JULIO CÉSAR FORCAT

Crisis de la modernidad y de la subcultura tecnológica

Marechal y Azcuy : Analogías y continuidad

Las vidas y las obras de Leopoldo Marechal y de Eduardo Azcuy fueron vidas y obras paralelas que merecerían un estudio comparativo detallado que señale las analogías que existen entre ambos autores y trace la línea de continuidad que, partiendo de Marechal, se refleja, se desarrolla y asume nuevas facetas en la obra de Azcuy. Marechal y Azcuy fueron autores de elevada integridad y clarividencia, no fueron anulados por las tendencias uniformadoras contemporáneas y se destacaron con colores intensos contra el horizonte gris de la modernidad; ambos poseen sin duda una bien fundada autoridad para opinar sobre la crisis de la modernidad. En el presente trabajo estudiaremos principalmente dos obras de estos escritores : El Poema de Robot, de Marechal, (Washington 1963) y  Juicio ético a la revolución tecnológica, de Azcuy (Buenos Aires 1994)

Trataremos de establecer las afinidades existentes entre estas dos obras y de reconocer al mismo tiempo la secuencia que, partiendo del Poema de Robot, renace en los ensayos reunidos en el libro de Azcuy.

Son varias las razones que justifican la composición de este estudio. En primer lugar, porque se requiere un trabajo permanente de actualización del pensamiento de Leopoldo Marechal para las nuevas generaciones, que tengan en cuenta las evoluciones históricas más recientes. En segundo lugar, porque hace falta reconocer quiénes son los escritores que, sin perder su originalidad y su valor independiente, continúan por diversos caminos la obra que inició Marechal para la superación de la crisis de la modernidad. El ensayo fundamental de Juicio ético a la revolución tecnológica, titulado La revolución científico-tecnológica, publicado por primera vez en Buenos Aires en 1987, tiene su antecedente y su raíz más profunda en la visión poética, especialmente en la visión poética de Marechal. Es revelador que el ensayo central del libro de  Azcuy tenga como epígrafe fragmentos de dos estrofas del Poema de Robot:

Pienso en mi alma: el hombre que construye a Robot
necesita ser primero un Robot él mismo,
vale decir podarse y desvestirse
de todo su misterio primordial

Por lo cual, en presencia de Robot,
y  cuando el pedagogo ya iniciaba el discurso,
yo le arrojé a la boca
mi puñado de arena.

En los primeros versos, Marechal advierte (y nos advierte) que Robot es un reflejo de la mente humana, una creación mental humana y que, por lo tanto, el conflicto del ser humano con la máquina sólo podrá resolverse mediante el desarrollo espiritual y el autoconocimiento, único camino que tiene el hombre robotizado para recuperar la esencia de la vida humana. En la siguiente serie de versos, el poeta, después de meditar largamente en el desierto, ejecuta la sentencia que implica la negación y la destrucción de Robot sin permitirle hablar, porque ya sabe que el discurso de Robot no es auténtico y que, por consiguiente, no promueve la comunicación; porque sabe que el discurso de Robot es mera palabrería racionalista, una dialéctica infernal tendiente a promover y medir el vacío (estrofa 25), un simulacro de la palabra verdadera, del mantra del Verbo, mediante el cual se comunican todas las consciencias.

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El poeta que destruye a Robot rechaza los aspectos infernales de la ciencia y de la técnica modernas sin por eso desconocer el lustre de metales alquímicos (estrofa 26) que reside en potencia en la materia prima de los laboratorios, sin por eso olvidar que, el que destruye a Robot vuelve a mirar el rostro perdido de la ciencia (estrofa 3), de una ciencia sagrada de origen espiritual, una ciencia que comprende que no es bueno descender a la materia / sin agarrar primero los tobillos del ángel (estrofa 8).

La reforma de la ciencia moderna es la base de la superación de la crisis de la modernidad. Esta es la razón por la cual Marechal dedica varias de sus obras a criticar la subcultura tecnológica. Entre estas obras sobresalen; El Poema de Robot, El Poema de la Física y el ensayo Manual del astronauta, si bien la crítica de la modernidad y de la revolución tecnológica está implícita en todas las obras de Marechal.

Es posible reconocer tres etapas en el desarrollo del Poema de Robot. En la primera, el poeta reconoce con claridad la esencia de Robot, el objeto de la negación. En la segunda, el poeta descubre sus ilimitadas posibilidades espirituales. En la tercera, el poeta, restaurado en su dimensión espiritual, medita la muerte de Robot, un gesto ritual (estrofa 26) y un acto de justicia (estrofa 24) necesarios para restablecer el equilibrio perdido en el planeta y en el universo. Después de la destrucción de Robot el aeda declara cuál había sido su intención:

Y si escribí el Poema de Robot
no fue tras un reclamo de la literatura
sino con la pasión de alertar a los hombres
que pueblan el infierno de Robot
y en la materia crasa de sus laboratorios
han sospechado un lustre de metales alquímicos.
Gloria al Señor, paz del Señor. Amén.
(estrofa 26)

En estos últimos versos del poema, el poeta indica que la superación de la crisis de la modernidad sólo es posible mediante la reforma de la ciencia moderna, mediante el despertar de una nueva Alquimia.

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En el ensayo de Azcuy es posible reconocer etapas similares a las que hemos descubierto en el Poema de Robot. En primer término, Azcuy describe la situación reinante en la era tecnológica desarrollando los siguientes temas : Los alcances de la crisis, La idolatría del progreso, Cambio tecnológico y totalitarismo, De la consciencia objetiva a la consciencia artificial. En segundo término, el pensador presenta y actualiza para nuestra época la visión poética del mundo, a la cual considera fundamento de todas las culturas del mundo. Esta visión poética del mundo es un lenguaje simbólico ligado indisolublemente a la experiencia  mística, espiritual (pag. 51-52). La visión poética de Azcuy y la figura de Amarylis, que representa a la poesía espiritual en el Poema de Robot, se corresponden. En una tercera etapa, Azcuy, basándose en la visión poética del mundo que explica en la sección titulada Visión poética y concepción científica (pag 49), prepara la destrucción de los aspectos infernales de la tecnología y de la ciencia modernas en las secciones tituladas Ciencia abierta y reduccionismo científico, Física y poesía: de la ciencia a la Gnosis, Lo científico y lo moral  y Tecnologías para la muerte y pronuncia como corolario el juicio ético a la modernización tecnológica, que contiene una propuesta para la superación de la crisis de la modernidad mediante la reforma de la ciencia moderna, el progreso político, la consciencia cultural, el desarrollo interior y la búsqueda del Hombre Nuevo (p. 65). Esta propuesta incluye la esperanza de que Latinoamérica pueda desempeñar un rol fundamental en el proceso de superación de la crisis de la modernidad (sección titulada Reorientar el proceso de cambio: la actualización creativa).

La idea de la necesidad de un juicio ético a la revolución tecnológica ya aparece formulada sintéticamente en las estrofas 11 y 24 del Poema de Robot:

Más tarde, cuando al fin hube reído
sobre la ya desecha cabeza de Robot,
entendí una verdad cuya justicia
me pareció un elogio de todas las balanzas.
A medida que pierde o niega el hombre
sus instrumentos de intelección,
se recata y mezquina la natura
en su fresco esplendor inteligible.
Si negaras al ángel su posibilidad,
te ha de esconder el ángel su pluma voladora.
 De tal modo la rosa que miraba David
no es la rosa que mira la Botánica.
Y eso no está en la ciencia de Robot,
sino en la epifanía de su muerte.
(estrofa 11)

Pero ya meditaba la muerte de Robot,
según un plan cruel en su justicia.
Entonces, de camino,
recogí en el erial
un puñado de arena
(estrofa 24)

En los dos primeros versos de la estrofa 11 se actualiza la celebración de la muerte de Robot, anticipando así la conclusión del poema y enfatizando el carácter judicial del desarrollo poético. En los versos siguientes, la palabra justicia está relacionada con balanzas.  Balanza significa aquí el juicio correcto y equilibrado que permite al poeta comprender que el poder de Robot es una consecuencia del obscurecimiento de su propio intelecto y la negación de las posibilidades superiores del ser. En los versos arriba citados de la estrofa 24 se afirma que la sentencia que ordena la muerte de Robot es el resultado de la meditación. El acto de justicia con que concluye el Poema de Robot no es el resultado de la aplicación de un código penal, sino que surge de la meditación sobre la esencia última de la realidad.

¿Qué significado tiene la palabra juicio en las obras de Marechal y Azcuy que estamos examinando? En un sentido general, juicio es el resultado del acto de juzgar, que consiste en afirmar o negar algo de algo (Aristóteles:Perí hermeneías, parágrafo 5)  Un juicio puede ser afirmativo o negativo, favorable o desfavorable. Es evidente que el juicio que emiten Marechal y Azcuy sobre la modernización tecnológica es negativo. Es un juicio con connotaciones tecnológicas, un juicio divino o final cuyo resultado es la negación o la condena de los aspectos infernales, destructivos o demoníacos de la tecnología y de la ciencia, y la afirmación o salvación de los valores éticos y espirituales.

