

Lo que está en juego hoy en nuestras decisiones económicas no es una guerra de ideologías contrarias que arrasarán al país con pasión sino la administración práctica de una economía moderna.

JOHN FITGERALD KENNEDY

En general, el arte de gobernar consiste en quitarle la mayor cantidad posible de dinero a un grupo de ciudadanos para dárselo a otro.

VOLTAIRE

Yo vine a América a juntar oro, no a hacer de peón.

HERNÁN CORTÉS

La riqueza es como el agua salada: cuanto más se bebe, más sed da.

ARTHUR SCHOPENHAUER.

Cuando mis hijos sean mayores os suplico los hostiguéis, si veis que prefieren las riquezas a la virtud.

PLATÓN

Cuando me veo a mí misma viviendo día tras día, me doy cuenta que tengo la cabeza llena de centavos.

CHRISTINE COLLANGE

Tengo suficiente dinero como para que me alcance el resto de mi vida, salvo que compre algo.

JACKIE MASON

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Cualquier cosa en el mundo puede tolerarse, excepto la prosperidad constante.

WOLFGANG GOETHE

Su mujer y sus hijos serán los testigos mudos de es transmutación de hombre en ser metálico. Se hizo rico por proceso individual.

JULIO MAFUD

De todos los pequeños zorros que destruyen las viñas domésticas… el peor es el que la esposa necesite pedirle al marido dinero para proveer las repetidas necesidades diarias de la familia y de sí misma.

LUCY STONE

El hombre superior ama su alma.
El hombre inferior ama su riqueza.

LIN YUTANG

Llegará un tiempo en que la razón humana sea lo suficientemente fuerte como para dominar la riqueza.

LEWIS MORGAN

La propiedad privada no ha podido mantenerse sino por la violación de los derechos de la propiedad humana.

FRIEDRICH ENGELS

La riqueza es poder.

THOMAS HOBBES

Sin haber conocido la miseria, es imposible valorar el lujo.

CHARLIE CHAPLIN

Fui pobre y fui rica. Ser rica es mejor.

SOPHIE TUCKER

El ideal de lo ricos e irse a vivir a sitios agradables donde gastar su dinero sin ver los sitio de donde proviene el dinero, ni conocer a la gente que lo gana por ellos.

D.H. LAWRENCE

Suponer, como todos suponen, que podríamos ser ricos y no comportarnos como se comportan los ricos, es como suponer que podríamos beber todo el día y mantenernos sobrios.

LOGAN PEARSALL SMITH

La riqueza corrompe el alma humana: la riqueza la destruye.

ROSA CHACEL

El dinero, jovencito, es bueno para los nervios.

J.P. MORGAN

No quiero tener dinero, sólo quiero ser maravillosa.

MARILYN MONROE

Todo obedece al dinero

PROVERBIO MEDIEVAL

La pobreza es tu tesoro. No la cambies nunca por una vida fácil.

CONSEJO ZEN

Cuando se es rico, se puede amar a los pobres.

LEON BLOY

No tengo dinero, ni recursos, ni ilusiones. Soy el hombre más feliz de la Tierra.

HENRY MILLER

El valor del dinero es que podemos decirle a cualquiera que se vaya al demonio. Es el sexto sentido que nos permite disfrutar de los otro cinco.

WILLIAM SOMERSET MAUGHAN

El hombre codicioso nunca tiene dinero; el hombre pródigo nunca lo tendrá.

BEN JOHNSON

¿Quién, siendo divertido, necesita dinero?

RANDY NEWMAN

Así que crees que el dinero es el origen de todos los males. ¿Alguna vez te preguntaste cuál es el origen del dinero?

AYN RAND

Haz dinero y todo el mundo conspirará para decir que eres un caballero.

MARK TWAIN

Me gustaría tener dinero y ser una buena escritora. Esas dos cosas pueden venir juntas, y espero que así sea, pero si es pedir demasiado, prefiero el dinero.

DOROTHY PARKER

He tenido problemas toda mi vida; he hecho las porquerías más indecibles, todo a causa del dinero. No porque los necesitara…simplemente la seducción de lo ceros era demasiado grande.

RICHARD BURTON

El dinero no cambia a los hombres sino que los desenmascara. Si un hombre es naturalmente egoísta o arrogante o codicioso, el dinero lo pone de manifiesto, nada más.

HENRY FORD

Aquí reposa un hombre que hizo fortuna por haber tenido inteligencia  para servirse de hombres más inteligentes que él.

Epitafio de CARNEGIE

 

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En ruta hacia la felicidad

En los cumpleaños, en las fiestas, en los brindis por algún hecho más o menos relevante es costumbre desear felicidades. En principio, esto significa que se augura que esa persona disfrute de un estado de ánimo en que se sienta “plenamente satisfecho por gozar de lo que desea o por disfrutar de algo bueno”1  Esto es, la felicidad es una condición subjetiva de satisfacción y/o alegría que se produce cuando se cree haber alcanzado una meta u objeto deseado. Sin embargo, para llegar a esa definición hubo de recorrerse un largo camino.

Entre los griegos la etimología de eudemonia –eu, bien, daimon, genio, espíritu- acerca al significado más llano: tener buen ánimo o espíritu. Aristóteles elabora una teoría según la cual bienes externos  como la riqueza o los honores, que no deben ser fines en sí mismos, son perseguidos como medios para alcanzar la felicidad, que es autónoma y perfecta. Sin embargo, estos medios, ligados al placer,  no son garantía para alcanzar la endemonia.

En Platón, la felicidad coincide con el bien moral; el bien se torna deseable no sólo por sí mismo sino como camino para ser felices.  Vale decir, mediante la virtud, entendida como excelencia, se alcanza el estado de felicidad que es, según el filósofo heleno, el fin último del hombre.

Escuelas filosóficas como el epicureísmo hacían radicar la eudemonia en la autosuficiencia de un placer moderado en tanto los estoicos, fieles a sus postulados, la cifraban en la fortaleza para  aceptar las condiciones de vida.

Cada cultura atribuye a la felicidad sus propios medios y fines. Conforme a lo que sugiere la raíz latina de felicidad -de felix, “fecundo”- los romanos la veían como un proceso de fructificación. En Plinio felicitas es fecundidad, fertilidad en tanto en Cicerón es también alegría, placer, fortuna. Esa simbiosis entre dicha y suerte se repetirá en la mayor parte de las lenguas indoeuropeas, esto es, la felicidad pareciera depender nada menos que del azar. Desde el siglo VIII a.C. en delante, la felicidad, muy ligada a la tragedia, dependía de los dioses y nada se podía hacer para obtenerla.

La Edad Media fue un periodo en extremo agitado donde la única esperanza de ser feliz se ubicaba en el más allá. En espera de la dicha celeste se soportaban todo tipo de sufrimientos e injusticias: vale decir, cada criatura tenía el derecho humano a no ser feliz en este mundo.

En parte debido a ciertos avances tecnológicos, en parte porque el mundo comenzaba a desacralizarse, el Renacimiento da un vuelco en el concepto de felicidad, que se torna una aspiración terrena. A la par que comenzaba a gestarse la idea de individuo, desprendido del cuerpo comunitario anónimo -idea que se irá perfeccionando hasta la actualidad- comienza a ligarse lo placentero con la felicidad. Pensadores como Locke insistirán en que la felicidad es el mayor bien a que se puede aspirar, convirtiendo en meta social la búsqueda del bienestar y el placer.

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De la serie Los girasoles de Vincent van Gogh

Los ideales de la Ilustración incluirán la felicidad entre las metas a alcanzar y, en la voz de pensadores como Voltaire, sostendrán que ser feliz no es un premio por la buena conducta ni un don divino sino un propósito válido de alcanzar en esta vida.

Un paso más adelante quedará plasmado en dos textos fundamentales que sostienen que el Estado debe colaborar en la búsqueda de la felicidad: la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos de 1176 y la Declaración de los Derechos del Hombre promulgada en Francia en 1789. Ambas establecen que ser felices es un derecho de todos y cada uno de los ciudadanos.

Ser feliz

 El concepto (de felicidad) es tan indeterminado que,
 aunque todo el mundo desee conseguirla,
nadie puede decir de forma definitiva y firme
 qué desea y persigue realmente.
Immanuel Kant.

La definición de felicidad es variable para cada época. El rango va desde tener las necesidades básicas satisfechas a lograr una sabiduría contemplativa, esto es, se trata de una posición ante la vida donde cada circunstancia plantea la posibilidad de llegar a un equilibrio entre los factores existentes.

El concepto se fue transmutando a la vez que se modificaba el estatus de las poblaciones. Mejoradas las condiciones sanitarias y de salud, la clave se fue trasladando a lograr ascensos en la escala social, brindar una educación terciaria a los hijos, asegurarse una vejez digna. Luego se agregó el objetivo de la realización personal, la práctica de deportes, los viajes turísticos. Sin embargo, a partir de la segunda mitad del siglo XX la felicidad quedó radicada en el consumo. “Hay una aparición de las nuevas necesidades que tiene que ver con el confort, que son bienes materiales. Y es como si esos bienes se personalizaran de tal manera que nos individualizan, como el ordenador, el iPod o el móvil.”[1]

El consumo se vuelve imperativo, convirtiendo al mercado en una fuerza reguladora. Hay que consumir, hay que estar al día con lo que se usa, con lo que se hace, con los lugares que se deben visitar: sólo así se puede llegar a la felicidad. Tener es ser. La salud, el ejercicio y las dietas se vuelven obsesivos. En consonancia, el cuerpo debe estar vestido a la moda, no aceptar este imperativo es imperdonable. Surgen los métodos sobre cómo vivir, cómo hacer el amor, cómo ser buen padre o buen hijo, No hay espacio para el dolor y la muerte. No hay tolerancia para el fracaso.  Ser feliz es obligatorio.

La felicidad se ha convertido en un derecho natural. Placeres y costumbres se suceden como sus piedras de toque, pero, a cada nueva forma de sentirse feliz le siguen, paradójicamente, nuevas formas de dolor y frustración. Stendhal decía que cada mañana salía a cazar la felicidad. Porque la felicidad, por definición, es breve, se alimenta a sí misma con una impermanencia que conlleva su propio desengaño, ansias, una sed nunca saciada.

En la misma corriente que Leibniz que afirmaba que la felicidad es la adecuación del interés a lo real, el voluntarismo vigente afirma, con los pensadores del New Thought,  que la felicidad es una decisión personal  que no depende de las circunstancias, lo cual queda demostrado porque hay personas felices y desdichadas en las más diversas condiciones, sean éstas de posición socio-económico, edad, geografía, religión o cualesquiera otras variables. Los pensadores de esta corriente aseguran que un individuo alcanza la felicidad cuando acepta las circunstancias que le tocó vivir y se hace cargo de su pasado y su presente, como en el viejo relato de la  búsqueda de la camisa del hombre feliz que, cuando lo encontraron, no tenía camisa.

Otra felicidad

Efímera, volátil, engañosa; la felicidad permanente sin duda hay que buscarla en otros planos que no sean los materiales ya que el cambio y la inestabilidad  rige lo que pertenece a lo sensible.

En las tragedias griegas aparece claramente la eudemonia como un don de los dioses. Y, muy lejos de los griegos, la sabiduría china componía la palabra felicidad con caracteres que configuraban una bendición divina.

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Siddharta Gautama, el Buddha histórico, planteaba una posición diametralmente opuesta. En su doctrina, la vida es un compuesto binario cuya trama es el dolor, engendrado por el deseo, Llegar a  trascender ese tejido, producto de la ignorancia, implica recorrer  el sendero de las ocho nobles verdades que propone el Venerable Maestro. Ese camino de conocimiento consta de severas disciplinas mentales, de diferentes prácticas y técnicas espirituales que culminan en el Despertar que anula los opuestos. Trascendido el fuego de las cualidades, a mente, liberada, alcanza un nuevo nacimiento, un estado  donde las dualidades se revelan como estados mentales, donde “todo es así”, sin pasado ni futuro, donde el instante es eterno.

De este modo la felicidad en el budismo, como en el taoísmo chino, les un estado de iluminación interna perdurable cuyo acceso sólo le está permitido a quienes cultiven el desapego, a quienes se desprendan de los agregados de la personalidad hasta llegar a una comprensión cósmica.

Un proceso similar de contemplación ocurre en la mística cristiana. Paz, serenidad, gozo espiritual, alegría: los adjetivos que definen la beatitud están estrechamente emparentados con la felicidad. Llegar a la beatitud es el estado más alto al que se arriba en la vida contemplativa: . «Los seres beatos son inmóviles en sí mismos y les basta ser lo que son: no se arriesgan a ocuparse de cosa alguna, porque ello los haría salir de su estado, pero tanta es su felicidad que, sin elegir, realizan grandes cosas y hacen mucho al quedar inmóviles en sí mismos.”2 Y, por su parte, Santo Tomás  afirma que la beatitud es «la última perfección del hombre» porque «en la vida contemplativa el hombre se comunica con las realidades superiores, es decir, con Dios y con los ángeles, a los cuales se asimila también en la beatitud.»

Iluminación, despertar, vida contemplativa, desapego. Los objetivos de la felicidad y la beatitud perdurables día a día se alejan más del carácter mundano, despreocupado y materialista de la felicidad actual.

[1] .PASCAL BRUCKNER, La euforia perpetua: sobre el deber de ser feliz. Madrid. 2001

2 plotino. Enéadas. Madrid, 2011

 

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El sexto sentido

Sexto sentido, intuición, pálpito, corazonada: el habla cotidiana tiene numerosas formas para denominar a la intuición, ese modo de conocimiento que no sigue un camino racional y, por lo tanto, no puede explicarse, El que tiene una corazonada no sabe cómo ha  llegado a una determinada conclusión o sensación porque intuir es comprender sintéticamente, es el primer indicio de una profunda unificación subjetiva.

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En la tradición occidental la intuición ha sido definida y evaluada de muy diversos modos, En la Antigua Grecia, Platón sostenía que «la esencia (que tiene existencia real), que no tiene color ni forma, que es impalpable, no puede contemplarse sino por la guía del alma –nous– inteligencia que es la fuente del conocimiento verdadero”1 Esto es, en la división entre mundo sensible e inteligible que efectúa Platón, el primero, en tanto que material, engañoso, mutable, se relaciona con el criterio de la doxa, la opinión, en tanto al segundo, el mundo de las ideas, le corresponde la episteme cuyo instrumento es la noiesis, la intuición o penetración intelectiva. Esto es, la intuición proporciona un conocimiento directo e inmediato para llegar al cual no interviene la deducción ni el razonamiento. Los sentidos sólo aportan la apariencia de las cosas pero esta realidad le permite al alma, cautiva en el cuerpo, recordar las verdades eternas y contemplar así el mundo de las Ideas o esencias, el conocimiento trascendente.2

La etimología de intuición es intuitio que significa imagen, mirada hacia adentro y equivale a la percepción directa de un objeto, sin intermediaciones tales como el razonar o el conocer discursivo. En la historia de la filosofía se pueden encontrar varias categorizaciones de la intuición:  sensible, inteligible, espiritual e ideal, Sin embargo,  “se pueden observar algunos caracteres comunes en todas las clases de intuición, por ejemplo, ser directas, inmediatas, completas y adecuadas.”2

Al igual que los antiguos, los filósofos medievales, como las escuelas franciscanas, se centraron fundamentalmente en la intuición sensible, a la que consideraban como un medio autónomo de conocimiento propio de la divinidad, esto es, la intuición era vista como un camino místico.