Azcuy justifica el juicio ético a la modernización tecnológica alegando que la tecnología no es éticamente neutra, que no es puro instrumento, sino que lleva en sí algo del fin, a manera de prefiguración o predeterminación, que aumenta en la medida de la especialización del medio (p. 63). La técnica privilegia los principios de eficiencia y eficacia y causa así la alienación del ser humano, que se reduce a ser operador de fenómenos mensurables y situaciones previsibles (p. 64). Este desarrollo está determinado por la convicción de la excelencia de la novedad tecnológica, la seguridad de que por esa vía-la modernización incesante- se avanza decididamente al estado óptimo (p.64) Algo similar había afirmado Marechal al referirse a la ética implícita en la producción de máquinas:

La ética del hombre-robot es la de funcionar bien, como una máquina (El banquete de Severo Arcángelo, Buenos Aires 1980, p.254)

El Gran Macaco ha de imponer a sus robots una moral al revés, pero tiránica al extremo, así como él mismo es un mesías al revés.

-¿Una ética?- le pregunté yo desconcertado.

– Una ética de robots, naturalmente- me respondió Jonás-¿Cuál es la ética de una máquina ? La de funcionar bien. (ibidem)

Azcuy, por su parte, comprueba la absoluta incapacidad de los pseudo valores de eficiencia, competencia y lucro para fundar un destino propiamente humano (p.64).

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Después de echar de la escena histórica al capitalismo y al comunismo, el Gran Mono construirá el paraíso mecánico de Robot,  (p. 282). vaticinó Marechal en El banquete de Severo Arcángelo Marechal denomina mono al Anticristo por tener éste, como el mono, una extraordinaria movilidad y capacidad de imitar. El Anticristo imita a Cristo para usurpar su lugar (Alfred Jeremias: Der Antichrist in Geschichte und Gegenwart, (Leipzig 1930). En Latinoamérica ya se está construyendo el paraíso mecánico de Robot, y esto causa la pérdida de la identidad cultural, impide el acceso a lo universal y amenaza convertir a los pueblos latinoamericanos en conglomerados abstractos de consumidores satisfechos (Azcuy, p. 67). Azcuy indica además que en el mundo actual el consumismo predomina  no sólo en las élites, sino también en los conglomerados populares (p. 17).

La esencia demoníaca de Robot

En las estrofas 1,4, 16 y 17 del Poema de Robot, Marechal reconoce la esencia del ser que será negado en las estrofas siguientes:

Robot es un imbécil atorado de fichas,
Hijo de un padre zurdo y una madre sin rosas.
(Estrofa 1)

… Pero Robot, mirado en sus cabales,
era un hijo brutal de la memoria
y un archivista loco respondiendo a botones
o teclas numerados por la triste cordura.
(estrofa 4)

 En adelante se me fue aclarando
La diabólica esencia de Robot :
oculto tras las hojas de parra de la industria
era la imitación de un demonio perfecto.
(estrofa 16)

…En el fondo, tal era la traza de Robot :
era el “no ser” disimulado
con mil astucias de ingeniero…

En Tecnologías para la muerte, parte del ensayo central del libro de Azcuy, se reconoce también la esencia demoníaca de Robot, vale decir su tendencia a promover la destrucción y la muerte:

… La lógica del laboratorio y la lógica militar van unidas, en cierta medida, al rechazo de lo que se presenta como singular, diferente, personal, de todo lo que se revele como no-identificado o heteróclito.

De ahí la afinidad metodológica entre ciencia y guerra. (p. 61)

 Robot preside la educación del hombre moderno

En las estrofas 3, 7 y 23 del Poema de Robot se revela que la educación del ser humano moderno ha sido confiada a Robot:

A Robot entregaron mi puericia,
y en esa hora sollozó un arcángel
y se rió un demonio.
(estrofa 7)

Un día mis tutores, fieles a la Dialéctica,
me confiaron al arte de Robot.
Mis tutores murieron: eran santos idiotas,
Yo he regado sus tumbas con yoduro de sodio.
(
estrofa 3)

También Azcuy afirma que la educación del ser humano contemporáneo ha sido confiada a Robot y constata que la subcultura tecnológica trata actualmente de reemplazar a la auténtica cultura:

Las nuevas”luces” provienen de la cultura informática y avanzan hacia la pura racionalidad de software para 1990. Se acentuará entonces una tendencia irreprimible hacia las carreras técnicas, en detrimento de las humanidades. La ingeniería electrónica, las ciencias del ordenador, la informática educativa y las ciencias afines, desplazarán a la filosofía, la literatura, la antropología, los estudios clásicos. Se entrará en el cono de sombra de la máquina, en la pasividad, la despolitización, la pérdida de la vida comunitaria. La revolución del micro-ordenador- más allá de sus aportes positivos- apunta al extrañamiento del hombre frente a su medio y al control de su destino por una élite tecnológica. (p.22).

El dominio de Robot, el tiránico pedagogo moderno, se ejerce a través de los medios masivos de comunicación:

La sumisión de la mente al circuito electrónico se torna más y más incompatible con el ejercicio de una consciencia libre, con la reflexión y la lectura. El mensaje electrónico reduce las defensas psicológicas, atenta contra el verdadero conocimiento, ofende la noción de “cultivo” y pauperiza progresivamente la interioridad (sobre El etnocidio electrónico, p. 30) .

Tessler, uno de los personajes centrales de Adán Buenosayres, manifiesta que el progreso material de la civilización tecnológica se ha hecho a costa de la regresión espiritual más formidable que vieran los siglos (Buenos Aires-Barcelona 1981, cap. II, pág. 147). Robot ha mutilado espiritualmente a los seres que han caído bajo su dominio infernal, explica el poeta en el Poema de Robot :

 Después volví a la usina de Robot
y a sus mutilaciones estudiadas.
(estrofa 15)

Hasta que me ganó la inquietud amorosa
de regresar al orbe de Robot
y al planisferio de sus mutilados,
con el solo designio de llevar a la usina
mi lección y experiencia de la Gracia.

La educación del ser humano actual está determinada de un modo  opresivo por la ideología del progreso material. La idolatría del progreso ha reemplazado a la auténtica enseñanza espiritual y la Edad mítica del progreso implacable (Azcuy, p. 41) se establece con autoridad indiscutible en el planeta.

Robot causa la destrucción de la naturaleza

El desarrollo incontrolado de la tecnología no sólo destruye la identidad cultural, los valores espirituales y el equilibrio  biológico y psíquico del ser humano, sino que causa también la destrucción de la naturaleza primordial(que es suplantada por la tecnonaturaleza), y la extinción de innumerables especies animales y vegetales.

No sólo en los centros metropolitanos del poder tecnocrático, sino también en las sociedades periféricas, por ejemplo en Latinoamérica, se considera a la naturaleza como simple medio, como material usable y desechable y a los paisajes como mera base para letreros de propaganda (H.C.F. Mansilla: El progreso como posibilidad de regresión e irracionalismo, en Eco, revista de la Cultura de Occidente, Nº 183, Bogotá 1977, p. 48.

El poeta del Poema de Robot ya había intuido la peligrosidad de Robot, su colosal capacidad de destrucción y la amenaza que representa para el equilibrio de la naturaleza:

Solícito a la urgencia de mi alma,
Robot hizo marchar su fonógrafo interno,
y oí la sinfonía que habitaba su tórax:
era un largo ulular de corrientes magnéticas
a través de cien filtros y cien tubos de Geissler.
Y al escucharle, vi que partía el estío
y cerraban sus labios todas las azucenas.
(estrofa 10)

Para fundamentar el juicio ético a la modernización tecnológica, Azcuy presenta los siguientes antecedentes basándose en un trabajo del teólogo Sergio Silva :  La técnica moderna en la crisis cultural de nuestro tiempo, Revista Universitaria XIV, Santiago de Chile, 1985.

  1. La tecnología moderna –en gran medida- agrede a la naturaleza y al hombre. Provoca disturbios ecológicos, contribuye al vaciamiento espiritual y favorece la despersonalización y la abolición paulatina de los particularismos y las especifidades. En el ámbito del trabajo, la burótica y la robótica promueven el desempleo estructural y aumentan el nivel de marginalidad y el desamparo.
  2. Desde el punto de vista del control y el dominio político, la tecnología confiere al hombre sin sabiduría inmensos poderes. De los ojos captores a los rayos de partículas, crece el peligro de los estados opresivos y el peligro de la destrucción del planeta.
  3. El complejo científico-tecnológico, sin valores ni límites, proyectado hacia la expansión indefinida, se instala en un terreno autonómico, verdadera variante del naturalismo ético, alienación de la ética en cuanto convierte en principio de la voluntad del hombre una ley venida de la exterioridad.

Los principales factores causantes de la crisis actual son, según Azcuy, los siguientes:

  1. Degradación del hecho cultural al suplantar sistemáticamente al ser vivo por el objeto mecánico.
  2. Imposición progresiva de una pseudocultura “computacional” unitaria y niveladora.
  3. Absoluta incapacidad de los pseudovalores de eficiencia, competencia y lucro  para fundar un destino propiamente humano.
  4. Alienación del hombre de su ámbito geocultural por una densa red de artefactos (tecnonaturaleza).
  5. Acentuación en plazos relativamente previsibles de tendencias autoritarias y totalitarias a partir del dominio  que ciertas minorías ejercen sobre las tecnologías superavanzadas.

Para superar la crisis de la era tecnológica Azcuy propone para Latinoamérica un modelo alternativo que, sin duda, tiene validez también para todo el planeta:

Si el progreso y la modernización que se nos pretende imponer es el producto de una sociedad mercantil competitiva, basada en el lucro, la explotación de los pueblos débiles y el saqueo de la naturaleza, América Latina debería reorientar la marcha de los cambios colocando las categorías y los métodos al servicio de un proyecto político capaz de transformar las relaciones entre los hombres y de los hombres con la naturaleza. Es preciso elaborar un modelo propio alterando el sistema axiológico de la sociedad tecnocrática.

Según Marechal, los físicos de hoy nunca encontrarán el principio inmediato del mundo corporal (corpus), porque no reconocen sus antecedentes, que son el mundo de la manifestación psíquica (anima) y la Causa Primera (spiritus). La mutilación de la esencia ternaria (spiritus-anima-corpus) del macrocosmos que realizó la ciencia contemporánea, corresponde paralelamente a una mutilación del ser humano, operada también en sus dimensiones psíquicas y espirituales (Manual del Astronauta), Buenos Aires 1966).

Se requiere la creación de una nueva Alquimia que sea capaz de reparar las mutilaciones que ha sufrido el ser humano, para que surja un ala nueva en el muñón de un ala ( Poema de Robot, estrofa 23)   

 

 

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El caballo criollo “que fue como un asta  /   para la bandera que anduvo sobre él” no debe ir al matadero.

En violación de la ley N° 14.346 de protección al animal, se proyecta construir un matadero y frigorífico de caballos en Batán, Mar del Plata. Según paso a explicar, la realización de este proyecto significaría un atentado contra la identidad cultural argentina. El caballo, como animal y como símbolo, está ligado indisolublemente a la historia argentina y a la vida del país, sobre todo en la zona rural. El gaucho, una de las figuras que mejor expresan nuestra idiosincrasia, sería inimaginable sin el caballo. La Independencia argentina no habría sido posible sin el apoyo del caballo como animal de tiro y de transporte. No es verdad que San Martín haya cruzado la Cordillera de los Andes para liberar a Chile y a Perú. Fueron en realidad los caballos los que cruzaron los Andes transportando a San Martín y a su ejército. Sin la ayuda insustituible de los caballos no habríamos alcanzado la Independencia. La construcción de un matadero de caballos en Mar del Plata equivaldría a destruir una parte esencial  del ser nacional. Permitir que funcione ahora un matadero de caballos en el país produciría una invisible conmoción anímica en los ciudadanos de la República y causaría una profunda caída de nuestra dignidad nacional. Esa conmoción y esa caída serían silenciosas pero terribles y tendrían una influencia muy negativa en todas las esferas de la sociedad y de la cultura.

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Dijo Gandhi : “La cultura de un pueblo se mide por la manera como trata a los animales”. Convertir en animal de consumo a un animal ligado a nuestras antiguas costumbres de vida en el campo, significa traspasar un límite que está bien arraigado en la conciencia nacional. Pero los límites tienen su razón de ser, no se establecen en vano. Al cruzar la frontera que prohíbe comer carne de caballo, se fija un precedente cuyas consecuencias son incalculables y extremadamente peligrosas.

El canibalismo no ha desaparecido y perdura aún en algunas regiones del planeta. Al ignorar normas consuetudinarias que prohíben que un animal de tiro y de transporte se convierta en animal de consumo, el límite que nos separa de la antropofagia se volvería frágil. Lo que se pretende hacer en Mar del Plata reviste una extremada gravedad. Recordemos los compasivos  versos de Belisario Roldán dedicados al caballo criollo y no permitamos que el caballo sea víctima del atroz sufrimiento que le depara el matadero.

Poema de Belisario Roldán:
¡Caballito criollo del galope corto,
del aliento largo y el instinto fiel!
¡Caballito criollo que fue como un asta
para la bandera que anduvo sobre él !
¡Caballito criollo que de puro heroico
se alejó una tarde de bajo su ombú,
y en alas de extraños afanes de gloria
se trepó a los Andes y se fue al Perú!
¡Se alzará algún día, caballito criollo,
sobre una eminencia un overo en pie,
y estará tallada su figura en bronce,
caballito criollo que pasó y se fue!

(Destaco que para impedir el funcionamiento del matadero de caballos se presentó un Amparo ante el Juez Federal de Mar del Plata. Redactó el Amparo la abogada Dra. Susana Bolano, de La Plata. Expreso una vez más mi agradecimiento a Susana Bolano por su inestimable colaboración.)

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El poema del robot de Leopoldo Marechal
Camino de superación de la crisis de la era tecnológica

El paraíso mecánico de Robot y el reino del Anticristo

Robot es un ser casi al borde de la nada, un aspecto del Anticristo, se declara reveladoramente en “El banquete de Severo Arcángelo” (pág.248 de la octava edición). En la estrofa 17 del poema el autor define a Robot en los siguientes términos:

“Era el no ser disimulado
con mil astucias de ingeniero” .

Robot es un simulacro de la cultura humana.

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La ética del hombre-robot consiste en funcionar bien, como una máquina (“El  banquete…,p.254) Después de arrojar de la escena histórica al capitalismo y al comunismo (“a Creso y a Marx”, dice en “El banquete…, p.252), el Gran Mono (así denomina Marechal al Anticristo) construirá el paraíso mecánico de Robot, vaticinó Marechal :

“No habrá Colofón que no tenga su departamento de lujo, su automóvil, su refrigeradora eléctrica y su televisor” (en: “El banquete…p.252)

El hombre de la era informática en Europa y en EEUU ya vive instalado en el paraíso mecánico de Robot. También las masas latinoamericanas, sugestionadas por la propaganda de los medios masivos de comunicación, aspiran a obtener la fácil e ilusoria felicidad que promete Robot.

“El Poema de Robot” no sólo plantea un conjunto de problemas, sino que suministra los elementos  para superar la crisis de la era tecnológica. La enseñanza fundamental  que contiene “El Poema de Robot” es que para vencer a Robot debemos primero restaurar nuestra dimensión espiritual.

Un demonio, Robot, preside la educación del hombre moderno

En la estrofa 19 del “Poema de Robot” dice el aeda:
“A Robot entregaron mi puericia,
y en esa hora sollozó un arcángel
y se rió un demonio”.

Para librarse de la dictadura de Robot el poeta restaura su dimensión espiritual. Se retira cuarenta días al desierto y recupera el estado edénico mediante el proceso iniciático. Con la arena del desierto, es decir con la ascesis que realiza en el desierto, logra vencer a Robot:
“Digo que al enfrentarme con Robot  yo había calculado los dos riesgos que siguen: uno, el de las preguntas contenciosas que irían al fichero de su caja interior y otro el de su dialéctica infernal, tendiente a promover y medir el vacío.
Por lo cual en presencia de Robot, y cuando el pedagogo ya iniciaba el discurso, yo le arrojé a la boca mi puñado de arena.
Se oyó en los mecanismos internos de Robot un estallar de alambre y válvulas heridas: trastabilló un instante sobre sus pies tozudos y al fin se desplomó con fragores de lata”.
La destrucción de Robot es un acto ritual (estrofa 26) mediante el cual el aeda transmuta sus metales anímicos y alcanza la elevación espiritual.

Destaco por último que Marechal no escribió este poema para alcanzar la gloria e ingresar a la Historia de la Literatura. Su intención era otra: Marechal quería liberar al hombre moderno que vive encadenado en el infierno de Robot.

 

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ROSA SKIFIC. Fabular lo fabulado

ROSA SKIFIC

Fabular lo fabulado

Caperucita “coloca la vagina en su cabeza  y sale al bosque”, afirma Elizabetta L. Leonelli, escritora y psicoterapeuta.

Comienza la travesía, la vía regia,  un mundo de medidas fluctuantes,  sombras, sonidos, animales, fantasmas,   deseos,  descubrimientos,  consignan   la metáfora de la obra.