La presencia de un objeto universal, incluso la propia realidad psíquica, fue aceptada como una forma de intuición por los idealistas alemanes, sobre todo Schelling, así como para la escuela francesa de Descartes, que le atribuyó, como una propiedad esencial, la de ser “inefable”.

Desde el empirismo, David Hume sostuvo que la intuición es una forma de la fe, como en San Agustín o el Uno de Platón. Dos siglos después Bergson sostuvo “que la intuición es el modo de conocimiento que capta la realidad verdadera, la interioridad, la duración, la continuidad, lo que se mueve y hace y lo que se dirige hacia el devenir, en tanto que el pensamiento fragmenta y analiza; y la realidad se abre a la intuición cuando se desarticulan las categorías del pensamiento.”

El arrollador avance de las ciencias trasladó el centro de las especulaciones sobre la intuición del campo filosófico al de las investigaciones psicológicas e incluso neurológicas. Por ejemplo Piaget, en la línea de los empiristas, la define como una interiorización de las percepciones y los movimientos bajo la forma de imágenes representativas, considerándola una de las etapas del desarrollo mental en la primera infancia “3

Carl Gustav Jung va mucho más lejos; sostiene que  la intuición es una función psicológica que transmite percepciones por vía inconsciente. Todo puede ser objeto de esa forma de percepción, tanto objetos externos como internos, que se presentan como un todo acabado, aunque no podamos definir cómo ha llegado a constituirse. El símbolo cumple una función importante en el desarrollo de la intuición, ya que es mediante los símbolos que puede alcanzarse y expresarse lo inconsciente. Howard Gardner denomina “inteligencia intrapersonal” a la habilidad para plasmar dichos códigos o símbolos mágicamente efectivos para advenir al inconsciente. En sentido contrario, la manera más útil de desarrollar la intuición es mediante la interpretación de los símbolos. ​

En el ámbito de las neurociencias, el tema suscita un gran interés. Investigaciones realizadas en prestigiosas universidades estadounidenses, aseguran que han podido detectar el área del cerebro donde se ubica la intuición: la corteza cingulada anterior del cerebro, región situada entre los dos hemisferios. Más allá de la exactitud de esta localización, afirman que la intuición se conecta con la mente inconsciente para advertirnos sobre la inminencia de ciertos peligros.

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En el habla popular la palabra intuición se liga constantemente con el adjetivo “femenina”  Estudios recientes subrayan este acierto. Después de describir cómo el lado izquierdo del cerebro se ocupa del pensamiento racional –lógica, deducción, lenguaje, análisis- y el derecho de la creatividad, el pensamiento emocional, la información visual, la percepción de los sentidos y la imaginación, los estudios actuales sostienen “que el primero está más desarrollado en los hombres mientras que ambos hemisferios son idénticos en las mujeres”4  Adicionalmente, las mujeres pueden utilizar ambos hemisferios simultáneamente, lo cual no ocurre con los varones.

Existen varias teorías que tratan de explicar esta conducta. Una de ellas afirma que los varones reciben más testosterona en el vientre materno, lo cual los predispone a ser más arriesgados que las mujeres, en tanto éstas, por la misma razón, son infinitamente más empáticas con el entorno.

Otra teoría pone el acento en la educación; mientras que a los varones se los prepara para la acción y la toma de decisiones, a las niñas se las insta a ser sensitivas y dejarle amplio espacio a los sentimientos. Sin duda las mujeres se detienen a escuchar sus voces y, cuando no se traicionan, pueden emprender acciones que muchas veces rozan lo heroico, como ha sucedido históricamente con figuras como Juana de Arco o Santa Teresa de Jesús.

 

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El  enfoque oriental

La mente intuitiva es un regalo sagrado
y la mente racional es un fiel sirviente.
Hemos creado una sociedad
que rinde honores al sirviente
 y ha olvidado el regalo.
                                       Albert Einstein

No cabe duda de que Occidente ha desarrollado un pensamiento largamente deudor de lo racional, sucesivo, analítico, discursivo. Oriente, en cambio, sin  descuidar los aspectos lógico-racionales, ha cultivado, paralelamente, escuelas dedicadas al estudio de la trascendencia en sus más amplias expresiones.

Una de las ramas del conocimiento es la adquisición de Iddhi, palabra pali que, en principio, puede traducirse como “poder”, aunque sus significados son mucho más vastos, incluyendo el de “logro”: logro para traspasar la etapa que nos mantiene sujetos  a un pensamiento binario que, a pesar de su riqueza, es limitado. La meta última es el Despertar: la conciencia se libera de sus ataduras y se torna una con el universo; atrás queda el deseo y lo ilusorio que nos mantienen esclavizados en un cuerpo.

El camino hacia el despertar, hacia la Iluminación, debe transitarse mediante dos estados fundamentales: concentrarse y meditar. En ese recorrido se van adquiriendo distintos Iddhi que ubican a la mente y el cuerpo más allá del espacio-tiempo convencional. En los  estadios avanzados se puede caminar sobre las aguas, volar, traspasar los objetos, tornarse invisible, hallarse en varios lugares a la vez.   o multiplicar el propio cuerpo para luego volver a ser uno,  En los estadios iniciales se recuerdan vidas pasadas y se desarrolla la intuición de modo que se puede leer la mente ajena, y prever sucesos futuros.

En la práctica, por ende, la intuición, aunque reconocida como un poder a desarrollar, es sólo un paso menor hacia la Iluminación. Entre la maraña de definiciones y dudas occidentales y la precisión y solidez de los logros físico-psíquicos de las enseñanzas budistas median más de veinticinco siglos dedicados a las disciplinas espirituales antes que a la obtención del dominio material.

Referencias:

1 PLATÓN. Fedro, Barcelona, 1975
2 JOSÉ FERRATER MORA. Diccionario de filosofía abreviado. Madrid, 1979 Eta cita y las siguientes, salvo afirmación en contrario, pertenecen a esta obra.
3 JEAN PIAGET Seis estudioss de psicologís. Barcelona. 1976
4 ELLEN WILLER. Ni de Marte ni de Venus. España, 2002

 

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Ayer y hoy. Prostitución

El comienzo del comercio sexual casi se pierde en la noche de los tiempos. Es dable conjeturar que el varón patriarcal, incapaz de resolver sus propios miedos y angustias ante el cuerpo femenino y sus funciones y capacidades –menstruación y maternidad entre otras- optó por expropiar ese territorio inquietante, Y, de inmediato, le puso precio. Un precio que, inicialmente, quedaba en el ámbito del culto.

Próximos todavía los ritos agrarios, en la antigua Mesopotamia se practicaban en los templos una suerte de hierogamia, esto es, pretendía ser un reflejo de la unión de todas las formas creadas. Glifos y relieves del período dinástico atestiguan la realización de actos eminentemente simples. El Código de Hammurabi, del siglo XVIII a.C, le dedicó unos apartados a los derechos de estas mujeres del Templo.

En el siglo V a.C, Herodoto dejó constancia de la existencia en Babilonia de la obligación que tenían todas las mujeres de mantener relaciones sexuales con un desconocido, al menos una vez en su vida. Para ello debía ser elegida por un extranjero y llevada al santuario de Militta donde practicaba sexo como muestra de hospitalidad, a cambio de un pago simbólico. El mismo Herodoto, Tucídides, Luciano, Estrabón y otros historiadores dan cuenta de costumbres similares en templos no sólo de la Mesopotamia sino de toda Europa.

El comercio sexual hubo de traspasar con cierta premura el umbral de los templos. Las esclavas sagradas o hieródulas fueron perdiendo relevancia frente al avance de las mujeres y varones dedicados a esos menesteres. De más en más, el cuerpo se iba convirtiendo en objeto de intercambio, de cosa a adquirir: se ponía precio a sus formas y se cotizaban sus funciones.

 

Grecia

Corinto, Alejandría, Esparta: las antiguas ciudades griegas se colmaron de jóvenes volcados a un negocio que se iba haciendo de más en más lucrativo. Ejercido por varones púberes y mujeres de todas las edades, la clientela era mayoritariamente masculina. En paralelo, en tanto se respetaba el cuerpo masculino, se requería que el femenino dejara de lado sus especificidades para plegarse a los requerimientos de aquel que pagara lo pactado.

Atenas no era una excepción: el comercio sexual se había convertido allí en “una profesión de gran éxito, con diversas categorías o epecialidades”[1], todas ellas sujetas, además, a pagar impuesto por su oficio, “La categoría inferior estaba formada por las pornai que vivían, principalmente en el Pireo, en vulgares burdeles que ostentaban en su exterior, para distinguirse, el símbolo fálico de Príapo. La admisión a estos lugares costaba un óbolo y en ellos las muchachas se exhibían tan ligeras de ropa que se las llamaba gymnai (las desnudas), permitiéndose a los clientes examinarlas a su gusto, como canes en la perrera” Aunque algunas vagaban libremente por las calles de la ciudad, la mayoría de las pornai eran propiedad de un  pornoboskós o proxeneta, el «pastor».

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El rango inmediatamente superior lo ocupaban las auletridas o tañedoras de flauta. A estas cortesanas, que sabían música y bailes tanto como los conocimientos para mantener dialogo interesante con sus clientes, se la veía en fiestas de hombres solos y otro lugares públicos. Entrenadas por viejas cortesanas, se pasaban de generación en generación lo secretos del vestido, el maquillaje y el arte amatorio.

La clase superior la constituían las heteras o hetairas, las “compañeras”, “A diferencia de las pornai, en su mayoría orientales, las heteras eran, de ordinario, mujeres de la clse de los ciudadanos que habían decaído de su respetabilidad o que se negaban a aceptar la obligada reclusión de las jóvenes matronas. Vivían con independencia y entretenían en su propia morada a los amantes que lograban atraer.” Asimismo, cultivaban diversas artes y tenían un buen nivel de instrucción, lo cual contribuyó a que muchas de ellas adquirieran cierto renombre, incluso en literatura ya que perdura una colección de epigramas compuestos por heteras. Si bien no tenían derechos civiles y no podían concurrir a los templos, excepto a los de su propia diosa, Afrodita Pandemos, gozaban en general de gran prestigio en la sociedad masculina y su opinión era escuchada con respeto, Tampoco faltaron casos como el de Clepsidra, que regulaba con un reloj las entrevistas con sus amantes. O el de Targelia, que oficiaba de espía de los persas, por lo cual buscaba relacionarse con los varones públicos O el de Apasia de Mileto, la amante de Pericles, que deslumbró por su ingenio al mismo Sócrates. Lo cierto es que nombres como Friné, Lais, Danae, han pasado a la historia sobre todo en mérito a su brillantez intelectual.

Roma

Prostitución, el vocablo que identifica toda clase de comercio sexual, viene del latín prosto, sobresalir, estar sobresaliente y, sin duda, describe con bastante exactitud la actitud de la mujer que ofrece sus servicios sexuales a cambio de un pago.

“En la Roma primitiva no eran numerosas las prostitutas. Se les prohibía llevar el vestido de las matronas, signo de la mujer decente, y estaban confinadas en los rincones más oscuros de Roma y de la sociedad romana. No había aún cortesanas cultivadas, como las heteras de Atenas, ni mundanas exquisitas como las que posaron para loa versos de Ovidio.” Como las griegas, las prostitutas romanas estaban autorizadas a resaltar su belleza con toda clase de afeites y a lucir joyas de oro, lo cual estaba prohibido a las casadas por considerare un signo de impudor y lascivia. A lo largo de los tiempos, la hitoria de lo afeites irá estrechamente unida a la idea de prostitución.

Luego de las Guerras Púnicas, la sociedad romana atravesó una profunda transformación. Había más riquezas, menos rigidez moral, má apertura hacia otra culturas. En este contexto, abundó la importación de prostitutas de Grecia y Siria.

Las leyes no castigaban a las “personas que abiertamente obtienen dinero con su cuerpo”, según la definición del Derecho Romano. Sin embargo, no podían recibir herencias ni testar ni casarse con ciudadanos libres. Además. sobre ellas pesaba el edicto pretorio referido a la infamia, esto es, la degradación que consiste en la pérdida de reputación o descrédito.

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Fresco de Herculano

En épocas del Imperio, los ediles debían llevar un registro de prostitutas, lo cual abría la posibilidad de un castigo para aquellas que no estuvieran registradas. Más adelante, Calígula instituyó un impuesto al comercio sexual, equivalente al precio de una relación –no se aclara si se debía pagar por día, mes o año-: lo que sí queda claro que ese impuesto lo recaudaban los soldados, El sistema acabó por generar violencia contra las meretrices y una corrupción generalizada.

En su diatriba a favor de la virtud y contra el placer físico, Séneca enumera algunos de los sitios en que puede hallarse: “El placer (está) casi siempre escondiéndose y buscando la oscuridad alrededor de los baños, las salas de vapor y los lugares que temen al edil.”2 La enumeración de lugares de Séneca es más que insuficiente. La periferia de las ciudades estaba repleta de lugares donde se ejercía la prostitución, desde las viviendas privadas hasta los lupanares.

El lupanar, suma del negocio profesional, debe su origen a las Lupercales, fiestas en honor del dios Lupercio durante las cuales las mujeres -las lupae, la lobas- se entregaban al comercio sexual. En la urbs, como en otras partes, “las autoridades romanas, velando por la juventud deportista, habían establecido que los prostíbulos debían permanecer cerrados hasta la hora novena, en tanto las tabernas ofrecían sus lascivas atracciones a cualquier parroquiano, desde la mañana hasta la noche.”3

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Un fresco de Pompeya

 Baños públicos -como el de Pompeya-, casas de citas especiales, pequeños departamentos de un ambiente llamados cellae, cuartos en viviendas particulares: sólo la imaginación era el límite para elegir un lugar donde ejercer la prostitución. “Los burdeles, y las tabernas que a menudo los albergaban, gozaban de tanto favor que algunos políticos organizaban su campaña electoral por medio del collegium lupanariorum, o gremio de propietarios de lupanares.33

Vestidas con una banda pectoral –strophon– de color rojo o verde, luciendo grande pelucas o con el cabello teñido de rubio, luciendo un abundante maquillaje en su rostro donde se destacaban los ojos agrandados con carboncillo, con pezones recubiertos de purpurina dorada, masticando pastillas de mirto o lentisco contra el mal aliento, las prostitutas se lanzaban a ejercer su oficio.