La obra:

  • Parte de la región de los arquetipos, va del imaginario colectivo al individual,   las imágenes siguen el orden  de lo sígnico,  iconográficamente irán  atrapando  y despejando  sombras en el suceder coral de  formas,  desde donde nace  una  canción de género. De lo femenino  que  interroga a través del érase una vez  en el hoy, de un  personaje  que nos sigue atrapando ante el cual  Bruno Betttelheim, se pregunta ¿por qué nos gusta Caperucita ? ante lo cual sencillamente dirá, “ nos gusta porque cae en tentación”.
  • La obra, es la tentación misma de  su relato:

 

 

Referencias por orden de aparición :
A: Camino. Collage tela dibujo pintura
B: Bosque. Tinta , pluma. dibujo
C: Cap. X.  Collage herbario, dibujo, pluma, pintura.
D: Travesía. Collage, pluma, pintura
E: Cesta. Collage, tela serigrafiada, dibujo, pintura.

12 – SEBASTIÁN JORGI

Una vieja carta íntima que nunca fue enviada a Luisa Mercedes Levinson

Querida Lisa:

Esta carta surge como una necesidad interior y de alguna forma, anterior: hace mucho tiempo que pienso en vos, Lisa. Pero voy a ser honesto: estas líneas se vieron aceleradas por un llamado reciente que recibí de Laura Nicastro, preocupada por el silencio caprichoso que ha rodeado a tu obra. Quizá no sea muy diferente o menos caprichoso que otros silencios acontecidos en torno de importantes escritores. Borges insistía en querer el olvido a toda costa, pero nos trampeó: se quedó ciego, andaba ayudado por su bastón y decía cosas absurdas que llamaban la atención del periodismo y fue noticia y sigue siéndolo. Vos sólo te atrevías a cantarnos un tango de vez en cuando o invitarnos a ver la representación bailada de La isla de los organilleros. Cuando no, íbamos todos los 5 de enero a la invitación tácita a tu casa de 11 de Septiembre, de Belgrano, para los que conocemos el tema, La casa de los Felipes. Ahí aparecían Juan Carlos Ghiano, Bernardo Ezequiel Koremblit – quien muchas veces te presentó con sus geniales humoradas –, Rubén Vela y su hija Alejandra, Ulises Petit de Murat – eternamente enojado con Homero Manzi porque se había hecho justicialista –, Gudiño, Juan José de Urquiza y mucha gente del Pen Club. Uno de los 5 de enero inolvidables fue el de 1982, cuando Delfín Leocadio Garasa presentó su libro Úrsula y el ahorcado, en la librería de la vuelta.

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Y las tertulias literarias que organizabas en tu casa, entre búhos y gatos, cómo no recordarlas: venían Christian Wildner, Perla Chirom, Leonor Calvera, Mildred Burton, Ramona y yo. Leíamos mientras Rubencito se entretenía jugando con el gato a través del vitral que daba al jardín. Me mandabas a la bodega del sótano a buscar el vino y más de una vez, aún con la ayuda de Willy, trastabillábamos en la escalerita. Alguno de tus personajes – seguramente – la movía. Cuánto aliento nos dabas con tus consejos, cuántas anécdotas preciosas nos contabas. Como la confección de La hermana de Eloísa, cuento que escribiste en colaboración con Borges.

Cuando me leías los originales de El último Zelofonte, noté una escritura a mano encima de la dactilográfica y otra encima de la primera corrección a mano. ¿Te acordás de la presentación en Sudamericana del Zelofonte? Ahí estaban Ernesto Schóo, María Chimondeguy, Gudiño, Enrique Pezzoni – como siempre colgando de un cigarrillo –, Gloria y Emilio rodrigué, Arturo Infante, entre otros que me es imposible ahora recordar. No me voy a olvidar nunca de cuando te leí mis cuentos  La deserción y de cómo nos divertimos al leer Quasimodo, entre porciones de queso y vino. Siempre me alentaste a seguir, y todos – lo sé – sentíamos ese hálito como una bendición constante. Ah… ¿recibiste la carta de César Magrini? Y te habrás enterado del homenaje que te hicimos  en la Feria con Perla, Laura, Delfín y Leonor, a poco de tu partida y de una emotiva recordación en Centoira con Rubén y todos tus amigos: ahí escuchamos tu voz.

En otra oportunidad, en la cortada De Las Arges, perpendicular a Arenales, bromeábamos con Diego Borrachín (el autor de Ariadna en la ciudad) y si la memoria no me falla, fue esa una de las presentaciones de A la sombra del búho, el libro favorito de Ramona. A propósito, esta obra desencadenó el Premio de las Palmas Académicas del Gobierno de Francia, acto imposible de olvidar, realizado en el Club Francés, donde recuerdo la presencia de Juan Cicco y de Enrique Anderson Imbert. Estaba también Claude Demarigny – he buscado a su hija para entregarle mi nota sobre Cajamarca, infructuosamente – y Aldo Gagliannonne. Hay una foto de los tres que publicó en El Sol de Quilmes: vos, Claude y Aldo. Ahora, mientras escribo esto relacionado con Francia, me viene a la memoria cuando me leíste poemas de Robert Sabatier, qué diablos, qué asombro. Y cómo nos asombramos aquella noche leyendo un fragmento de Borrasca en las Celpsidras de Laura del Castillo.

Estoy tratando de memorizar el momento primero de nuestro encuentro y se me ocurre que fue en una disertación de Enrique Anderson Imbert en el Aula de la Tertulia Hispanoamericana, en Paraná 1159, presentado por José Carlos Gallardo y por Rubén. Recuerdo que en primera fila estabas sentada con Tomás Alva Negri, cuentista de insoslayables calidades. Bueno, no… no soy reaccionario… ya sé… ya sé… los jóvenes deben tener su lugar en las letras argentinas, pero diablos, que no tengan demasiado porque sino nosotros…

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Pero hay buenas noticias, después de todo: Laura Nicastro ha publicado tres libros más, igual que Perlita Chirom. Delfín Leocadio Garasa publicó Rumbos y encrucijadas y sigue dando conferencias muy valiosas y valientes. Además, ha viajado a Rusia, Estados Unidos e Israel y se lo ve tirando manteca al techo en Punta del Este con sus ex alumnos. ¿Cuántos grandes como Delfín nos quedan, Lisa? ¿Cuántos tipos generosos como Rubén Vela, el poeta argentino reconocido en el orbe? Tengo también noticias no muy agradables: Carlos Alberto Débole también ha partido y ha dejado huérfano a más de uno. Yo no podría ser uno de esos “unos”, a no ser que mi dolor ya se había acostumbrado cuando vos partiste. Ahí estaban Isidoro, lacrimoso; Héctor Lastra y tu hija Petinina, Gudiño… son imágenes que guarda mi  retina en aquel terrible momento. ¿Sabés qué hice cuando regresamos de Recoleta? Me tomé el 102 en la puerta de la SADE y me bajé en Avenida de Mayo y San José, justo en la esquina donde habías nacido. Y pasado – como siempre – el recuerdo urgente y obligado, de las manifestaciones rituales, todo se volvió silencio.

He vuelto a la esquina de 11 de Septiembre y Teodoro García a contemplar La casa de los Felipes y he tratado de hurgar en ella a través de un empecinado sueño. Pero me he quedado quietito ahí, sin tocar timbre. ¿Qué le iba a decir a Willy? Es que no tengo la verba y la gracia poética de Magrini para urdir una justificación. ¿Yo? Como siempre, corriendo de una editorial a la otra con Eliot Ness u otro original, haciendo alguna notita y escribiendo… no, no me ha ido tan mal, mirá: el año pasado estuve en Puerto Rico dando unas conferencias sobre escritores argentinos y por supuesto, hablé de vos, de María de Villarino, Jorgelina Loubet, Syria, entre otras. Ah… cuando estuve en el Colegio Universitario de Ponce, hacía quince días que Petitina (Luisa Valenzuela para los lectores) había estado allí dando una conferencia, en el mismo estrado que yo. No te imaginás, Lisa. Claro, Petitina sigue dando la vuelta al mundo con sus libros, de Australia a la casita de Méjico, de Nueva York a Miami y a Puerto Rico o a Cuba. Bueno, de tanto en vez hablo con Eva por teléfono, te extraña mucho más que nosotros, porque ella se ha quedado ayudándolo a Willy y todas tus cosas están ahí… Myten, la traducción sueca de tus cuentos), los cuadros, los libros, los gatitos, los búhos…

Petitina ha publicado Novela negra con argentinos y casi se alza con el Premio Plaza Janés, en fin, fue finalista que no es poco. ¿Sabés de quién me estaba olvidando? De Rayo Mosquera Eastman. Una tarde le estaba leyendo un cuento y me detuvo. Él estaba sentado en un sillón mullido de su casa de la calle Sáenz peña. “No me leas el final, muchacho”, me dijo. Un par de días después lo visité en la oficina que él tenía en Avenida de Mayo y San José. Ante mi estupor me contó el final que yo había escrito y un par de razones para que fuese de esa manera y no de otra. ¡Qué poeta Rayo, eh” ste Valoraba tu obra, sobre todo La pálida rosa de Soho, según me confesó aquella noche del 5 de enero de 1982. Otro libro que te había causado asombro era Manuel de Historia de Marco Denevi. Me lo presentaste por teléfono en aquella ocasión, en que me atreví a esbozar una bibliográfica sobre el Manuel. Últimamente se me ha dado por releer y para esto me he propuesto un seleccionado de once (como en el fútbol): Dostoievski al arco, Hesse-Mann-Mauriac y Simón en la línea de cuatro, Lagerkivst y James en el medio, Mailer, Mallea, Pratolini y Pavese. El DT no puede ser otro que el Toto Lorenzo. El equipo suplente te lo diré en la próxima carta. Obviamente, no podés estar en un team de hombres, pero se me ocurre que habría que hacer un Top del Recuerdo Literario, por lo menos, para ver si alguien se acuerda de algunas obras de escritoras y escritores argentinos. Y en este Top estará prohibido votar por los escritores charlatanes, tanto “defensores” de la libertad como “democráticos”. Que sean votados por lo que escribieron. ¿Qué te parece, Lisa? Nada de trampas. Pongamos por caso a don Eduardo Mallea, que sufre perpetua en la bahía del silencio. Menos mal que Bioy va obteniendo algunos premios, gracias a la prudencia de Borges de tomarse las de Villadiego. Porque a decir verdad, El sueño de los héroes ya merecía reconocimientos anteriores. Ah… conseguí un ejemplar de Leoplán con un cuento firmado por Lisa Lenson (vos) y ahora trato de hallar Concierto en mí, aunque tengo la esperanza que sea publicado en el segundo tomo de tus obras completas que ha encarado Manuel Pampín. Con Leonor Calvera habíamos mentado en hacer una fundación o algo por el estilo con tu nombre, pero hay tantas fundaciones que… en fin, ahora Leonor ha formado un lindo grupo que se llama Némesis, acompañada por Antonio Las Heras, casi 30 años después de tu partida, con un interesante Blog, donde se le da oportunidad de expresión a poetas, narradores y ensayistas.

Pensamos que lo mejor es recordarte más seguido, enviarte alguna carta y que vos nos sigas escribiendo como hasta ahora. Porque cada día escribís mejor, Lisa.

12 – SEBASTIÁN JORGI

Una vieja carta íntima que nunca fue enviada a Luisa Mercedes Levinson

Querida Lisa:

Esta carta surge como una necesidad interior y de alguna forma, anterior: hace mucho tiempo que pienso en vos, Lisa. Pero voy a ser honesto: estas líneas se vieron aceleradas por un llamado reciente que recibí de Laura Nicastro, preocupada por el silencio caprichoso que ha rodeado a tu obra. Quizá no sea muy diferente o menos caprichoso que otros silencios acontecidos en torno de importantes escritores. Borges insistía en querer el olvido a toda costa, pero nos trampeó: se quedó ciego, andaba ayudado por su bastón y decía cosas absurdas que llamaban la atención del periodismo y fue noticia y sigue siéndolo. Vos sólo te atrevías a cantarnos un tango de vez en cuando o invitarnos a ver la representación bailada de La isla de los organilleros. Cuando no, íbamos todos los 5 de enero a la invitación tácita a tu casa de 11 de Septiembre, de Belgrano, para los que conocemos el tema, La casa de los Felipes. Ahí aparecían Juan Carlos Ghiano, Bernardo Ezequiel Koremblit – quien muchas veces te presentó con sus geniales humoradas –, Rubén Vela y su hija Alejandra, Ulises Petit de Murat – eternamente enojado con Homero Manzi porque se había hecho justicialista –, Gudiño, Juan José de Urquiza y mucha gente del Pen Club. Uno de los 5 de enero inolvidables fue el de 1982, cuando Delfín Leocadio Garasa presentó su libro Úrsula y el ahorcado, en la librería de la vuelta.

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Y las tertulias literarias que organizabas en tu casa, entre búhos y gatos, cómo no recordarlas: venían Christian Wildner, Perla Chirom, Leonor Calvera, Mildred Burton, Ramona y yo. Leíamos mientras Rubencito se entretenía jugando con el gato a través del vitral que daba al jardín. Me mandabas a la bodega del sótano a buscar el vino y más de una vez, aún con la ayuda de Willy, trastabillábamos en la escalerita. Alguno de tus personajes – seguramente – la movía. Cuánto aliento nos dabas con tus consejos, cuántas anécdotas preciosas nos contabas. Como la confección de La hermana de Eloísa, cuento que escribiste en colaboración con Borges.

Cuando me leías los originales de El último Zelofonte, noté una escritura a mano encima de la dactilográfica y otra encima de la primera corrección a mano. ¿Te acordás de la presentación en Sudamericana del Zelofonte? Ahí estaban Ernesto Schóo, María Chimondeguy, Gudiño, Enrique Pezzoni – como siempre colgando de un cigarrillo –, Gloria y Emilio rodrigué, Arturo Infante, entre otros que me es imposible ahora recordar. No me voy a olvidar nunca de cuando te leí mis cuentos  La deserción y de cómo nos divertimos al leer Quasimodo, entre porciones de queso y vino. Siempre me alentaste a seguir, y todos – lo sé – sentíamos ese hálito como una bendición constante. Ah… ¿recibiste la carta de César Magrini? Y te habrás enterado del homenaje que te hicimos  en la Feria con Perla, Laura, Delfín y Leonor, a poco de tu partida y de una emotiva recordación en Centoira con Rubén y todos tus amigos: ahí escuchamos tu voz.

En otra oportunidad, en la cortada De Las Arges, perpendicular a Arenales, bromeábamos con Diego Borrachín (el autor de Ariadna en la ciudad) y si la memoria no me falla, fue esa una de las presentaciones de A la sombra del búho, el libro favorito de Ramona. A propósito, esta obra desencadenó el Premio de las Palmas Académicas del Gobierno de Francia, acto imposible de olvidar, realizado en el Club Francés, donde recuerdo la presencia de Juan Cicco y de Enrique Anderson Imbert. Estaba también Claude Demarigny – he buscado a su hija para entregarle mi nota sobre Cajamarca, infructuosamente – y Aldo Gagliannonne. Hay una foto de los tres que publicó en El Sol de Quilmes: vos, Claude y Aldo. Ahora, mientras escribo esto relacionado con Francia, me viene a la memoria cuando me leíste poemas de Robert Sabatier, qué diablos, qué asombro. Y cómo nos asombramos aquella noche leyendo un fragmento de Borrasca en las Celpsidras de Laura del Castillo.

Estoy tratando de memorizar el momento primero de nuestro encuentro y se me ocurre que fue en una disertación de Enrique Anderson Imbert en el Aula de la Tertulia Hispanoamericana, en Paraná 1159, presentado por José Carlos Gallardo y por Rubén. Recuerdo que en primera fila estabas sentada con Tomás Alva Negri, cuentista de insoslayables calidades. Bueno, no… no soy reaccionario… ya sé… ya sé… los jóvenes deben tener su lugar en las letras argentinas, pero diablos, que no tengan demasiado porque sino nosotros…

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Pero hay buenas noticias, después de todo: Laura Nicastro ha publicado tres libros más, igual que Perlita Chirom. Delfín Leocadio Garasa publicó Rumbos y encrucijadas y sigue dando conferencias muy valiosas y valientes. Además, ha viajado a Rusia, Estados Unidos e Israel y se lo ve tirando manteca al techo en Punta del Este con sus ex alumnos. ¿Cuántos grandes como Delfín nos quedan, Lisa? ¿Cuántos tipos generosos como Rubén Vela, el poeta argentino reconocido en el orbe? Tengo también noticias no muy agradables: Carlos Alberto Débole también ha partido y ha dejado huérfano a más de uno. Yo no podría ser uno de esos “unos”, a no ser que mi dolor ya se había acostumbrado cuando vos partiste. Ahí estaban Isidoro, lacrimoso; Héctor Lastra y tu hija Petinina, Gudiño… son imágenes que guarda mi  retina en aquel terrible momento. ¿Sabés qué hice cuando regresamos de Recoleta? Me tomé el 102 en la puerta de la SADE y me bajé en Avenida de Mayo y San José, justo en la esquina donde habías nacido. Y pasado – como siempre – el recuerdo urgente y obligado, de las manifestaciones rituales, todo se volvió silencio.