Un oficio tan ampliamente practicado por todo el espectro social   mereció un vocabulario no menos extenso; términos que echan luz sobre usos, detalles y especialidades de la vida prostibularia. Así, las meretrices -“las que merecen el dinero”-, poseedoras de habilidades artísticas recibían el nombre de cymbalistrae, ambubiae o citharistriae, conforme su especialidad. Las provenientes de buena familia o de gran belleza eran las famosae, entre otros calificativos. Las que no pertenecía ni a uno ni otro de estos grupos eran las baratas, llamadas quadrantariae -que cobran un quadrans- y diobolares -cuya tarifa era de dos óbolos- y las blitidae -por el nombre de una de la bebidas más baratas que se servían en las tabernas. Conforme a su radio de acción se las clasificaba como prosedae, que esperaban clientes sentadas en una silla, la que los buscaban merodeando por las calles, la circulatrix; las putae, que trabajaban junto a cuarteles, escuelas de gladiadores o arsenales, las lupae, las lobas que se situaban de noche en plazas y jardines, las que aguardaban en la puerta de los cementerios o junto a los monumentos y algunas otras que pertenecían a los escalones más bajos de la pirámide. Por lo general eran esclavas o libertas, muchas de ellas abandonadas de niñas y recogidas por alguien con vistas s su empleo prostibulario en el futuro

En sentido contrario estaban las delicatae, damas refinadas y elegantes que se ocultaban tras nombres exóticos y que desplegaban una amplia gama de conocimientos y habilidades artísticas. Estaban disponibles por noche, día o temporada y, en la mayoría de lo casos, trabajaban por su cuenta. Esto las diferenciaba de las demás que eran malamente explotadas por los proxenetas o lenos, a quienes Plauto describe así: “La casta de los lenos no vale más que las mocas, mosquitos, piojos y pulgas, son odiosos malhechores, dañinos e inútiles.”

El modelo romano persistió a lo largo de los tiempos y las culturas. Perseguida o tolerada, la prostitución sobrevivió a feudalismos, monarquías, dictaduras, repúblicas, hasta llegar triunfante a nuestros días. Y, como en tiempos remotos, la indigencia o la riqueza marcan los distintos niveles de prostitución.

La pauta prostituyente es tan poderosa que mujeres de todas las edades -y ahora también varones, sobre todo jóvenes- no sólo no sienten el menor rechazo a vender su cuerpo por dinero -o lo que fuere- sino que estiman que es un paso necesario para un ascenso de cualquier tipo en la escala social.

Sin embargo, la naturalización del comercio sexual tiene una faz tenebrosa: niñas, niños, adolescentes y jóvenes son atrapados en las mallas de hierro de la prostitución organizada que devora vidas y esperanzas. Convertida en uno de los tres o cuatro grandes negocios mundiales, la trata de personas elude controles y compra conciencias. El dinero, eje de la globalización, poderoso como nunca, acalla voces, objeciones morales y conciencias para modelar una cultura inescrupulosa, hedonista, explotadora, sin horizontes espirituales.

[1] WILL DURANT. La vida de Grecia. Bueno ire”s, 1952. Esta cita y ls siguientes, salvo afirmación en contrario, pertenecen a la misma obra.
2 LUCIO ANNEO SÉNECA. De vita beata. Italia, 1943
3 JÉRÒME CARCOPINO. La vida cotidiana en Roma. Buenos aires, 1942
3 WILL DURANT, op. cit

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La noche del vampiro

Un prisma de múltiples caras: tal es el retrato del vampiro.
No hay cultura que no haya conocido la figura del vampiro. Una y otra vez aparece en distintos tiempos con diversa fortuna. Sin embargo, será el escenario gótico el que le de su dimensión más importante.
En esa época habían quedado atrás los pactos religiosos con los muertos, pactos que los mantenían en su lugar de sombras. Pero los que han partido no se resignan y vuelven a invadir el mundo cotidiano.
De tal modo, el tema de los aparecidos comienza a ser un tópico recurrente en los escritores de entonces. La mayoría coincide en que los muertos sobrepasan largamente a los vivos en conocimientos, sabiduría e incluso capacidad de trabajo- Asimismo, están de acuerdo en atribuirles los crujidos nocturnos, las puertas que se abren o cierran sin motivo aparente, el cambio de lugar de los objeto y otros eventos similares los objetos.

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El antecedente inmediato de la epidemia occidental de vampiros son los Schmätzen Tode o cadáveres gruñones que se comían su propia mortaja. Y, pero aún, se los encontraba con los ojos abiertos y las carnes frescas cuando se abría su tumba.

Lo mismo sostenía la iglesia medieval respecto a los santos, esto es, que no se corrompían en su sepulcro. En este caso la razón de estar libres de esa lozanía era porque tenían impreso en su alma el sello de la bienaventuranza.

Los vampiros no se corrompían, pero exhalaban un olor nauseabundo, lo cual demostraba su calidad de ángeles caídos. Esta es una de las facetas del retrato vampírico: su parentesco con Lucifer, cuyas alas aparecerán bajo la forma de la capa que tanta veces lo hubo de acompañar en sus representaciones.

Estas figuras crepusculares, al abandonar su morada, andan y hablan, pero ostentan un cuerpo ficticio por cuanto no proyecta sombra ni se refleja en los espejos, Se presentan ante los hombres pero no comen su pan ni beben su agua. Sólo se alimentan de sangre. Y aquí nos encontramos con otra de las grandes facetas del retrato vampírico: la sangre.

Los castillos góticos, fríos e infinitos, con sus lugares oscuros, sus criptas y capillas es el escenario ideal para que emerjan de sus ataúdes los vampiros. Por eso Bram Stoker ubicó allí al conde Drácula, quizá el perfil de vampiro más acabado. Stoker se inspiró en el  cruel voivoda Vlad Tepes, el príncipe rumano que derrotó a los turcos y que no dudó en cambiar su nombre por el de Draculk, “hijo de Dragón”, “el que absorbe la sangre”. La sangre de la batalla o la sangre del amor.

El amor: otro de los rostros del vampiro: el gran seductor, un romántico que busca amar pero no puede evitar sorber con deleite el líquido vital que le permita rejuvenecerse. Así, el fantástico erotismo de estas criaturas está signado por la muerte. Amor y muerte se unen en una fórmula que la literatura y el cine  van a explotar en todas sus dimensiones, incluso la de renunciar al amor permitir que la amante continúe viva.

No menos significativa es la relación vampiro-sangre como metáfora. El siglo XVIII, el momento del auge del vampirismo, es también el momento de la transformación que produjo la Revolución Industrial. El capitalismo privilegiará la posesión del dinero por sobre toda otra cosa. Y el capitalista se transformará en el chupa-sangre, el que chupa el trabajo, el sudor, el esfuerzo, la vida, la sangre de lo demás para enriquecerse.

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Una nueva faceta de la figura del vampiro es haber dado origen a personajes fantásticos como Superman, Batman o el Hombre Araña. Pero, revolee su capa como el conde Drácula o se vista con ropas a la moda o trajes imaginarios, sucumba a los excesos del deseo o despliegue venganzas o reivindicaciones, ansíe la inmortalidad o renuncie a ella por amor, cada una de los ángulos del retrato proyecta nuestras íntimas apetencias., sea volar, permanecer infinitamente o apoderarse de los demás.

El vampiro es múltiple y es uno. Y ese uno está en el interior de cada uno ser humano. Es la Sombra de que hablaba Jung. Porque en la sociedad occidental, tan desacralizada, la criatura mortal queda a solas con su razón, librada a sí misma que oculta como puede la vigencia de un oscuro ser dispuesto a lo que sea para cumplir sus objetivos de fama, riqueza, amor y poder. Por eso los vampiros seguirán gozando de buena salud en tanto el alma humana sea un nido de envidas, resentimientos y malas pasiones. Pero también, como el vampiro, fuente de rebeldía, de imaginación, de sueños y fantasías.

 

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Palabra, juego y poesía

Como los juegos, las lenguas se constituyen en un espacio de relación con reglas aceptadas. Esas reglas suponen la ejecución de ciertas acciones, pero no obligan a su continuación, esto es, son cambiables en tanto los sujetos lo efectivicen, por lo cual las palabras y sus nexos tienen un movimiento propio y van cambiando a lo largo de los días. Asimismo, no tienen un significado intrínseco sino que lo adquieren por reiteración. Compartir diariamente una experiencia a través del lenguaje otorga, precisamente, sentido de realidad a lo que se dice; en consecuencia, no hay una esencia sino que cada uso es, a la vez, una construcción de aquello que se comparte.

Aristóteles afirma que la reproducción imitativa constituye los primeros pasos en la senda del aprendizaje y que su objeto propio es la contemplación o semejanza cuyo principal vehículo es la lengua. De este modo se va operando la lematización, que constituye el dominio de lo visible y manipulable.

La palabra vencedora

“Entonces los arengó Toantes, hijo de Andremón, el mejor con mucho de los etolios, diestro con la jabalina, valeroso en la lucha a pie firme y en la asamblea pocos aqueos lo superan cuando los jóvenes debaten sus pareceres.”1 De este modo Homero deja establecida la importancia de la palabra al contar entre las grandes virtudes de Toantes el manejo del lenguaje.

En las asambleas deliberantes griegas, el uso de la palabra tomaba la forma de un debate entre dos, esto es, una querella o disputa para saber quién había violado el derecho del otro. Se trata de una de las formas más arcaicas de reglamentación judicial donde la decisión colectiva se tomaba en base a quien tenía “la palabra vencedora”; vale decir, era un agon, una competencia. La palabra dejaba así de tener valor sagrado para transformarse en un juego laico donde cuenta el valor mercantilista del triunfador y el vencido.

 

Las lenguas

El lenguaje es el reloj del tiempo que se va nutriendo con los conocimientos, las pautas y condiciones sociales, las distintas formas de actuación, la complejidad de las diversas experiencias, por lo tanto, es móvil y cambiante como la vida misma. Allí se van formando estratos geológicos que denuncian cómo era la existencia de los seres humanos en distintas edades y latitudes. Cada idioma es una lengua de intercambio que se mueve mayormente en la esfera de la lógica y la razón.

Rara vez se perfora esa trama sensible Porque la razón es engañosa: se muestra separando, ocultando, interrumpiendo todo aquello que la podría superar para imponer un saber calculador, que sólo tiene miradas para lo técnico, lo provechoso, lo útil y comercializable.

Los equívocos de lenguaje, los retruécanos, los malabarismos verbales, los koan y mondo zen, que exigen una mente aguda, alcanzan a rasgar un tanto la superficie segura del habla cotidiana. Es como si alzaran uno de los velos que recubren el sentido profundo del habla. Pero se necesita un espectro mucho mayor para alcanzar otra dimensión del lenguaje.

 

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                                 Calíope, la musa de la poesía épica y la elocuencia

 

Un salto cualitativo

Mediante las palabras se arman frases, conceptos, teorías de más en más complejas: se construye así lo que Witgenstein llama “juegos de palabras”. Cada sujeto tiene su propio juego y, en un proceso inter-reflejante, se establece la comunicación con otros en tanto se pueda discernir el juego de palabras ajeno. Todo ello va modelando un laberinto de círculos más o menos auto-suficientes, cuya salida se vuelve casi inhallable, Sin embargo, el conjunto gesta sus propios instrumentos de exploración y fuga.

El comienzo de ese escape podría situarse cuando el pensamiento racional pasa de establecer una comparación: “esto es como aquello”: al afirmar “esto es aquello”: en ese preciso instante se eclipsa como tal, dando lugar, mediante la introducción de la metáfora, al pensar poético.

“El lenguaje poético se distingue del lenguaje corriente -advierte Huizinga- porque se expresa deliberadamente en determinadas imágenes que no todo el mundo entiende. Todo hablar es un epresarse en imágenes. El abismo entre la existencia objetiva y el comprender no puede zanjarse sino con la chispa de lo figurado. El concepto encapsulado en palabras tiene que ser siempre inadecuado a la fluencia de la corriente vital. La palabra figurada cubre las cosas con la expresión y la transparenta con los rayos del concepto.”2

Si bien la palabra poética descansa en el discurso, alcanza su verdadera dimensión cuando atraviesa el límite de lo decible, esto es, cuando traspasa el núcleo de lo fenoménico, de lo convencional, para crear su propio acontecer, libre del sentido y la validez del discurso corriente, liberada de la realidad dialógica. Kant aseguraba que la cosa en sí es incognoscible, La palabra poética desnuda esa base de intangibilidad que sustenta a la palabra de intercambio y luego, dando un salto cualitativo, da existencia a lo que per se no la tiene. En consecuencia, el decir poético se instala en los márgenes, en los bordes o fronteras de los lugares comunes llegando después, mediante una sutil alquimia, al núcleo de lo trascendente, del ser mismo de las cosas.

Llevar a las palabras a una máxima tensión, abandonar el refugio de la dialéctica técnica y enfrentarse al pensamiento científico mostrando sus limitaciones es la empresa ardua, compleja, insomne de recuperar lo ontológico, la esencia. Es jugar el juego de las palabras como poder religante del universo.

 

El poeta y lo sagrado

Poesía es la unión de dos palabras
que uno nunca supuso que pudieran juntarse,
y que forman algo así como un misterio.
Federico García Lorca

Un poeta es un mundo
encerrado en un hombre
Víctor Hugo

La neurociencia informa que la poiesis se origina en la misma área del cerebro que el juego, que se trata de un mundo propio en el cual las cosas no tienen el mismo aspecto o fisonomía que lucen en el mundo de lo cotidiano y que esos nexos difieren profundamente de la lógica y la causalidad. Por ello, en tanto en el conocimiento científico la realidad llega cernida por normas y mandatos que se han ido incorporando, en el conocimiento poético se produce un contacto directo con la realidad. Cada cosa, cada ser, cada acontecimiento se vuelve entonces una epifanía.

Al desapegarse del saber calculador, que interrumpe y separa, el habla se introduce en el territorio de lo sagrado en el cual las lenguas originales tenían la facultad de penetrar fácilmente. Los antiguos, como el niño, el poeta, el vate hubieron de transitar ese derrotero donde se unen el ensueño, la risa, la embriaguez, para descubrir el juego último, lila, el juego de la creación. Comprenden así que el mundo “es una mera creación espontánea de Brahman. Es un lila, un juego de lo Brahman. Se crea de la dicha, por la dicha y para la dicha. Lila indica una actividad lúdica espontánea de lo Brahman, a diferencia del esfuerzo volitivo consciente. El concepto de lila implica libertad y no necesidad.”3 Mantras, oraciones, cánticos se convierten entonces en el modo de unirse a lo creado´

La poesía, en su significado inicial, es crear, componer y también engendrar.. Va de suyo, entonces, que la poesía hubo de formar parte decisiva en los rituales sagrados, tanto en su expresión colectiva como en la individual.

El poeta tiene entonces la ardua tarea de elevarse por sobre la indigencia del pensar racional, científico y doctrinario, del pensar que ignora o se sirve del silencio que rodea a la palabra. El poeta debe sumergirse en la energía oscura, en el misterio, para regresar con la revelación del ser, fundando una nueva verdad histórica. No una verdad sujeta a la lengua de mercado sino que revele la indecibilidad misma, lo que está más allá de los opuestos y del discurso normalizador de la sucesión espacio-temporal.

¿Cómo disponerse a jugar el juego magno de la creación? ¿Cómo hacer para eludir los escollos del nombre cotidiano de las cosas? ¿Cómo dar vida a lo que no es mímesis de ideas y emociones ordinarias? ¿Cómo engendrar las palabras del silencio? ¿Cómo bucear en los hondones del alma a través de los valles de sombra? El poeta, como todos los buscadores espirituales, debe producir en su interior ese vacío que le permitirá abrir las puertas de su percepción.