He vuelto a la esquina de 11 de Septiembre y Teodoro García a contemplar La casa de los Felipes y he tratado de hurgar en ella a través de un empecinado sueño. Pero me he quedado quietito ahí, sin tocar timbre. ¿Qué le iba a decir a Willy? Es que no tengo la verba y la gracia poética de Magrini para urdir una justificación. ¿Yo? Como siempre, corriendo de una editorial a la otra con Eliot Ness u otro original, haciendo alguna notita y escribiendo… no, no me ha ido tan mal, mirá: el año pasado estuve en Puerto Rico dando unas conferencias sobre escritores argentinos y por supuesto, hablé de vos, de María de Villarino, Jorgelina Loubet, Syria, entre otras. Ah… cuando estuve en el Colegio Universitario de Ponce, hacía quince días que Petitina (Luisa Valenzuela para los lectores) había estado allí dando una conferencia, en el mismo estrado que yo. No te imaginás, Lisa. Claro, Petitina sigue dando la vuelta al mundo con sus libros, de Australia a la casita de Méjico, de Nueva York a Miami y a Puerto Rico o a Cuba. Bueno, de tanto en vez hablo con Eva por teléfono, te extraña mucho más que nosotros, porque ella se ha quedado ayudándolo a Willy y todas tus cosas están ahí… Myten, la traducción sueca de tus cuentos), los cuadros, los libros, los gatitos, los búhos…

Petitina ha publicado Novela negra con argentinos y casi se alza con el Premio Plaza Janés, en fin, fue finalista que no es poco. ¿Sabés de quién me estaba olvidando? De Rayo Mosquera Eastman. Una tarde le estaba leyendo un cuento y me detuvo. Él estaba sentado en un sillón mullido de su casa de la calle Sáenz peña. “No me leas el final, muchacho”, me dijo. Un par de días después lo visité en la oficina que él tenía en Avenida de Mayo y San José. Ante mi estupor me contó el final que yo había escrito y un par de razones para que fuese de esa manera y no de otra. ¡Qué poeta Rayo, eh” ste Valoraba tu obra, sobre todo La pálida rosa de Soho, según me confesó aquella noche del 5 de enero de 1982. Otro libro que te había causado asombro era Manuel de Historia de Marco Denevi. Me lo presentaste por teléfono en aquella ocasión, en que me atreví a esbozar una bibliográfica sobre el Manuel. Últimamente se me ha dado por releer y para esto me he propuesto un seleccionado de once (como en el fútbol): Dostoievski al arco, Hesse-Mann-Mauriac y Simón en la línea de cuatro, Lagerkivst y James en el medio, Mailer, Mallea, Pratolini y Pavese. El DT no puede ser otro que el Toto Lorenzo. El equipo suplente te lo diré en la próxima carta. Obviamente, no podés estar en un team de hombres, pero se me ocurre que habría que hacer un Top del Recuerdo Literario, por lo menos, para ver si alguien se acuerda de algunas obras de escritoras y escritores argentinos. Y en este Top estará prohibido votar por los escritores charlatanes, tanto “defensores” de la libertad como “democráticos”. Que sean votados por lo que escribieron. ¿Qué te parece, Lisa? Nada de trampas. Pongamos por caso a don Eduardo Mallea, que sufre perpetua en la bahía del silencio. Menos mal que Bioy va obteniendo algunos premios, gracias a la prudencia de Borges de tomarse las de Villadiego. Porque a decir verdad, El sueño de los héroes ya merecía reconocimientos anteriores. Ah… conseguí un ejemplar de Leoplán con un cuento firmado por Lisa Lenson (vos) y ahora trato de hallar Concierto en mí, aunque tengo la esperanza que sea publicado en el segundo tomo de tus obras completas que ha encarado Manuel Pampín. Con Leonor Calvera habíamos mentado en hacer una fundación o algo por el estilo con tu nombre, pero hay tantas fundaciones que… en fin, ahora Leonor ha formado un lindo grupo que se llama Némesis, acompañada por Antonio Las Heras, casi 30 años después de tu partida, con un interesante Blog, donde se le da oportunidad de expresión a poetas, narradores y ensayistas.

Pensamos que lo mejor es recordarte más seguido, enviarte alguna carta y que vos nos sigas escribiendo como hasta ahora. Porque cada día escribís mejor, Lisa.

Olimpia, Homero y La Odisea

Olimpia, ese milenario sitio griego, en la península del Peloponeso, es mundialmente conocido por haberse constituido allí los “juegos olímpicos.” Ahora, el lugar, donde todavía pueden verse parte de los templos dedicados a Hera y Zeus, tiene un nuevo motivo de interés. Acaba de ser exhumado el más antiguo texto de La Odisea.

“La placa de barro es probablemente el extracto más antiguo de la epopeya de Homero que haya salido a la luz hasta ahora y, más allá de ser única, es un hallazgo epigráfico, arqueológico, filológico e histórico importantísimo”, señala el comunicado del Ministerio de Cultura de Grecia en relación a la que sería la más arcaica inscripción que se conserva de La Odisea. La lámina extraída en el sitio arqueológico de Olimpia – allí donde se iniciaron los clásicos juegos deportivos – en las proximidades del santuario del cuál aún pueden verse los principales aspectos de la construcción. La escritura pertenecería a la época romana y, lo más probable, es que sea anterior al siglo 3 a. J. Fue obtenida por el equipo de arqueólogos griegos y alemanes que están trabajando en el lugar desde hace tres años. Precisamente en los inicios de aquellos trabajos, estuve recorriendo Olimpia – no sin realizar una carrera pedestre en la misma pista de atletismo usado a lo largo de tantos siglos, como lo muestra una de las fotos que acompañan esta nota, por la misma pista que lo hicieran los helenos hace más de dos milenios – pudiendo observar, sobre todo, la magnificencia que aún exhibe el santuario donde era encendida la antorcha que daba inicio a la temporada deportiva.

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Las prácticas – que fueron las más prestigiosas del Imperio Griego – se establecieron en el año 776 a. J. continuando hasta el 393 de nuestra era en que el emperador romano Teodosio I (quien era cristiano), los abolió por considerarlas parte de rituales paganos.

Olimpia se vestía de fiesta cada cuatro años para coronar a los ganadores con ramas de olivo entrelazadas.

Olimpia es, en la actualidad, una moderna pequeña ciudad que se encuentra a pocos minutos en auto del sitio arqueológico. Cierra sus puertas a las 20 horas. Hasta las 18 horas suele haber muchos visitantes que llegan en ómnibus turísticos pudiéndose oír a los guías dando explicaciones en los más diversos idiomas. A partir de ese momento, hasta el cierre del acceso a la Olimpia tradicional, es el mejor momento para hacer un solitario, sereno y revelador recorrido. Estar en aquel lugar, participando de un atardecer donde los rayos solares hacen esgrima entre las ramas de los cipreses, se transforma en inolvidable experiencia.  Momentos como estos permiten caminar sin perturbación alguna por lo que se mantiene en pié del gimnasio mientras uno imagina aquellos hombres entrenando para convertirse en el mejor; sólo el mejor… luego la mirada queda asombrada al atravesar el estadio con capacidad para 45.000 personas, observando columnas por doquier, encontrando grandes piedras ajustadas unas a otras con milimétrica precisión constituyendo singulares muros.

El Museo Arqueológico de Olimpia exhibe restos de la ciudad, como una estatua de Hermes Trismegisto (el Thot de los egipcios y Mercurio de los romanos) que se atribuye al escultor Praxiteles

Y como si todo esto fuera poco… ahora hay que sumar que es aquí – antes de la entrada al santuario – donde acaba de ser hallado el más antiguo texto de La Odisea. Se trata de 13 versos de la decimocuarta rapsodia pertenecientes al discurso que Ulises – rey de Itaca – hace a su criado Eumeo.

 

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Eleusis, la ciudad de los misterios

Situada a unos 18 Km. al noroeste del centro de Atenas dirigirse, hoy en día, a visitar la ciudad arqueológica de Eleusis, implica un cómodo y breve trayecto que puede hacerse tanto en auto como en ómnibus. Aquí nació uno de los tres trágicos griegos: Esquilo (525 a. J.) Era una población agrícola productora de trigo y cebada.

Alcanza comenzar a recorrer lo que aún está en pié de las milenarias edificaciones para comprender que no se trata de una ciudad cualquiera. Intersticios entre los enormes bloques pétreos del piso advierten que, debajo, hay salas y galerías. Estructuras – igualmente de roca – cilíndricas, enclavadas en el suelo, conforman la parte visible de sistemas de aireación para quienes – en aquellos tiempos – habitaron el subsuelo eleusino. Sectores donde oficiaban ceremonias sacerdotes y sacerdotisas, en las que además tuvieron lugar los rituales de iniciación los aún famosos “misterios” término que proviene del latín mysterium, que lo tomó del griego μυστήριον (mystérion), un derivado de la palabra μύστης, que, precisamente, significa “iniciación.” Iniciación es un proceso por el cual el profano (aquel que se encontraba a las puertas del templo) realiza un determinado “trabajo” (cuyas características se mantuvieron en secreto) que lo lleva a una transformación de personalidad; una real transmutación.