El temor, la duda, la falta de arrojo lo dejarán inevitablemente del lado conocido, de lo diario y trillado: por el contrario, el replegarse sobre sí mismo, el escuchar sin miedo las voces interiores dan cierto margen de seguridad en ese salto a lo desconocido. Rilke necesitó seis años de total aislamiento en Duino para escribir sus Elegías, Dante se alimentó de odio, desprecio y exilio para llevar cabo esa obra magna que es la Commedia, el ajenjo y otros licores acompañaron a los poetas franceses del siglo XIX en tanto la locura, la desesperación, la pobreza extrema y la soledad fueron devotas compañeras de la mayoría de los grandes poetas. Aquellos que, sea cual fuere el modo empleado, pudieron franquear las puertas de la percepción usual, avizorar los mecanismos de la transmutación de las apariencias y jugar con la magia sagrada fueron los que hicieron de su poesía la casa del ser, señalando así caminos para mayor grandeza del hacer humano.

1 HOMERO. Ilíada. Madrid, 2006
2 JOHAN HUIZINGA. Homo ludens Buenos Aires, 1957.
3 El concepto pertenece al profesor Ram Shamker Misra

 

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Las dualidades del número 13

A Diana Isabel Palópoli

En el imaginario popular el número 13 tiene connotaciones muy adversas, especialmente si se asocia con un día martes o viernes. Las razones que se aducen pertenecen a la esfera de la cultura occidental y tienen un punto de partida más o menos preciso, esto es, cuando las deidades materno-lunares estaban en franco retroceso.

El aspecto maléfico

Los Doce Dioses mostraron tempranamente su ira por introducir un número mal considerado cuando Filipo de Macedonia agregó su estatua junto a las deidades, por lo cual poco después murió asesinado.

Según cuenta la historia de Israel: el día trece del mes doce del año doce del reinado de rey Jerjes (486-464 a.C.) estando los judíos condenados a muerte, sólo la intervención de una dama, Ester, impidió el genocidio. En cambio, nadie pudo impedir la perdurable confusión de lenguas que se produjo un martes 13 en la Torre de Babel.

En la tradición cristiana, el número 13, combinado con días como el martes o el viernes proviene del episodio de la Sagrada Cena. Jesús reunió por última vez en un comida a sus discípulos. Donde uno de los doce apóstoles lo traicionaría. Jesús, que lo sabe, moj un bocado en el plato y e lo pasa a Judas diciendo “Lo que has de hacer, hazlo pronto” (Jn. 13: 21-30). La profecía se cumplió y Jesús fue crucificado un día viernes. De este modo, acorde a ciertos teólogos, el hecho nefasto permitió cumplir el plan de salvar y redimir a la humanidad mediante el sacrificio de Jesús.

Otra profecía, todavía incumplida, aparece en el capítulo 13 del Libro de las Revelaciones donde se une el Apocalipsis con la llegada del Anticristo.

Un desarrollo similar al de la figura de Jesús se encuentra en la literatura nórdica. Doce dioses fueron invitados a un banquete en el Valhalla. Loki, el espíritu de la adversidad y la pelea, logró filtrarse entre los comensales, ascendiendo entonces a trece el número total. En el intento de expulsar a Loki se produjo una pelea. Al igual que sucediera con Cristo, Balder, el favorito de las deidades, acabó muerto por intermediación.

En el fuerte predominio patriarcal del Medioevo, se tenía al 12 como número cósmico. Esta medida del tiempo solar, si era sobrepasada, significaba ir contra el orden universal y su estabilidad reconocida. El 13, en cambio, implicaba alterar ese sistema duodecimal de doce meses, doce signos del zodíaco, doce horas, etc. Por ende, lo que sobrepasase ese canon, por ejemplo el número 13, se consideraba diabolos, esto es, lo que separa y, por extensión, lo que indispone, lo que acusa, lo que separa. Lo que era symbolon –unión- queda transformado en su contrario, diabolon. Por ello la Cabala, como las leyendas nórdica, hablarán de los 13 espíritus del mal.

La Edad Media es rica en asociaciones del número 13 con acontecimientos desgraciados. Durante la Cuarta Cruzada, por ejemplo, se produjo el sitio de Constantinopla que finalmente cayó el 13 de abril de1204.

Tras un largo período de intrigas, falsas acusaciones y acuerdo secretos para apoderarse de sus bienes, el rey Felipe IV de Francia decreta la detención de los templarios. El mandato se lleva a cabo el 13 de octubre de 1307, siendo detenidos más de cien caballeros, lo cual marcó el principio del fin de la Orden del Temple.

En paralelo a los acontecimientos sociales, se iban gestando formas de juego y adivinación. Una síntesis de ambas vertientes fue el tarot. Si bien sus raíces pueden rastrearse hasta la más remota antigüedad egipcia, sus desarrollos se concretaron alrededor del siglo XV, Entre sus Arcanos Mayores se encuentra el número 13.

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Arcano XIII

El 13 se denomina “la Muerte” y es representada como un esqueleto que lleva en su mano siniestra una guadaña con la que corta cabezas y hierbas. Sesga una cabeza de niño y una de rey, para demostrar que la muerte e igualitaria. Un pie se hunde en la tierra y su cabeza tiene forma de luna. La hierba que corta se supone que es mala, lo cual permite florecer lo positivo, Vale decir, aquí el número trece se convierte en una encrucijada entre lo bueno y lo malo. Si bien significa muerte, ésta puede referirse a dejar atrás lo que pesa para abrirse a una transformación, a una evolución necesaria dentro de la esencia inmutable.

El día martes, regido por el dios de la guerra y por el planeta rojo, fue conocido en la Edad Media como “el maléfico”, sobre todo si se asociaba con el día 13, considerado un elemento excéntrico, marginal, errático, apartado de lo ritmos normales del universo.

Asimismo. se tenía por cierto que los efectos nocivo del martes o el viernes 13 se acentuaban si coincidían con el plenilunio.

En el siglo XVIII, el pragmatismo anglosajón decidió acabar con las supersticiones relacionadas con el viernes 13. A ese fin, la marina británica ordenó rebsutizar un buque con el nombre de HMS Friday. Asimismo, se designó aun capitán cuyo nombre era Jim Friday y. no satisfecho con que el buque y el capitán ostentaran el nombre del temido día viernes, se reclutó a la tripulación precisamente en ee día. No pararon allí lo desafíos: fue un viernes que se armó la quilla del varco para finalmente botar la nave un viernes 13. Una vez que se lanzó a las aguas, nunca más se volvió a saber del barco o de su tripulación.

El aspecto benéfico

La Decimatercia vuelve
y sigue siendo la primera
Y es siempre la única
en el momento único.
Eres tú, Reina, ¡oh tú!
la primera y la última.
Gerard de Nerval

Tal como ocurre con numerosas prácticas, ideas, costumbres, deidades, el significado del número 13 ha sufrido profundas metamorfosis a lo largo de los tiempos. Las culturas que se regían por el calendario lunar le concedían un lugar excepcional.

Los antiguos mexicanos lo tenían en alto valor, ocupando un lugar decisivo tanto en su teología como en la astrología. El Popol Vuh habla del dios trece que es también el primero. Entre los aztecas, el 13 representaba la cifra del tiempo, con una semana de trece días, siendo esta cifra el cumplimiento de una serie temporal.

Las culturas orientales tenían al 13 por número divino; en China, por ejemplo, el trece es sinónimo de “vivir eternamente”. Algo parecido ocurría en las épocas en que todavía estaban cercanos los cultos materno-lunares, cuando Zeus, según Platón, se situaba en la corte de los dioses como el decimotercero se lo recibía alegremente. O Ulises, que pudo escapar del Cíclope y su apetito exterminador por ser el número trece del grupo.

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Las valkirias

En la mitología nórdica, los Edda enumeran positivamente la existencia de trece valkirias, Freya, Hécate, Diana fueron algunas de las formas que tomó la Gran Diosa Madre en el resurgimiento medieval de su culto. Curanderas, sanadoras, mujeres sabias que ayudaban en los partos, que conocían las hierbas que sanan, que restauraban heridas y consolaban a los pobres, se reunían de tanto en vez a la luz de la luna. En recuerdo de la simbología lunar de la Diosa, se agrupaban en número de trece en lo que llamaban conventículos, unque a veces multiplicaban el número en grandes asambleas. El bosque las cobijaba de miradas indiscretas mientras se dolían de la miseria en que los poderosos sumergían al pueblo e intercambiaban conocimientos que les permitirían ayudar mejor a los sufrientes del cuerpo y el alma.

El resurgimiento, la independencia y la labor eficaz de esas mujeres a las que se llamó brujas acabó por molestar a los patriarcas que tanto se habían esforzado por borrar todas las huellas de las deidades anteriores a los dioses solares. Se las evaluó como figuras del mal, adoradora de una figura astada. Fueron entonces objeto de calumnias, de persecución, encierro y tortura, de muerte por el fuego. Su número clave, el trece, pasó a ser nuevamente una cifra ominosa: se convirtió entonces en des Teufels Dutzend –“la docena del diablo”.

A pesar de todo los intento de borrar el embolismo positivo del número 13, éste siguió conviviendo con el negativo. Un ejemplo claro de esta supervivencia puede encontrarse en los Estados Unidos de Norteamérica. En la vida cotidiana se ha procurado erradicar el trece, quitándolo de la numeración de los pisos, de las habitaciones de hotel, de los asiento en los transportes. Sin embargo, no ocurre lo mismo con sus símbolos más conocidos: el escudo y el dólar.

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El Gran Sello ostenta un águila calva con las alas abiertas: en su garra izquierda sostiene un grupo de trece flechas –que representan los trece Estados originales de la Nación. En la derecha sostiene una rama de olivo con trece hojas y trece frutos. Sobre su cabeza aparece una gloria con trece estrellas arregladas en filas de 1-4-3-4-1, formando una estrella de seis puntas.

El reverso del Escudo aparece en el lado derecho del reverso de los billetes de un dólar. Asimismo muestra una pirámide truncada en forma de un conjunto de trece capas: en la base figurt en números romanos el año de la independencia de Estado Unidos y sobre ella, inscripto en un triángulo, el ojo de Horus.

En el reverso se muestra una pirámide trunca. Sobre ella hay un ojo dentro de un triángulo, rodeado de una gloria. La pirámide se muestra convencionalmente como un conjunto de 13 capas para referirse a los 13 Estados originales. Se inscribe en la base de la pirámide el número romano MDCCLXXVI (en relación a 1776, año de la Declaración de Independencia de Estados Unidos).

No cabe duda de que estos poderosos símbolos, junto con los lemma que allí figuran: Annuit Cœptis  -“Aprobar las cosas que se han iniciado”- y  Novus Ordo Seclorum -“Nuevo Orden de los Siglos”- comunican un fuerte mensaje codificado en el cual el número 13 y sus connotaciones materno-lunares no es el menos significativo.

Comunica un mensaje codificado en simbolismos, dentro del cual el número trece es la clave más importante.
Representa la subid eterna de Síifo o el tonel de las Danaides..

El defensor del escudo es un águila calva con las alas abiertas (o “muestra”, en términos heráldicos). Desde la perspectiva del águila, que sostiene un grupo de 13 flechas en su garra izquierda, (en referencia a los 13 Estados originales) y una rama de olivo en su garra derecha, simbolizando que Estados Unidos tiene “un fuerte deseo por la paz, pero siempre estará listo para la guerra”. Aunque no se especifica en la ley, la rama de olivo se representa generalmente con 13 hojas y 13 aceitunas, representando otra vez los 13 Estados originales. El águila tiene su cabeza vuelta hacia la rama de olivo, en su lado derecho, simbolizando una preferencia por la paz. En su pico, el águila lleva un pergamino con el lema “E pluribus unum” (“De muchos, uno”). Sobre su cabeza aparece una gloria con 13 estrellas en un campo azul. Las 13 estrellas sobre el águila se arreglan en filas de 1-4-3-4-1, formando una estrella de 6 puntas.

Reverso del billete de un dólar estadounidense.

En el reverso se muestra una pirámide trunca. Sobre la pirámide se encuentra un ojo en un triángulo, rodeado de una gloria.

La pirámide se muestra convencionalmente como un conjunto de 13 capas para referirse a los 13 Estados originales. Se inscribe en la base de la piramide el número romano MDCCLXXVI (en relación a 1776, año de la Declaración de Independencia de Estados Unidos).

Dos lemas aparecen: “Annuit Cœptis” (“Aprobar las cosas que se han iniciado”) y “Novus Ordo Seclorum” (Nuevo Orden de los Siglos). Rara es la vez en que se representa el reverso del Gran Sello. No obstante, aparece en el lado derecho del reverso de los billetes de un dólar.

En el escudo de los Estados Unidos aparecen trece estrellas que parece que representan los trece estados que formaban la nueva nación americana. Para los cabalistas modernos, la constelación de trece estrellas que se encuentra sobre el águila en el anverso del Gran Escudo de los Estados Unidos, comunica un mensaje codificado en simbolismos, dentro del cual el número trece es la clave más importante.

«Los francmasones que fundaron Estados Unidos obtenían su inspiración de muchas escuelas y filosofías antiguas, tales como las Escrituras hebreas y cristianas, las doctrinas de Pitágoras, la Escuela de Alejandría, Platón, los cabalistas y los Rosacruz. La influencia cabalística parece ser la mas importante dentro de la francmasoneria y se revela ostentosamente en el Gran Escudo de los Estados Unidos.» [El escudo de los Estados Unidos y las pirámides]

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El gato: De la sacralidad al anarquismo

La reputación del gato ha sido muy variable a lo largo de la historia. Temido y reverenciado, objeto de amor y de odio, sacro y sacrílego, le fueron adjudicados los calificativos más extremos y los más variados tratos.

En la Antigüedad

La relación gatos-humanos se pierde en el tiempo, ya que en el siglo VIII a.C, ya se los enterraba juntos. Pero habría que esperar a la IV dinastía egipcia para la consagración del gato.
Bastet, la gran diosa del panteón egipcio, representaba la fecundidad, la luz, la belleza tanto como la abundancia y el placer. Pero también simbolizaba el misterio, la noche y la luna. Era la Dama del Este con cabeza de gato que se transformaba en cabeza de leona cuando se encolerizaba y adquiría la forma de Sejmet, la Dama del Oeste, “la más poderosa”, “la terrible”,
En su aspecto diurno no era menos beligerante ya que combatía al dragón Apofis para que no interrumpiera la ruta del sol. Por ello, a menudo se la ve en su forma felina sosteniendo entre sus garras a una serpiente. Este mitologema, gato-serpiente, va a aparecer una y otra vez en distintas culturas.
Feroz y amable, Bastet era impredecible y extraña. Como deidad lunar, velaba por el alma de los muertos y protegía de los malos espíritus a la par que velaba por las embarazadas y los nacimientos, pero también, en su aspecto oscuro, era vengativa y guerrera, impiadosa y brutal.