Entre esas edificaciones se encontraba el Plutonion, la gruta que permitía el ingreso al mundo de los muertos. Muy cerca de allí estuvo sentada descansando Demeter.

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Platón, iniciado en los misterios de Eleusis, se refiere a esto en el Fedón; expresa “nuestros misterios tenían un significado muy real: aquél que fuese purificado e iniciado viviría junto a los dioses.”

Plutarco, otro iniciado eleusino, escribe que “a causa de estas devotas y sagradas promesas dadas en los misterios […] nos adherimos firmemente a la verdad incuestionable de que nuestra alma es incorruptible e inmortal.”

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En Eleusis estuvo el singular santuario dedicado a la diosa Démeter así como a su hija, Perséfone; habiendo adquirido superlativa importancia por tratarse de uno de los más importantes y difundidos cultos de la Antigua Grecia lo que continuó durante el Imperio Romano extendiéndose a todos sus dominios.

Pausanias afirma que el nombre de Eleusis proviene de ese Héroe hijo de Hermes Trismegisto (Thot egipcio) y de la oceánide Daira u Ogiges. Triptólemo, hijo de Eleusis, habría sido el fundador de los “misterios eleusinos”; esto es en convertir al santuario en una “escuela de sabiduría.”

Se trata de un culto agrario, de fertilidad y, por ello, practicado principalmente a mujeres; con ceremonias especiales en los equinoccios de primavera y otoño.  Así lo confirma una de las versiones del mito de Teresias aquel anciano que revela a Edipo – el rey tebano – secretos que ignoraba. Pues bien, siendo joven Tiresias pide a las sacerdotisas autorización para participar en la ceremonia de fertilidad correspondiente al equinoccio de primavera (21 de marzo, en le hemisferio norte.) Ellas acceden no sin advertirle que le serán vendados los ojos, puesto que en caso de tomar contacto visual con alguna de las practicantes de la ceremonia, será degollado de inmediato. Tiresias accede. Pero, en medio del ritual a causa de sus movimientos corporales, pierde la venda enfrentándose las miradas. El paso siguiente sería su muerte. Tiresias pide ayuda a los dioses. Que le responden que existe una sola manera de evitar la muerte: es que la divinidad lo convierta en mujer; puesto que cualquier mujer puede mirar a las sacerdotisas. El joven acepta y, por años, convertido en mujer participa en todos los misterios eleusinos. Desarrolla, por esto, sus capacidades extrasensoriales que lo convierten en adivino. Un buen día advierte que necesita regresar a su condición original, de varón sin que ello le implique la muerte inmediata. Una vez más pide ayuda a los dioses quienes le indican que lo devolverán a su condición original pero privado de la vista, de manera que sus ojos no puedan identificar a los practicantes de los misterios. Tiresias acepta. Es el ciego – dotado del don de adivinación – que devela a Edipo el enigma que ni los videntes del reino de Tebas desconocían.

Estas ceremonias iniciáticas habrían comenzado en el 1.500 a. J. y continuado sin interrupciones al menos durante dos milenios.  Conviene recordar que los primeros asentamientos en la zona datan del 2.000 a. J.

 

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¿En qué fecha nació Jesús realmente ?

En el siglo segundo de nuestra era ya se celebraban las Pascuas de Resurrección, pero – curiosamente – no se festejaba la Navidad ¿Por qué?

“La Navidad no estaba incluida entre las primeras festividades de la Iglesia (…) Los primeros indicios provienen de Egipto… Las costumbres paganas relacionadas con el principio de enero se centraron en lo que fue la fiesta de la Navidad” (Enciclopedia Católica edic. 1911).

La misma fuente expresa que la fecha: “Fue insertada siglos más tarde y adaptada, precisamente del paganismo. Jamás se celebró con este carácter en los primeros siglos (hasta el IV), dado que la costumbre no era celebrar el natalicio, sino recordar la muerte de personajes importantes”.

Se desconoce la fecha de nacimiento. Los especialistas coinciden en aceptar que Jesús nació en el año 6 a. J.; pero sin precisiones sobre el día y mes ya que, en los Evangelios, sólo se describen detalles de circunstancia. Tales datos hacen pensar que Jesús nació en verano y no apenas comenzado el invierno (recordemos que fines de diciembre es invierno en Medio Oriente). Cuando los Evangelios relatan costumbres de los pastores con sus rebaños típicas de la época estival – como apacentar los animales durante la noche – comprendemos que el nacimiento tuvo que haberse producido, seguramente, entre julio y setiembre.

“(…) Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón. Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban vigilias de la noche sobre su rebaño”. (Lucas, 2.1-8)

Juan Pablo II declaró al respecto: “Por lo que se refiere a la fecha precisa del nacimiento de Jesús, no existe ninguna seguridad, las opiniones de los expertos no son concordantes, por lo que la fecha del 25 de diciembre no es histórica, sino simbólica”.                                  

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El Dr. Las Heras en Capharnaun

Algunos teólogos (basándose en los textos sagrados) propusieron datarlo en fechas muy disímiles: 2, 6 y 10 de enero, 25 de marzo, 15 y 20 de abril, 20 y 25 de mayo entre otras. El Papa Fabián (236-250) calificó de profanos a todos aquellos que intentaran determinar el natalicio. Por su parte, los pueblos cristianos de Oriente adoptaron el 6 de enero para dicha celebración en coincidencia con la fecha pagana en que apareció Osiris entre los egipcios y Dionisos entre los griegos.

En el Concilio de Nicea (325) Eusebio, quien fuera el primer historiador eclesiástico, declaró oficialmente que Jesús es una divinidad, ya que Padre e Hijo son la misma persona. Eligió designar el nacimiento de Jesucristo en el solsticio de invierno del hemisferio norte – 24 de diciembre – cuando se festejaba el nacimiento de varias divinidades; pero sobre todo de la “Festividad Romana en honor del Nacimiento del Sol Nuevo”. En ese mismo día Brumalia se celebraba en todo el Imperio Romano. La noche del 24 al 25, los romanos conmemoran el Natalis Solis Invicti (Nacimiento del Sol Invicto) dedicado a Mitra, el Dios Indo-Persa de la luz que había desplazado a Apolo, el mediador entre Dios y los hombres.

Este culto de bienvenida al solsticio de invierno fue tan popular que se extendió entre los cristianos. Así, Honorio estableció este día en el siglo cuarto y la Iglesia Occidental lo acató en el 440 y el Concilio de Agde (506) decretó la fecha como obligatoria e inamovible.

Solsticio es una expresión latina que significa “el Sol que se detiene”. El solsticio de invierno marca el día de menor luminosidad solar del año indicando – simbólicamente – el nacimiento del nuevo Sol; señalando el término y el comienzo de un nuevo año astronómico. Este fenómeno astronómico es a la inversa en el hemisferio sur donde el 21 de diciembre es el día de mayor iluminación solar del año.

En un principio la Navidad tuvo un carácter bien simple. Alrededor del siglo octavo fue adquiriendo un aspecto más festivo. Gradualmente, la iluminación y decoración engalanaron casas, balcones y templos. Lecturas, villancicos y emotivas escenas de Belén, llegan a nuestros días representando el espíritu navideño.

 

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13 de octubre: Aniversario de la detención de los Caballeros Templarios. Enigmas y misterios.
En la noche del viernes13 de octubre de 1307 fueron detenidos – sólo en París – 140 miembros de la Orden del Temple por disposición de Felipe el Hermoso, Rey de Francia, acompañado por la conducta entre neutral y silenciosa del Papa Clemente V a quienes los Templarios respondían en forma directa. Entre los arrestados estuvo Jacques de Molay, Gran Maestre de la Orden.

A partir de allí, todo lo relacionado con esta historia se hace confuso. El paso de los siglos, en lugar de haber ayudado a arrojar luz, profundiza las tinieblas.

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Empecemos por que nunca han estado del todo claras las razones por las que el rey Felipe tomó esta decisión. El hecho de ser importante deudor del Temple y de que, en su momento, no fuera admitido su ingreso a la Orden nunca parecieron razones suficientes para su encarnizada conducta que incluyó cárcel y torturas durante varios años para los detenidos.

Cabe consignar que la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Jerusalén (habitualmente conocida como “Orden del Temple”) contaba – en aquellos días – con un exorbitante poder económico y financiero extendido por toda Europa. Esta institución movió en 300 años más piedras para erigir castillos, templos y catedrales que los egipcios en la construcción de las pirámides. Sólo para poner un ejemplo, fueron quienes inventaron el “cheque del viajero” por lo que se podía depositar – pongamos por caso – dinero en una casa templaria de Londres e ir retirando partes en París, Roma, Atenas y tantas otras localidades, a medida que una familia hacía su peregrinación a Tierra Santa. Contaban, además, con una enorme flota comercial así como militar.