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La diosa Bastet

La suma de sus cualidades, positivas y negativas, la convirtieron en una de las deidades cuyo culto suscitaba más fervor. Era tan extrema la adoración que se le profesaba a la diosa felina, que el faraón impuso severas medidas -que llegaban a la pena capital- para quien osara matar un gato.
En sentido contrario, si fallecía un gato de familia, se llevaban a cabo banquetes mortuorios a la vez que los varones de la familia se afeitaban las cejas en señal de duelo. El cadáver del animal era embalsamado para ser sepultado en la tumba familiar o en un cementerio de animales.
Durante el bajo Egipto la ciudad de Bubastis estuvo enteramente dedicada a la adoración del gato. Se lo llamaba por la onomatopeya de su voz miw o mau y era ante todo un símbolo de libertad, En el templo principal de la urbe se llevaban a cabo las festividades que le estaban dedicadas, Allá acudían miles de peregrinos durante el mes de mayo para honrarlo e implorar sus favores. Cuando moría un gato sagrado, se procedía a embalsamarlo para ser enterrado en un cementerio. En estos casos era obligatorio vestir de luto.
El tiempo todo lo cambia y Egipto y su culto al gato fueron declinando, no sin antes transmitir su influencia a los países europeos.

Imponente, enigmática, en el ámbito celta hay una deidad equivalente a la egipcia Bastet cuyo nombre es Freya, En los Eddas se la describe como la diosa del amor, la fertilidad y la belleza. En tal caracter se la invoca para tener buenas cosechas y felices partos.
Sin embargo, Freya tenía su faz oscura que la asociaba a la magia, las profecías, la muerte y, curiosamente, a la riqueza como forma de exterminio. En este aspecto, era una diosa bélica que comandaba a las Valkirias. Estas mujeres guerreras sobrevolaban los campos de batalla montadas en sus caballos alados para llevar los cuerpos de la mitad de los guerreros muertos al Valhalla, donde eran recibidos por Freya. La otra mitad le era entregada a Odin.
Los gnomos le habían regalado un brisingamen, un collar labrado en oro y piedras, del cual nunca se desprendía, ni siquiera cuando cruzaba los cielos a gran velocidad en su carruaje divino. Un carruaje tirado por dos gatos: Bygul “Abeja de oro” y Trjegul “Ärbol de ámbar dorado”
A pesar de tener una diosa protectora, los gatos no eran vistos con demasiada simpatía por creerlos con gran capacidad de traición Así lo atestigua el sobrenombre de Cenn Chaitt, “Cabeza de gato” con que se conoció a Cairpre, el usurpador del trono que causó la ruina de Irlanda.

La ambivalencia respecto al gato se repite en la India donde existen numerosas estatuas de gatos ascetas que representan la beatitud. No obstante, los budistas le reprochan que, junto con la serpiente, fueron los dos únicos animales que no se emocionaron con la muerte de Buda, aun cuando Mukalinda, una serpiente, lo haya cobijado al Gran Maestro durante el tiempo que se mantuvo meditando hasta llegar a la Iluminación.
El mismo nexo gato-serpiente, inaugurado por Bastet y retomado por el budismo, lo replica la Càbala, que le adjudica ser símbolo dé lujuria, de abusar de los bienes de este mundo.
En el mundo musulmán, en cambio, se considera que el gato es de buen augurio. En una nueva versión que equipara el gato al león, cuenta una leyenda que las ratas incomodaban a los pasajeros del Arca de Noé. En procura de aliviar la situación. Noé pasó su mano por la frente del león: la reacción fue un estornudo mediante el cual expulsó la primera pareja de gatos.

En la era cristiana

Los primeros tiempos de la era cristiana mantuvieron en cierto grado el culto al gato. En Irlanda, por ejemplo, había “una gata negra delgada, que se recostaba en una silla de plata vieja” que “tenía una cueva-santuario-oracular en Connaught, en Clogh-magh-rightcat, ahora Clough, antes de la llegada de San Patricio. Esta gata daba respuestas muy vituperadoras a los inquisidores que trataban de engañarla y era, al parecer, la equivalente de la diosa Gata egipcia Bast.”1
No obstante, en los campos la suerte del gato había variado. Se lo consideraba el “espíritu del grano” y, cuando terminaba la recolección de las mieses se decía que iban a “matar al gato•, lo cual efectivamente llevaban a cabo, El proceso variaba; a veces se mataba un gato en el corral de la casa y, en otra ocasiones, ponían un gato vivo debajo del último haz de mies y. al trillarlo, mataban al gato a golpes de mayal. No era infrecuente que luego se sirviera el gato como exquisita comida.

El tiempo siguió su curso. El alimento era escaso en una Europa sometida a guerras constantes, a pujas por el poder, al desdén de los poderosos por los pobres y necesitados. Afecciones diversas, enfermedades convertidas en epidemias, se unían a los estragos de inundaciones y sequías para convertir en un tormento el diario vivir. La voz de la religión recordaba que todo mal proviene de los pecados del hombre, que la existencia es un tránsito doloroso, un medio para purificarse y alcanzar la beatitud eterna.
La ecuación no representaba un consuelo ni una vía para enfrentar el padecimiento cotidiano. En busca de una alternativa, las mujeres comenzaron a reunirse, a intercambiar ideas, a socorrerse mutuamente, a intercambiar plantas con que elaborar remedios efectivos, a asistir a las parturientas, a curar las heridas que producían las duras faenas.
Poco a poco fueron resurgiendo los viejos ritos de sentarse junto a un árbol a la luz de la luna, de cantar y bailar para aliviar el corazón de tanta pena. de implorar la merced de una madre divina. El culto a la Gran Diosa, esta vez bajo el nombre romano de Diana, se puso en marcha.
Las autoridades de toda índole no podían tolerar estas desviaciones si querían mantenerse en el poder. Se desató una oleada de persecuciones contra las mujeres que se atrevían a congregarse y pensar juntas los problemas de la vida. Se las llamó brujas. Se las tomó prisioneras, se las encerró de por vida, se las quemó en las santas hogueras como ejemplo de comportamiento delictivo. Y. junto con ellas, se estigmatizó a sus animales.
Protectoras de todo lo viviente, amantes de los animales, las mal llamadas brujas solían tener junto a ellas perros y gatos. Ambos “familiares” fueron vistos como personificaciones del mal. Se suponía que el demonio tomaba la apariencia de un gato en sus visitas a la tierra o que las brujas tomaban la forma de un felino. No quedaba otra solución que acabar con ellos.
Un edicto de 1484 del papa Inocencio VII autorizó el sacrificio de gatos en las fiestas populares. Miles de personas celebraban las festividades colocando a los gatos en una bolsa para arrojarlos luego desde las torres de las iglesias. Pronto acompañarían a sus amas hasta las hogueras levantadas en las plazas públicas donde unos y otras eran quemados vivos.

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Lo mismo ocurría con los herejes, a los que también se culpaba de adorar gatos. La acusación iba sobre todo contra los Caballeros Templarios y los cátaros, de quienes se sostenía habían derivado su nombre del culto al gato.
En Inglaterra se dio el caso, curioso pero previsible, de quemar gatos como señal de la herejía protestante durante el reinado de María Tudor. Y de quemar gatos como señal de la herejía católica bajo el reinado de Isabel I.
El exterminio de gatos permitió la proliferación de roedores. Irónicamente, la venganza felina se fue consumando poco a poco, durante siglos, a través, precisamente, de sus enemigas. Sin contención natural, las ratas devoraban sin piedad las cosechas y transmitían enfermedades como la peste negra que azotó Europa en el siglo XIV. Hambre y enfermedades para los seres humanos fue el corolario de una decisión nefasta.

De la sonrisa

Hubo que esperar hasta el siglo XVII para que comenzara a restablecerse el equilibrio natural al prohibirse la quema de gatos por considerase una práctica cruel. El primer mandato formal llegó de manos de Luis IV, que era un gran amante de los felinos y consideraba que echarlos a la hoguera era un símbolo de barbarie
Sin embargo, fueron los ideales de fraternidad y libertad de la Revolución Francesa los que alcanzaron a envolver a los animales en un abrazo de compasión igualitaria Así se desterró por consenso unánime la práctica de erigir hogueras para arrojar en ellas animales o personas vivas.
Nuevos tiempos, nuevo estatus, nueva imagen. En la Inglaterra del siglo XVIII se acuña para un gato ficticio, el Gato Sonriente de la cultura popular, una feliz expresión: grinning like a Cheshire cat En 1788, en A classical dictionary of the vulgar tongue, de Francis Gose, una de sus entradas dice: “Gato de Cheshire. Sonríe como gato de Cheshire. Dícese de cualquiera que enseña sus dientes y encías cuando ríe.” Poco después, en 1792 en un texto de John Wolcot se lee: “Nuestra corte sonreirá como gato de Cheshire.” El gato y su indescifrable sonrisa habían logrado abrirse paso en las letras. Sin embargo, no adquirirá su real dimensión hasta que Lewis Carroll le concediera un lugar privilegiado en su texto de Alicia en el país de las maravillas.
En el relato de Carroll, el Gato aparece y desaparece; puede mostrarse por completo o fragmentariamente o desvanecerse de súbito cuando así le parece. Su mera presencia permite que no haya ninguna rata en el País de las Maravillas. Trepado en la rama de un árbol, contra el cielo, cuando se va disipando deja en pos de sí una dentadura en “creciente”, esto es, una sonrisa que perdura. La semejanza con las fases lunares no podía ser más obvia.

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Carroll, gran matemático y estudioso de los simbolismos y los juegos de palabras, le devuelve al felino la majestad de que había gozado en tiempos pretéritos. El Gato de Cheshire entretiene a Alicia mediante conversaciones plenas de paradojas y aparentes sinsentidos, absurdos y disparates. No obstante, a lo largo de estos coloquios se va perfilando una profunda crítica al pensamiento patriarcal y los distintos modos en que ha sido implementado en la vida cotidiana, desde hace centurias, por las fuentes de poder oficiales.
Símbolo de la cosmovisión materno-lunar, el Gato de Cheshire está presente con su solidaridad toda vez que Alicia lo necesita. Quizá la conjunción más feliz de actitud cuestionadora y sostén amistoso sea la del momento en que Alicia es condenada a muerte y el Gato hace desaparecer su cuerpo, dejando sólo la cabeza visible a la par que provoca una engorrosa discusión entre el Rey, la Reina y el verdugo sobre la posibilidad de decapitar a un ser que no tiene cuerpo.
Enigmático, crítico de la realidad a la que cuestiona con sus propios instrumentos racionales, él mismo un problema ontológico, el Gato de Cheshire se retira gradualmente hasta que no queda otra cosa más que su sonrisa mientras le hace notar a Alicia que muchas veces habrá visto a un gato sin sonrisa pero nunca, nunca, una sonrisa sin gato´

Los ojos felinos

Magnéticos, atragantes, visionarios, se reputaba que los ojos del gato podían ver de noche, lo cual los convertía en buenos custodios, Por ello, en antiguos cementerios de Beni Hasan se encontraron pequeñas imágenes de gatos, de ojos prominentes, sentados en actitud de vigilancia.
El felino recibió los apodos de “vigilante de la noche” y “destructor de los enemigos de Osiris” tanto por su aptitud para la guardia como por su extrema sensibilidad a las influencias astrales.
Según Plutarco, que repetía conceptos de Cornelio Agrippa, los ojos del gato se agrandan o achican de acuerdo a las fases de la luna, lo cual lo convierte asimismo en un excelente visionario, capaz de entrever aquello que se mueve en dimensiones que no son las binarias. O, tal vez, pasar él mismo de una a otra dimensión. Quizá se deba a esta facultad de esfumarse súbitamente a la vista humana que si un gato se aparece en sueños suele ser interpretado, desde el psicoanálisis, como la parte femenina asociada al pensamiento intuitivo, no recional.
Asimismo, distintas culturas han sostenido que los ojos del gato coadyuvan en rechazar un conjunto de fenómenos desfavorables y, por el contrario, en favorecer los positivos. Tanto es su fuerza que a una piedra de cuarzo se la denomina, precisamente, “ojo de gato” Los árabes creían que este crisoberilo de variados colores podía causar la invisibilidad de quien lo usara correctamente. De modo más modesto, en otras culturas, incluso en la moderna occidental, al ojo de gato se le atribuyen propiedades como erradicar las malas influencias, fortalecer la salud y prevenir enfermedades. También atrae el éxito y la fortuna y es eficaz contra los contratiempos. En otra faceta, se asocia el crisoberilo a la disciplina interior y el autocontrol.

El gato anarquista

Los colores del gato han sido con frecuencia objeto de interpretaciones contrapuestas. En Irlanda y Escocia se creía que los gatos de tres colores atraían la buena suerte y agudizaban las percepciones de sus dueños. El gato negro, por el contrario, a menudo ha sido objeto de rechaza, incluso hasta nuestros días, en que, si alguien se cruza con un gato negro, cree que el porvenir inmediato le será desfavorable.
Sin embargo, en la Antigüedad, el gato negro era considerado, por ejemplo en Egipto, como un signo de libertad y autonomía. Los avatares históricos lo estigmatizaron, creándose a su alrededor una pesada atmósfera de recelo, que llevó a la creencia de que era la encarnación misma del Diablo. No obstante, también en el color negro cambió el sino del gato.

La Revolución Industrial, antes que beneficios para la población, produjo un gran giro en la distribución de riquezas, acumulándola en pocas manos. La literatura ha recogido innumerables ejemplos de las clases pauperizadas que, hambreadas y enfermas, luchaban por tener un lugar mínimamente digno baso el sol. No eran infrecuentes las reuniones de obreros y empleados de bajos puestos donde se decidiera enfrentar esa situación ignominiosa en que estaban sumergidos con alguna clase de acción contestataria. Paros y huelgas se encontraban entre esas protestas.

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Una de las tantas medidas de fuerza contra el capital explotador se encontraba en su peor momento. La represión de los poderes constituidos se había cobrado varias víctimas, entre heridos y encarcelados. Cundía el desánimo en el acampe de los trabajadores. De pronto, un gato negro, famélico y enfermo, se paseó entre los obreros. Éstos, en un gesto compasivo, en lugar de echarlo lo alimentaron con su magro sustento, tomándolo como mascota. Indomable y resistente, el gato lentamente se fue recuperando hasta que alcanzó una espléndida lozanía. En ese momento la huelga dio un vuelco positivo, alcanzando los huelguistas los objetivos que se habían propuesto.
¿Cómo no querer a ese gato? ¿Cómo no identificarse con su resistencia y bravura? La anécdota corrió como un río en los movimientos anarquistas: el wildcat, el gato negro salvaje, el gato montés fue adoptado como emblema del anarquismo y, en especial, del anarco-sindicalismo. Ralph Chaplin, un nombre destacado en el sindicato Industrial Workers of the World, de Estados Unidos de Norteamérica, fue el encargado de diseñarlo tal como se conoce ahora: la espalda arqueada en posición de pelea, mostrando las uñas y los dientes.
La silueta del Gato Negro, usada posteriormente por numerosas agrupaciones sindicales, constituye la revitalización del sentido de libertad que tuvo en sus orígenes. Morir antes que claudicar. La libertad sagrada de los dioses y la libertad anarquista de los desposeídos quedaron hermanadas en la figura trascendente del Gato Negro.

1 ROBERT GRAVES. La diosa blanca. Buenos Aires, 1970

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La prosapia del perro

Fidelidad, protección, cuidado, vigilancia, compañía son algunas de las muchas palabras que acuden a la mente cuando se piensa en lo que un can simboliza. Aun cuando estas cualidades sean encomiables, no reflejan acabadamente la prosapia del perro, reconocida desde las culturas más arcaicas hasta la actualidad.

Originalmente, los perros eran los compañeros de la Gran Diosa Madre, En Babilonia constituían el símbolo de la Diosa del Destino; en Grecia acompañaban a Hécate y en Persia a su equivalente del reino de la muerte.

Los avances del patriarcado operaron grandes transformaciones; así Sirio, la Estrella del Perro, fue identificada por los griegos como el gran dios Pan, Sin embargo, Píndaro hubo todavía de reconocerle su origen al denominarlo “el perro de forma cambiada de la Gran Diosa.”

En otra de las mutaciones, Anubis es hijo de la diosa -Neftis o la vaca primordial Hesat, Es uno de los dioses más antiguos de Egipto e inicialmente se lo representó como un can negro tendido sobre su estómago, aunque luego se le prestó un cuerpo de varón y sólo quedó la cabeza de perro.

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El dios Anubis

El reino de Anubis era el inframundo, el Duat, la zona tenebrosa de lo invisible porque la función primigenia del perro fue la de psicopompo, esto es, guiar a los muertos en el más allá. En tal carácter, le prestó su perfil a las grandes deidades del imperio ctónico; Tíen kuan, Cerbero, Xólotl, Thot, Hécate, Hermes.

Su fino olfato lo capacitaba para decidir qué clase de persona era la que había llegado a las puertas de la muerte y, en consecuencia, conducirlo al lugar adecuado. Por ello, los egipcios ponían un énfasis especial en aromar los cadáveres con especias para ser rápidamente aceptados.

Señor de los reinos de la muerte, cuyas puertas custodiaba, el perro se encontraba en un lugar inmejorable para tender puentes entre ambos universos: el visible y el otro. Esto le permitía no sólo ver fantasmas sino que podía convertirse en un medio propiciatorio para sucesos venideros. Por consiguiente. en algunas comunidades originarias se sacrificaba un perro blanco cuando comenzaba un nuevo año para que llevara los deseos generales al más allá. Este sacrificio configuraba el centro de la fiesta. El perro era, en efecto, “un mensajero que se enviaba al cielo a llevar los ruegos de los hombres.”[1]

Dentro de sus aspectos de intercesor, en los banquetes fúnebres originarios se le daba al perro un trozo del cadáver de su amo muerto junto con estas palabras: “Cuando vivías, tú eras el que comia: ahora que has muerto, es tu alma la que come” De esta manera se propiciaba su entrada en el otro mundo.

Los muertos no están sujetos a la tiranía del tiempo, por ello solían ser interrogados a través de un perro para que anunciara a los seres vivientes los acontecimientos que iban a producirse. Previsiones y augurios no están lejos de la hechicería, por ello si un perro se aparecía en sueños era signo indubitable de que el soñador estaba bajo el influjo de una bujería: así lo creyeron largamente los pueblos de la antigüedad.

En su aspecto positivo, la función de psicopompo del perro, como la de Hermes, lo ubicaba como factor decisivo en la curación de enfermedades. En Babilonia, el perro era el símbolo de la Diosa del Destino, conocida como Gula “la Gran Doctora”, que podía sanar o causar las enfermedades que quisiera.. Asimismo el perro figura entre los atributos de Asclepios, el dios de la medicina de los griegos.

El perro de fuego

Bachofen admite el carácter ctónico-lunar del perro y, en tanto relacionado con la tierra, ostenta asimismo un aspecto materno, el de la materia receptiva, de fructificación. Si bien esto podría alejarlo de la realidad luminosa, lo cierto es que a menudo aparece como héroe asociado al fuego.

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Según relata Frazer2, en el Alto Nilo se creía que el perro había robado el fuego a la serpiente o. alternativamente, al arco iris o a las divinidades celestes. Lo cierto es que, corriendo con las chispas robadas, se quemó la cola pero, incluso aullando de dolor, siguió corriendo hasta donde los hombres pudieran apoderarse del fuego.

En una latitud tan distante como Mesoamérica, existe asimismo una fuerte ligazón entre los aspectos ctonianos y uranianos del perro. Según los mayas, el perro guía al sol en su curso subterráneo, esto es, representa al sol negro.

En lengua náhuatl, Xólotl significa, a la vez, perro y gemelo”. Es el mellizo de Quetzalcoatl. el dios del relámpago, del juego de pelota y el inframundo, la estrella de la tarde que despierta a la Luz, Por ello. el Padre Sahagún afirma que: el Can es el símbolo del fuegopara los aztecas, la síntesis simbólica del Sol.

La asociación del perro con el fuego estuvo llamada a perdurar largamente, al punto que reaparece en la esfera cristiana como el enviado de Dante: infin che´l veltro verra y el Precursor de la segunda venida de Jesús en Durero. Asimismo, un can que escupe fuego es el emblema de san Dominico, cuyos monjes, los Domini canes, -los perros del Señor– se constituyeron en los heraldos o guardianes de la palabra cristiana.

Más tarde, el avance del autoritarismo patriarcal produjo un giro netamente desfavorable en la visión que se tenía del perro. Asociado al culto de las mujeres a la Gran Diosa, se lo vio como un representante del ígneo Satanás y su corte de diablos. No tardó en caer el más horrible anatema sobre las mujeres que mantenían un buen trato con los perros. Fueron vistos como la encarnación del mal, desatándose contra unos y otras una persecución abyecta. Hay pocos registros históricos similares al ensañamiento, la crueldad y la persistencia con que se llevó a cabo la llamada “caza de brujas.” La tortura y la muerte en la hoguera de cientos de miles de mujeres y animales fue el corolario que usaron los poderes constituidos para tranquilizar las conciencias misóginas.

Cualidades diversas

En el ámbito celta el perro era objeto de todos los elogios y, por su valor, se lo asimilaba a los guerreros. Tanto era así que su héroe vernáculo tomó el nombre de Cuchulainn. “el perro de Culainn”, después de un confuso episodio en el que dio muerte a la perra de Culann. En su homenaje, juró perpetuar con su conducta las funciones del can difunto.

Lo cierto es que los celtas iban siempre al combate acompañados de sus perros y el valor de éstos era tal que, cuando se quería honrar a un guerrero, se lo elogiaba diciendo que era un perro. Y también, como homenaje, se comía ceremonialmente la carne perruna. Precisamente esto fue lo que mató a Cuchulainn que, mediante un geis o juramento había prometido no comer nunca esa clase de carne. Mediante un artilugio, se lo forzó a ingerirla, lo cual lo debilitó de modo extremo, perdiendo prontamente la vida en combate.

Según el islamismo, el perro posee cincuenta y dos características, de las cuales la mitad son santas y la otra mitad maléficas. Una de las virtudes que se le reconocen es la fidelidad: “Si un hombre no tiene hermanos, los perros serán sus hermanos. El corazón de un perro es similar al corazón de su amo.” En sentido opuesto, una tradición que llega desde el Profeta dice que un recipiente en el que haya bebido un perro debe ser lavado siete veces, debiendo ser hecho con tierra el primer lavado.

En general, el Profeta estaba en contra de matar perros, excepto que fueran negros con dos manchas blancas encima de los ojos; en cuyo caso debía ser ultimado porque se trataba de un diablo.

Sarama, la perra del dios Indra, los cinocéfalos egipcios, Cerbero el de tres cabezas y tantos otros son los canes que, con su propia apariencia, o mestizados con la figura humana, vigilan y custodian. La función de guardián del perro ha sido ampliamente reconocida por todas las culturas, sea que velen la entrada del más allá, la entrada de los templos o las puertas de la casa donde habitan sus amos.

La fiel guarda y la inquebrantable compañía de los perros crea en numerosas ocasiones lazos entrañables entre el can y quien lo posee, lazos que comprometen lo más profundo de los sentimientos. Una de las grandes epopeyas de la humanidad, el Mahabharata, relata un episodio muy emotivo que tiene como protagonistas a los Pandava y un perro. Relata la saga que cuando los cinco hermanos comienzan su peregrinaje comienza a seguirlos su perro. Primero hacia el este, luego hacia el sur, más tarde hacia el oeste, a la ciudad de Krishna que se encuentra hundida en el océano, El perro, fiel, los sigue de cerca. Por último deciden cruzar la cordillera del Himalaya por el norte, siempre con el can cercano a ellos. Los Pandava van muriendo, atrapados por el frío eterno de las alturas mientras el perro, incansable, continúa al lado de los sobrevivientes.

Finalmente sólo queda un hermano vivo, Yudisthira; en ese instante se presente Indra montado en un carro refulgente y le ofrece subir al cielo. Yudisthira esboza el gesto de llamar a su fiel acompañante, pero el dios el recuerda que los perros no tienen cabida en el cielo.

Yudisthira, en un gesto que le aseguró un lugar entre las deidades, renuncia al cielo porque no quiere abandonar a su amigo en la soledad y el frío, sellando así un pacto de lealtad más firme que la muerte.

Solidario, comunicativo, noble, el simbolismo plural del perro, tanto en su comportamiento como en sus funciones de intermediación, ha formado parte de diversos métodos de adivinación. Uno de eloos, siempre vigente, es el Tarot. En estas barajas, tres cartas llevan su imagen: el loco, la luna y el diez de oros. En todos los casos, apuntan a las buenas cualidades caninas en distintos grados. En consecuencia, se interpretan en el sentido de la comunicación, de mejorar el entendimiento con el entorno, de no desviarse de las decisiones tomadas y seguir la ruta tomada como el perro sigue al amo.

De leones, zodíacos y perros de paja    

Desde la dinastía Han (206 a.C. 220 d.C) templos, tumbas. palacios y edificios gubernamentales, entre otros sitios, son custodiados por los perros Fu. Estos fuertes canes, originados en la tradición budista, no se reconocen sólo como poderosos guardianes, plenos de valor y energía, sino que son un claro símbolo de la felicidad. Los Fu, que se representan de a pares sexuados, se muestran bajo otra forma: la de leones. Los sabios y legendarios leones de Buda

La estrella binaria Tïen kuan es conocida en China como el Perro Celeste. Es tormenta y meteoro; es el estampido del trueno y el resplandor del rayo. Asimismo, conforme a ciertas tradiciones, los chinos representan el caos bajo la forma de un gran perro, de larga pelambre, que tiene ojos pero no ve, tiene orejas pero no oye y no tiene órganos pero vive.

En sentido inverso, el perro es considerado de buen augurio porque, cuando se presentó el Gran Venerable en el monte T´ai che lo hizo acompañado de un can amarillo. Al igual que en la magia y la alquimia, los distintos colores del perro lo señalan como elemento que se transforma y permite transformarse a los hombres, a los que les presta alas de inmortalidad.

El Perro Celeste, que en realidad es rojo y tiene por enemigo al búho demoníaco, ocupa uno de los doce espacios en que se divide el zodíaco chino.

Los nativos de ese signo son representativos de algunos de los comportamientos del perro: son leales, atados a sus costumbres y comodidades, tanto como a las personas con las que convive. Prefieren no estar solos porque su necesidad de afecto es enorme.

En la China antigua, se fabricaban unos muñecos que imitaban la forma de perros a los que se rellenaba con paja. Estas figuras, utilizadas durante las ceremonias rituales, constituían una ofrenda a los dioses por lo cual se los trataba con sumo respeto.

Cargados de simbolismos, se los reverencia como un elemento efímero, filtros de maleficios que. según Wieger, es imperativo destruir luego de haber completado su uso ritual.

“Los perros de paja existían antes que la ofrenda, guardados en cofres envueltos en bellas telas. Luego de la ofrenda al muerto, son quemados porque, si se los utilizara una vez más, cada miembro de la familia del difunto sería atormentado por pesadillas.” La afirmación de Tchuang-tse remite a la consideración de que los perros de paja pertenecen al dominio del chamanismo y la magia.

En el libro fundamental del taoísmo, el Tao Te Ching, se lee:

Cielo y Tierra no reconocen benevolencia
a las cosas tratan cual perros de paja,
El sabio no reconoce benevolencia
al pueblo trata cual perro de paja.

En una de sus acepciones, “perro de paja” designa a una persona interpuesta, un intermediario. ¿Qué quiere decir entonces Lao tse cuando habla de que las cosas tanto como el pueblo no son sino perros de paja?

“En la concepción de esa otra vertiente mística que es el hinduismo, el universo de lo manifestado carece de densidad propia. En verdad el mundo no es sino maya, perro de paja destinado al sacrificio. Nuestros sentidos no aciertan a traspasar ese tejido de ilusión y, por ende, permanecemos alejados de la realidad última, sumidos en la pesadez de nuestra ignorancia. Creemos firmemente en el mundo porque desconocemos que ciertamente es un “fuelle de herrero” que nada verdadero contiene, un espacio virtual que, vacío, está completo en sí mismo.

Como las rosas del poeta, la existencia nace a la mañana para fenecer al ocaso: hombres, sucesos, cosas no son sino pompa vana. El que ha comprendido realmente que todo carece de sustancia no puede sino tratar con serena indiferencia aquello con lo que acierte a tropezar: ¿cómo aferrarse a una burbuja? ¿cómo alentar lo perecedero?”3

[1] WALTER KRICKRICKEBERG,. Religiosn amérindiennes.– París, 1963

2 JAMES FRAZER, La rama dorada, iMéxco, 1931

3 LAO-TSE. Tao Te Ching. Traducción y comentarios de LEONOR CLVERA. Buenos Aires, 1985.

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JOHN DEE: Entre Isabel I de Inglaterra y los ángeles

El Renacimiento se caracterizó, entre otras cosas, por la aparición de personajes notables. Uno de ellos fue John Dee, cuyas actividades abarcaron desde las matemáticas a la magia, desde la cartografía a la navegación, además de su interés por el teatro, la conservación de libros y los mundos no visibles.

Nació Dee en 1527 en el seno de una familia galesa, que había llegado a Londres para la coronación de quien se hizo llamar Enrique VII, esto es Henry Tudor, fundador de la dinastía que llevaría su nombre.

Entre 1535 y 1546 John asistió al Chelmsford Catholic School primero y al St. John’s College de Cambridge después. Muy pronto se destacó por sus cualidades intelectuales, al punto que fue nombrado miembro fundador del Trinity College y, poco después. Invitado por la Universidad de París a disertar sobre álgebra avanzada.

En el Trinity College, de Cambridge, comenzó también su fama de llevar a cabo prácticas ocultas. Poco después de poner en escena una escenificación de La paz de Aristófanes, comenzó a rodearlo una atmósfera enrarecida, tal vez debido a sus estudios sobre Cornelio Agripa y su Filosofía oculta con quien coincidía que ninguna ciencia puede probar la existencia de la divinidad mejor que la magia o la Cábala.

El clima contrario a sus ocupaciones desembocó en 1555 en una acusación combinada; la primera parte era calcular horóscopos para la reina María, la segunda, empeoraba la imputación con los cargos de asesinar niños o dejarlos ciegos mediante operaciones mágicas. Fue tomado prisionero y llevado al Consejo Privado de la Reina donde el cargo se amplió a traición a María. El juicio se llevó a cabo en la Cámara Estrellada donde Dee se representó a sí mismo, logrando su exoneración. Sin embargo, fue puesto al cuidado del obispo católico Edward Bonner para ser sometido a un examen religioso. Cambios de opiniones entre ambos, conversaciones nunca explicitadas fueron tejiendo un fuerte lazo que devino en una mutua y fructífera colaboración que logró ser perdurable.

Sin embargo, ka envidia y la maledicencia lo convirtieron una y otra vez en objeto de ataques y difamaciones. En 1583 una multitud enfurecida saqueó su casa y en 1594 reaparecieron ls viejas acusaciones de practicar magia con fines no santos.

Admirador de los grandes pensadores de todos los tiempos, Dee se presentó ante la reina María I con un detallado plan para preservar los libros antiguos así como manuscritos y archivos. El ambicioso plan se coronaba con la creación de una biblioteca nacional donde se guardarían los tesoros del saber. Infortunadamente, la propuesta no fue aceptada. No obstante, Dee no desistió de su idea y procuró crear en su casa de Mortlake aquello que le había ofrecido al bien público. Con el correr de los años, la biblioteca de Dee, que no cesaba de aumentar, se convirtió en la más grande de Inglaterra así como en un centro de enseñanza que atrajo a estudiosos de diversos países.

I El Imperio Británico

En 1558 sube Isabel I al trono de Inglaterra. John Dee, que le había señalado el día más propicio para su coronación, se convierte en su asesor y consejero en temas astrológicos y científicos. En la década siguiente actúa como consultor respecto a los viajes de descubrimiento de Inglaterra, brindando sus conocimientos técnicos sobre navegación y sus ideas respecto al rol de Inglaterra en la conquista de nuevos territorios. En este sentido, desde 1570 en adelanto publicó diversas obras en las que desarrollaba sus ideas respecto al fortalecimiento económico y politico de Inglaterra, así como su expansión tanto en el Viejo como en el Nuevo Mundo. En uno de sus tratados sintetizó sus ideas con la creación del término Imperio Británico, que debía expandirse tanto en la conquista de territorios como en el afianzamiento político y comercial

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Retrato de John Dee

Su asistencia a la reina Isabel en distintas esferas se puso a prueba en los avatares de lo que se dio en llamar la Armada Invencible. El monarca español Felipe II planeaba enviar desde Portugal y lo que actualmente son los Países Bajos, una flta de barcos para invadir las Islas Británicas. El fin no era anexar las islas sino destituir a Isabel I, a quien se enmarcaba en una larga lista de cargos políticos, e incluso familiares, contra la corona de España.

Isabel, por consejo de Dee, había continuado la renovación de los antiguos buques, dotándolos de un diseño que los hacía más rápidos y con cubiertas de cañones más largas. Este reacondicionamiento los hacía muy efectivos para enfrentar los pesados barcos de transporte españoles. Sin embargo, en una primera acometida la flota de Felipe pareció sacer una enorme ventajas.

John Dee aconsejó esperar ya que, de acuerdo a sus cálculos astrológicos, pronto se iba a desatar un gran temporal. Tal como el sabio lo previó, las turbulencias marítimas hicieron naufragar muchas naves españoles en tanto las ligeras embarcaciones inglesas pudieron maniobrar con prontitud y así ponerse a salvo. De los 122 barcos que habían alcanzado el Canal de la Mancha, se perdió más de un tercio, lo cual determinó que el duque de Medina-Sidonia, que los comandaba, determinara el regreso del resto de la flota a España sin coronar su misión de derrotar a las fuerzas inglesas.

II El mago

En paralelo a sus trabajos de asesoramiento a la Corona inglesa, Dee continuó sus estudios de la naturaleza tanto como las inquisiciones sobre los mundos espirituales. En una simbiosis propia, muy a tono con las búsquedas de esos tiempos, buscó fabricar criaturas articuladas con el vago anhelo de recrear las condiciones de la vida, sujetas a parámetros geométrico. Matemáticos.

A su entender, las matemáticas ejercían asimismo una enorme influencia en las artes y ls ciencias tanto exotéricas como esotéricas y así lo expresó en su Prefacio a Los elementos de Euclides, obra que tuvo una enorme repercusión fuera de los ámbitos académicos.

No menor repercusión había tenido otra obra escrita por Dee en 1564 cuyo título era Monas Hieroglyphica -La mónada jeroglífica- en la cual se detenía largamente en la interpretación de un glifo de su propio diseño. Las explicaciones, atravesadas por el pensamiento cabalístico, iban en el sentido de expresar la unidad mística de toda la creación.[1]

A pesar de toda su tarea mundana y espiritual, Dee no estaba satisfecho con sus progresos en el desciframiento de los secretos de la naturaleza. En 1582 conoció a Edward Kelly2 quien lo impresionó profundamente por sus talentos, siendo la adivinación el más destacado. Dee tomó a Kelly a su servicio, poniendo odos sus afanes en el contacto con lo sobrenatural. Previamente había empleado métodos como la bola de cristal, sin resultados apreciables.

Bajo la dirección de Dee ambos se sometían a ayunos, purificaciones y un estricto régimen de oraciones antes de celebrar las conferencias espirituales en las que Kelly actuaba como intérprete entre el mundo visible y el mundo de los ángeles.

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En esas comunicaciones, los ángeles le fueron transmitiendo ideas muy sorprendentes para los cánones del siglo XVI; por ejemplo, el abandono de la moral tradicional por un hedonismo sin barreras. Pero la enseñanza más notable que le transmitieron fue la de un sistema de magia especial: el lenguaje enoquiano.

III Los elementos enoquianos   

Enoc3 es un personaje sumamente controvertido. En el Antiguo Testamento se enumera hasta tres Enoc distintos, en tanto que los griegos lo asimilaron a Hermes Trismegisto. Al igual que Hermes, Enoc fue “el primero entre los hombres que nacen en la Tierra que aprendió la escritura, el conocimiento y la sabiduría”, según señala el apócrifo Libro de los Jubileos.

De los diversos textos se desprende que la tarea de Enoc fue la de observar la conducta de la especie humana e informar sobre sus progresos. El eje principal era que los ángeles ya no se unieran a las hijas de los hombres, tal como había ocurrido. Enoc y quienes lo acompañaban -los Vigilantes- tenían asimismo orden expresa de la divinidad de no interferir en la evolución humana. Sin embargo, optaron por desafiar las directrices recibidas y entregar a la raza human toda la riqueza de su conocimiento. Así les revelaron el arte de construir ciudades, los signos del cielo para que pudieran conocer las estaciones y discernir su futuro así como los libros y la escritura. El intertestamentario Libro de Enoc sostiene, sin embargo, una visión apocalítica del porvenir, anunciando la derrota futura “de los opresores y reyes de la tierra”

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El alfabeto enoquiano

En las comunicaciones -llamadas también “acciones”- de John Dee con entidades no visibles, Enoc ocupó un lugar descollante. Fue este ángel quien lo introdujo en algunos de los arcanos de acá, de allá y del más allá, A ese fin le facilitó un sistema de magia, en extremo complicado, compuesto de cinco elementos básicos:

a) un alfabeto enoquiano de veintiuna letras.
b) diecinueve “llaves” o “llamadas” esto es, invocaciones en lenguaje enoquiano.
c) traducciones de las invocaciones
d) diversos conocimientos ocultos.
e) más de cien cuadrados de letras, compuestos hasta por dos mil cuatrocientos un caracteres, con instrucciones precisas para su uso.

El lenguaje enoquiano no constituía una jerga disparatada sino que era un verdadero idioma con gramática y sintaxis propia. Hubo quienes opinaron que se trataba de una versión del lenguaje de la desaparecida Atlántida.

Munido del valioso instrumento enoquiano, Dee y Kelly partieron para el Continente donde, durante seis años, dieron conferencias espirituales, rigurosamente registradas por Dee. Tras una confusa orden de los ángeles, transmitida por Kelly, de que ambos debían compartir sus esposas, la relación entre ambos llegó a su fin y Dee volvió a Inglaterra.

En Mortlake encontró que su su valiosa biblioteca había sido saqueada y que se hallaba casi en ruinas. Luego de un período como director del Christ`s Collage de Manchester, acabó sus días en su lar natal a finales de 1608 o comienzos de 1609.

Sus comunicaciones espirituales, y el método que empleó, permanecieron largo tiempo en el olvido. Siglos después sirvió de inspiración a rosacruces y alquimistas tanto como a magos y literatos.

[1] Hay quienes sostienen que el código 007, usado para referirse a James Bond, es una derivación del glifo de Dee.
2 En ese entonces respondía al nombre de Edward Tallvot.
3 La palabra admite distintas grafías: Enoc, Enoch o Henoch

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EL ZEN Y LA CEREMONIA DEL TE

Las expresiones artísticas quizá sean el mejor testimonio del alma de un pueblo. Allí aparecen reflejados los usos y prácticas de las gentes tanto como los senderos subjetivos. Gozos y pesares, ambiciones y derrotas, conquistas y pérdidas, glorias y fracasos presentes y pasados van dejando su huella a la par que los sucesos cotidianos, el devenir de la vida pública o las aspiraciones a futuro. Y, junto con ese macizo, o mediante sus partes, se va manifstando una visión particular del mundo. La estructura de ideas y creencias en que necesita apoyarse todo grupo humano.

La cultura japonesa no constituye la excepción a la regla de desnudar su espíritu en el arte. Antes bien, el sentido estético que la alienta se entrelaza de tal modo con su concepción del cosmos que resultan, en cierto modo, indivisibles. Por ende, el horizonte tradicional de las bellas artes –pintura, poesía, música, escultura- se vio enriquecido con el agregado de nuevos campos: la jardinería, la esgrima, la caligrafía, el tiro al blanco con arco y flecha. De ese conjunto expresivo tal vez la manifestación más conocida por los occidentales sea la ceremonia del té.

La ceremonia del té se halla estrechamente emparentada con el budismo Zen. Por consiguiente, para capturar en lo posible lo que verdaderamente acontece durante el transcurso de este ritual, no puede sino hacerse referencia, aunque sea someramente, a los fundamentos del budismo Zen.

Llegado de la India, en China el budismo, a la luz del taoísmo y la doctrina de Confucio, había visto multiplicarse las sectas que desarrollaban diferentes aspectos de las enseñanzas del Ilumunado. Entre ellas, hubo una que tomaría el nombre de Buddharidaya o “Doctrina del corazón de Buda”. Esta denominación escolástica encerraba una práctica de meditación que es, simultáneamente, una nueva percepción del universo y el logro de un estado trascendente, La disciplina que inauguró fue conocida como ch´ana que significó “ realmente una contribución única del genio chino a la historia de la cultura mental y a los japoneses se debió que se mantuviera escrupulosamente el verdadero espíritu del Zen y que se perfeccionara su técnica.”[1]

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El budismo penetró tempranamente en Japón, pero no fue sino hasta el desarrollo del feudalismo, en el siglo XII, que cobró la importancia que habría de mantener hasta la actualidad.

Desde su ingreso en el Imperio, produjo una verdadera revolución. Ante todo, le dio a Japón la unidad de creencias y sentimientos de que había carecido puesto que el shinto vernáculo no tenía un credo especial ni un clero específico. Asimismo, le proporcionó la idea de un salvador personal con la figura de los bodhisattva y la cuasi certeza de la inmortalidad individual.

 La doctrina

Los seguidores ortodoxos del Zen remontan su rigen a un episodio en la vida del Buddha histórico. Se dice que cierto día se hallaba Sakya-muni en el Monte del Buitre predicando ante una asamblea de fieles. En esa ocasión, para explicar el tema, se limitó a levantar ante sus ojos una flor dorada que le había obsequiado uno de sus discípulos laicos. Nada dijo. Permaneció en un silencio que los discípulos no osaban quebrar aunque no comprendían el gesto. Por último. el venerable Mahakasyapa le sonrió al Maestro.

El Iluminado, percibiendo que el anciano había comprendido perfectamente, dijo: “La pitaka2 del Ojo de la Verdadera Ley, que carece de nacimiento y de muerte, forma cierta de lo sin forma y gran misterio de lo que se expresa más allá de las palabras, a ti te la confío ¡oh Mahakasyapa1 Acéptala y pásala a la posteridad.”

Mahakasyapa se convirtió en el primero de una serie de veintiocho patriarcas que se fueron transmitiendo la enseñanza hasta la llegada de Bodhidharma a China. Allí se le agregó la palabra ch’ana -meditación- para señalar ciertas diferencias con otras orientaciones.

Alrededor del siglo XIII el budismo comenzó a perder en China su impulso inicial mientras que en Japón se afianzaba a través, de la secta Soto y la Rinzai, entre otras, donde la palabra ch’ana tomó la forma de zen’na

Las raíces búdicas, extendiéndose en miles de floraciones, conservaron el vigor que le prestara el Buda Sakyamuni. La fuerza y el peso de la tradición avalaron las cuatro propuestas aportadas por Bodhidharma: 1) Transmisión especial del conocimiento fuera de las Escrituras: 2) No dependencia de las palabras o la letra escrita: 3) Señalamiento directo al alma del ser humano: 4) Comprensión de nuestra naturaleza.

El propósito de estos cimientos establecidos por Bodhidharma -vigésimo octavo patriarca indio y primero de la China- se pretendía llegar a la abolición de los opuestos en el Gran Vacío. Este salto de la mente hacia un estado allende la lógica y la bipolaridad, , hubo de recibir el nombre de satori. Experiencia mística liberadora, el satori que pertenece, en rigor, al territorio de lo inefable, configura la adquisición de “un nuevo punto de vista para observar dentro de la esencia de las cosas”. Vale decir, se trata de un estado, por lo general fugaz, que ilumina al ser y la conciencia, fusionándolos en la gran unidad de todo lo creado y lo no visible.

“Un día sin trabajo es un día sin comida”, afirmaba rotundamente el maestro de Zen Hyakujo y cierta vez completó el principio al agregar: “sin trabajo no hay vida”, tras lo cual se negó a comer porque no le permitían trabajar. La afirmación de Hyakujo va en el mismo sentido que las de otros Patriarcas, tales como “la vida es la enseñanza”, “ir, estar, sentarse o recostarse constituyen la enseñanza sagrada”. Todas ellas contienen los gérmenes de aplicación a la existencia cotidiana de los ideales Zen.

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Nada importan los conceptos o la abstracción: lo que interesa es ponerse en relación directa con lo existente. La doctrina sin experiencia nada vale: es letra muerta, cuerpo exngüe. Aun cuando el Zen se valga de los koan -frases en apariencia in inteligibles- y los mondo –preguntas que requieren respuestas únicas- al momento de transmitir el conocimiento no cesa de recordar que ambos no son sino meros instrumentos para arrancar la mente de la esfera binaria en que se halla atascada. Porque el Zen no depende de lo verbal sino que señala directamente al alma mediante la práctica de los hechos. Por eso los métodos de enseñarlos pueden parecer tan excéntricos como los garrotazos que los maestros suelen descargar sobre la espalda de los discípulos. Tod vale para descorrer la hsin, el velo personal que nos oculta la Esencia. de la mente y nos impide conocer nuestra verdadera naturaleza trascendente.

La práctica del Zen procura separar la mente del neófito de su adherencia a las leyes superficiales de lo cotidiano, introduciéndola luego en la esfera de la no mente. “Vivimos en un mundo de discriminación: el satori no-discriminación, de la dualidad que se convierte en unidad, aunque siga siendo vista como doble.”3

Una anécdota Zen aclara qué significa la percepción dual unificada diciendo que, antes de la experiencia trascendental, los árboles son árboles y los ríos, ríos. Durante el tránsito de la experiencia, los árboles son ríos y los ríos, árboles. Al final, las cosas vuelven a ocupar sus lugares corrientes, siendo los árboles nuevamente árboles y los ríos, ríos. Lo que ha variado es el enfoque: se ha podido llegar a la unidad primordial, se ha podido percibir la igualdad de todo, de modo que se alcanza a reconocer la misma sustancia en cada cosa y cada ser cuando se torna a descender al mundo de los opuestos.

La incorporación de la perspectiva Zen permite continuar sosteniendo la singularidad pero siendo, a la vez, parte de cuanto rodea a la criatura humana. El sabio Shih-shuang decía: “Los cuatro elementos y los cinco agregados (que componen la personalidad) ya no se sienten como cargas; es que está tan liviano, cómodo y libre…Tu existencia misma se liberó de todas las limitaciones; te tornaste abierto, ligero y transparente. Logras una intuición iluminadora dentro de la naturaleza misma de las cosas que es el rostr original de tu ser.” Lo manifestado traspasa lo manifiesto y se torna uno con los otros “rostros originales”, esto es, con aquello que todavía no ha adquirido el rostro último.

Sabi, wab, shibumi: tres grafías para expresar la clave del Zen; pobreza, despojamiento, soledad. Desposeerse de lo superfluo para advenir a lo esencial. Soledad que no es sino una entrada a la apreciación del misterio de lo absoluto. El arte japonés habría de recoger extensamente el ideal Zen de no posesión, poniendo en acto la interacción entre lo interno y lo exterior.

Afirma Laurence Binyon, que en el Zen “todo el énfasis recae en la vida interior y la comunicación de las ideas se reduce a sus formas más simples y desnudas. La magia verbal de los haiku, la pintura sumiye la asimetría de los jardines casi vacíos, la decoración de las casas, la elegancia de la vestimenta, el “camino de las flores” del ikebana traducen los ideales Zen y los completan con su belleza.

Por la aguda profundidad que encierra su sencillez, la ceremonia del té reviste particular atracción y significado entre las múltiples formas de aplicación del Zen.

La puesta en acto

El maestro Hisamatu Shib’ ichi hizo elevar a siete los caracteres del arte Zen. Estos son: asimetría, simplicidad, austeridad, sutileza, libertad absoluta, serenidad y naturalidad. Ninguno de ellos está ausente en la ceremonia del té. Allí una flor silvestre en un vaso, una pintura, el ruido del agua que hierve o el té deslizándose en las tazas cobranuna hondura reveladora. Bada debe interferir en esta “adoración de la belleza en los actos cotidianos”, como la define Okakuro Kakuzo. Y así debe ser porque lo que se procura valorar no son los conceptos, símbolos o representaciones sino los hechos mismos de la experiencia.

Todo el aparato que rodea al simple hecho de beber té en compañía habla del gusto por la regulación de los actos que los japoneses heredaron de los chinos. No obstante, su valor no se limita a revivir un gesto codificado desde centurias atrás. Por el contrario, apunta a aprehender la instantaneidad del presente, a borrar las diferencias del ayer, hoy y mañana que erige la razón dualista. El objetivo El objetivo es lograr que la conciencia repose en la no-mente de un aquí y ahora perpetuo.

La secuencia de la ceremonia, aunque pre-ordenada, deja lugar a la sugestión. Si así no fuese, no habría libertad, no habría misterio a develar y la mente no lograría sortear los condicionamientos espacio-temporales. En cambio, lo que se busca con la materialización de la ceremonia concreta es que desaparezca precisamente toda barrera y la mente pueda descansar en el vacío de la pura abstracción.

A través de los ademanes medidos y el manipuleo sereno de los objetos, el celebrante logra que se vayan diluyendo los tres fuegos del odio ,la lujuria y la ilusión. Así, cumpliendo exacta y ordenadamente los distintos pasos de ese ritual privado, pacífico y solidario, tal vez la mente logre finalmente captar el estado en que se diluyen las coordenadas de las antítesis. Habrá nacido entonces la conciencia Zen en que “no hay ni yo ni otro” porque cuando se encuentra “la identificación directa sólo podemos decir no-dos”4

Y si acaso los que celebran una ceremonia del té mo alcanzan a llegar al punto de adquirir la iluminación, siempre encontrarán consuelo al pensar que ya es algo “hallar en este mundo de luchas y vanidades, un rincón, por más humilde que sea, donde podemos elevarnos por encima de los límites de la relatividad e incluso tener un vislumbre de la eternidad.”

REFERENCIAS:

1 DAISETZ TEITARO SUZUKI. Introducción al budismo Zen. Buenos aires, 1978. Las citas,sigientes, salvo afirmación en contrario, pertenecen a esta obra.
2 La pitaka es la recopilaciónde las Escrituras budistas.
3 XHRISTMAS HUMPREY. El budismo Zen. Buenos Aires, 1982
4 Estas palabras son de un gatha budista.

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TEMPLARIOS: SIETE SIGLOS DESPUÉS

La historia de los templarios es un complejo entramado de mentiras, tremendas ambiciones personales, falsas acusaciones y, sin lugar a dudas, de búsquedas espirituales. Todo empezó en 1118 o 1119. Tras la Primera Cruzada, nueve caballeros franceses, liderados por Hugo de Payens, fundan la Orden del Temple. Así desde el inicio mismo, la Orden muestra, y a la vez oculta, un plano de misterio, ya que el nueve. según los pitagóricos, es el alfa y el omega, la cifra del hombre, del ser caído, pero también del logro supremo.
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San Bernardo de Claraval le dio el respaldo de su prestigio, que era enorme –al punto que lo llamaban el segundo Papa- a esta orden cuya regla era similar a la de los agustinos. Estos monjes-guerreros, que pelearon con Ricardo Corazón de León, mantenían los caminos limpios de malhechores y asaltantes. Los peregrinos a Tierra Santa, agradecidos, les ofrecían numerosas donaciones. Más tarde les confiaron en guarda sus bienes. A diferencia de las órdenes mendicantes, los templarios terminaron por manejar grandes sumas de dinero. De esta manera se fueron convirtiendo en una suerte de banca que con frecuencia prestaba sus ganancias, incluso a la Iglesia, a intereses relativamente módicos.
Asimismo, emplearon sus riquezas en construir un rosario de castillos y catedrales, estratégicamente ubicadas a lo largo de Portugal, España, Francia, Inglaterra, Alemania, Hungría.

1. Las intrigas

Al ascender al trono Felipe IV se encontró con un tesoro exhausto. Normandía se negaba a pagar el tributo que le habían impuesto y, por otra parte, su país tenía grandes deudas con los templarios adquiridas, entre otros motivos, por el préstamo que su abuelo Luis IX solicitó para pagar su rescate tras ser capturado en la Séptima Cruzada. Asimismo, invertía enormes sumas en su deseo de un Estado fuerte, con el rey concentrando todo el poder
La mirada codiciosa de Felipe “el Hermoso” hubo de posarse entonces sobre estos intrépidos caballeros. Varios factores contribuyeron a que atrajeran la atención real. Se negaron a contribuir al rescate de san Luis, se declararon a favor de Aragón contra la casa de Anjou y se jactaban de haber destronado a Enrique II a la par de recordarle a su sucesor:: “Seréis rey mientras seáis justo.”
La muerte de Bonifacio VIII le permitió a Felipe incidir para que se eligieran papas franceses; primero Benedicto XI y luego Clemente V. La influencia y el poder del monarca, unido a la personalidad maleable de Clemente, hizo que éste obedeciera la orden de retirarse con su corte a Aviñón donde permaneció virtualmente prisionero.

Los viajes a Tierra Santa y las prolongadas estadías en esos territorios permitieron que los templarios se pusieran en contacto con las culturas del Cercano Oriente. Su acervo simbólico, de por sí extenso, se vio enriquecido con los aportes de las cosmovisiones no cristianas. Su contacto con los ismaelitas, su lento abandono de las prácticas guerreras por sendas más espirituales llenaron de sospechas la mente de los poderes constituidos -sin olvidar, por supuesto, la rivalidad que despertaba su manejo inédito del dinero.
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Por otra parte, la Iglesia comenzaba a obsesionarse con la figura del Diablo. Pronto corrieron los rumores de que los templarios realizaban extraños rituales de magia, que siempre se aparecía un gato en sus asambleas, que veneraban a ídolos de tres caras y que adoraban a una figura que les proporcionaba grandes riquezas y que se denominaba Bafomet.

En su momento, Clemente presionó para que el Gran Maestre Jacques de Molay aceptara el proyecto de fusión de las órdenes militares bajo un único rey soltero o viudo (Proyecto Rex Bellator, impulsado por el gran sabio Ramón Llull), La negativa del templario, junto con las acusaciones que circulaban, presagiaba un destino aciago para la Orden.
Felipe, aprovechándose de la debilidad del Sumo Pontífice, se apresuró a transmitirle a Clemente los rumores que corrían sobre las actividades secretas de los templarios. Y, junto con los rumores, llegó el pedido de iniciar una inquisición contra el Temple. Sin embargo, antes de que comenzara el proceso, Felipe, aconsejado por su ministro, Guillermo de Nogaret, dio orden de arrestar a todos los templarios.
“El 12 de octubre de 1307, a la salida de los funerales de la condesa de Valois, Jacques de Moley, gran Maestre de la Orden, junto con su séquito, fueron apresados y encarcelados, al tiempo que se ponía el sello real en sus bienes, so pretexto de la inquisición.
Felipe acusó a los templarios de varios delitos, entre otros, negar a Cristo y escupir sobre la cruz, practicar magia negra, estar en contacto con los musulmanes, adorar a un ídolo llamado bafomet al que le besaban el trasero, y practicar la sodomía y la homosexualidad.
Monjes y prelados de probada fidelidad al rey convencieron a Clemente de que debían ser juzgados por la Inquisición El tribunal eclesiástico recurrió a la tortura para obtener las declaraciones que probaran la culpabilidad de los templarios: se les arrancaron los dientes, se les colgaron grandes pesos en los genitales, no les daban de comer, se los suspendía durante largo tiempo de las muñecas, se los mantenía con fuego bajo los pies. Varios murieron, otros se suicidaron y una gran cantidad se confesó culpable. Estas confesiones quebraron la frágil resistencia que oponía Clemente para ordenar un proceso contra la Orden en todo el mundo. Mediante la bula Faces misericordiam de agosto de 1308, ordenó formar comisiones presididas por el obispo y seis monjes para efectuar las investigaciones. Mientras el escándalo cundía en toda Francia, sin esperar el resultado de los procesos, los templarios fueron llevados a la hoguera.

La Orden fue abolida en 1312, junto con el reparto de sus bienes. Por la bula Ad providam Clemente V se los otorgó a los caballeros de San Juan de Jerusalén: sin embargo, Felipe también obtuvo importantes beneficios: no sólo no devolvió el dinero que le debía al Temple alegando que los cánones prohibían pagar deudas a los herejes sino que se presentó como acreedor de grandes sumas que hubieron de pagarle los sanjuanistas.”
Digamos, de paso, que el insaciable Felipe el Hermoso confiscó asimismo los bienes de los judíos a quienes expulsó de sus dominios en un número cercano a las cien mil personas.
En cuanto a los cuatro máximos dirigentes, con Jacques de Molay a la cabeza luego de ser tomados prisioneros fueron sometidos, como los demás, a torturas innumerables. El Gran Maestre se confesó culpable de los cargos que le imputaban. La lectura de la sentencia fue llevada a cabo delante de la catedral Notre Dame de París en marzo de 1314.
A pesar de que se prometía sólo la cárcel a perpetuidad a quienes se declararan culpables o arrepentidos, el veredicto final fue sentenciarlo a la hoguera.

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Ante los delegados pontificios que leían la lista de sus crímenes, de Molay recuperó el coraje e interrumpió a los delegados pontificios que leían la lista de sus crímenes para exclamar: “¡Nos consideramos culpables, pero no de los delitos que se nos imputan, sino de nuestra cobardía al haber cometido la infamia de traicionar al Temple por salvar nuestras miserables vidas!” Ese mismo día, de la Candelaria, 18 de marzo de 11314, se alzó al atardecer una enorme pira en la Isla de los Judíos.
Atado a la estaca y poco antes de ser consumido por las llamas de Molay lanzó esta maldición: ‘Dios sabe que se nos ha traído al umbral de la muerte con gran injusticia. No tardará en venir una inmensa calamidad para aquellos que nos han condenado sin respetar la auténtica justicia. Dios se encargará de tomar represalias por nuestra muerte. Yo pereceré con esta seguridad.’ Antes que transcurriera un año se cumplió la profecía con la muerte de Felipe IV y Clemente V. “

Los templarios nunca desaparecieron por completo sino que continuaron reuniéndose en la clandestinidad para explorar nuevas y viejas sendas espirituales. Seguros y poderosos, tal como la semilla duerme en la tierra hasta volver a germinar, los templarios volvieron a surgir de la oscuridad en un inédito florecimiento.
Ante su creciente influencia, la Iglesia, mediante ese juego fascinante y terrible, pero nada ingenuo, entre la memoria y el olvido, la Iglesia ha vuelto sobre sus pasos. . Si bien no reconoce su propia responsabilidad, en los juicios llevados a cabo siete siglos atrás, al menos reivindica a los templarios y sus prácticas e ideas sosteniendo que no constituían una herejía.
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Mediante los responsables del Archivo Vaticano, la Iglesia publica el 25 de octubre de 2007 el documento Processus contra Templarios que establece, entre otros puntos, que el papa Clemente V no estaba convencido de la culpabilidad de la orden, que ésta nunca fue condenada sino disuelta, que el papa no consideraba que los templarios fueran herejes, que Jacques de Molay y el resto de los templarios arrestados, fueron absueltos por el Santo Padre luego de ser ajusticiados o quemados vivos y que, en definitiva, el proceso y martirio de templarios fue un “sacrificio” para evitar un cisma en la Iglesia católica, que no compartía las acusaciones del Rey de Francia, y muy especialmente. de la Iglesia francesa.
¿ Habrá entonces alguna esperanza de que llegue el momento histórico en que la Iglesia reconozca otras graves equivocaciones, especialmente la terrible y despiadada persecución efectuada durante siglos contra el género mujer en la persona de las mal llamadas brujas ?

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