Sólo lo que estamos señalando obliga a pensar en un consejo directivo compuesto por personas con reales conocimientos matemáticos, geográficos, astronómicos, arquitectónicos, de ingeniería, etc. ¿Cómo es posible entonces entender que el Gran Maestre Jacques de Molay fuera un caballero que ignoraba la escritura y la lectura? Cabe entonces preguntarse si éste no era el Gran Maestre exotérico, quien así era presentad o a los profanos, pero había otro sólo conocido por los iniciados más avanzados de la Orden; el Gran Maestre esotérico.

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El Autor en las murallas de San Juan de Acre (Tierra Santa)

Es igualmente muy extraño que siendo los Templarios una orden militar con un desarrollado servicio de informaciones, inteligencia y espías hábilmente distribuidos, no hubieran tomado conocimiento de los planes de Felipe por lo que fueron apresados tan fácil y sin oponer resistencia alguna.

Está históricamente comprobado que cuando los agentes del rey de Francia ingresaron al cuartel central del Temple, en París, no quedaban allí ni documentos ni tesoros. La bóveda que los atesoraba estaba vacía. Inequívoca referencia a que los superiores de la Orden se adelantaron a las acciones del monarca pero que, tal vez, para evitar seguir siendo perseguidos, permitieron que la cúpula pública fuera arrestada. De ser esto correcto, se trató de un acto de enorme valentía personal y grandeza espiritual de aquellos que, luego, permanecieron años detenidos y torturados hasta ser quemados en la hoguera en su mayoría.

Finalmente diremos que al tiempo que aquellos caballeros eran detenidos, la flota templaria (constituida por una treintena de embarcaciones como mínimo) fondeada en el puerto de La Rochelle (que ellos administraban y tenían fortificado sobre aguas atlánticas) y preparada de antemano, zarpó esa misma noche. Hasta el presente no se conoce – con certeza – cuál fue su destino. Desaparecieron para siempre.

Esos barcos que se hicieron a las aguas del Océano Atlántico ¿llevaban a los verdaderos dirigentes del Temple así como los numerosos documentos secretos – en su mayoría mapas de rutas marítimas – y cuantiosos tesoros?

Como tantos hechos protagonizados por los Caballeros Templarios, tampoco hay respuestas definitivas.

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Orígenes de la creencia en la reencarnación

La reencarnación, palingenesia o metempsicosis es la creencia de que – tras fallecer la persona – hay “algo” de ella que subsiste en otra esfera imperceptible – el Más Allá – con la característica especialísima de que ese “algo” mantiene consciencia de quien hubo sido durante la vida terrena.

Ideas reencarnacionistas se encuentran ya en la más antigua Tradición Hermética que afirma la existencia de un principio perenne e individualizado que habita y anima al cuerpo humano y que, ocurrida la muerte, transcurre un tiempo indefinido en el Más Allá, hasta encontrar un nuevo cuerpo conveniente, reencarnando en éste.

Para todas las escuela iniciáticas, esotéricas y de sabiduría, la reencarnación es un hecho cierto y comprobado, siendo, por lo demás, la causa primera por la cual cada persona durante su tránsito terreno debe procurar mejorar en sus facetas espirituales e intelectuales en vista a un crecimiento trascendente que lo ligue – de manera definitiva y transmutadora – con el plan del trazado por el Gran Arquitecto del Universo.

La reencarnación es una de las creencias más antiguas. Forma parte del hinduismo, el budismo y otras filosofías orientales. En Occidente, la reencarnación tuvo adeptos entre algunos filósofos griegos. En nuestros tiempos se encuentra entre las enseñanzas de las sociedades teosóficas, los gurús hindúes, los popularmente denominados “psíquicos” y en el movimiento conocido como Nueva Era. Mediante este último fueron importadas a Occidente muchas creencias orientales. Eso sí, casi nunca comprometiéndose a los serios cambios de vida que las filosofías orientales proponen, sino aceptándolo como algo que está de moda. Parte de la trivialización tan frecuente en estos tiempos del siglo XXI.

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Las más antiguas civilizaciones –como la sumeria, egipcia, china y persa–  la conocieron en profundidad, pero esos saberes así como las prácticas de vida que implicaban, quedaban restringidos a los iniciados. Es por ello que los cultores de la historia oficial prejuzgan suponiendo que no creían en la reencarnación. Lo cual es absolutamente falso puesto que los sacerdotes dedicaban sus días a progresar espiritualmente y desentrañar lo más que les fuera posible las leyes universales, a efectos de estar preparados para una futura vida mejor.

Cuando apareció el budismo en la India, en el siglo V a. J., adoptó la creencia en la reencarnación. Y por él se extendió por China, Japón, Tíbet, y más tarde, halló tierra fecunda en Grecia y Roma. Así penetró también en otras religiones, que la asumieron entre los elementos básicos de su fe. La primera noticia concreta de la idea de la reencarnación la hallamos en la India y procede del siglo VII a. J.

Si rastreamos el tema de la reencarnación, que en una de sus uerpo de otro ser, no aparece en ninguna de las fuentes básicas del judaísmo. Recién el “Zohar” y la mística cabalística proveen al judaísmo de una idea tal como la reencarnación. El judaísmo jamás aceptó la idea de una reencarnación. Así en el Salmo 29 leemos: “Señor, no me mires con enojo, para que pueda alegrarme, antes de que me vaya y ya no exista más” (v.14). Y el Libro de la Sabiduría , dice: “El hombre, en su maldad, puede quitar la vida, es cierto; pero no puede hacer volver al espíritu que se fue, ni liberar el alma arrebatada por la muerte.’’ (16,14).

Fue recién en el año 200 a. J. cuando entró en el pueblo judío la fe en la resurrección, y quedó definitivamente descartada la posibilidad de la reencarnación. Algunos eruditos creen encontrar el origen de estas ideas fuera del judaísmo, quizás en las religiones extremo orientales, que de algún modo llegaron a influir y ser parte de las creencias en algunos grupos judíos. El cristianismo, nacido del judaísmo mismo, es igualmente resurreccionista y no acepta la reencarnación.

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El cuerpo más abundante de evidencia que apoya la reencarnación como un hecho concreto de comprobación científica posible, ha sido reunido por el doctor Ian Stevenson (1918/2007), quien fuera un destacado médico psiquiatra y parapsicólogo canadiense, Jefe de la División Estudios de la Percepción en la Universidad de Virginia, que desde los años sesenta del Siglo XX, se dedicó a indagar en casos de presunta “memoria extracerebral” atribuible a presuntas reencarnaciones.

Stevenson consideraba que el concepto de reencarnación podía complementar a los de herencia y medio ambiente en virtud a lo cual resultaba colaborar con la medicina moderna en la comprensión de aspectos aún no bien aclarados del comportamiento humano y su desarrollo a lo largo de la existencia terrena. En verdad, un punto de análisis muy provocador habida cuenta de lo complejo que le resulta a la Ciencia aún hoy en día explicar peculiaridades de la personalidad humana. ¿Acaso estarían motivadas en hechos acontecidos en anteriores encarnaciones?

Y así como una imagen vale por mil palabras, un relato extraído de las publicaciones hechas por Stevenson nos eximirá de mayores aclaraciones.

El caso que hemos elegido es el de Indika Guneratne, un niño di Sri Lanka – allá donde en su momento decidió radicarse el novelista Arthur Clarke – nacido en 1962 y que Stevenson comenzó a estudiar seis años después.

Indika por primera vez comenzó a hablar cuando tenía unos dos años y uno o dos años después empezó a describir una supuesta vida anterior en la que había sido un acaudalado residente de Matara, ciudad en la costa sur de Sri Lanka. Entre sus recuerdos se encontraban las características de la suntuosa mansión en que había residido, el auto Mercedes Benz que poseía como así también algunos de sus objetos preferidos y los elefantes que eran de su propiedad. Y otros datos muy precisos, como que el nombre de su chofer había sido Premdasa.

El padre de Indika, G. D. Guneratne, indagó en las declaraciones de su hijo descubriendo que un hombre de esas condiciones realmente había vivido en la ciudad indicada por su hijo. Pero no llevó adelante ninguna investigación más; esto sí le cupo a Stevenson.

Así pudo determinar que se trataba de K. G. J. Weerasinghe, un acaudalado comerciante de maderas, fallecido en 1960 dos años antes del nacimiento de Indika.

Stevenson pudo constatar que todos los dichos del niño coincidían, salvo algunos detalles. El fallecido sólo tenía un elefante y no varios. Tampoco había sido dueño de un automóvil Mercedes Benz. Pero, y esto es igualmente extraordinario, la patente recordada por Indika coincidía con un automóvil de esa marca cuyo propietario había sido un vecino de un pueblo cercano.  Los recuerdos coincidían en un 90% con la realidad histórica. Había algunos desaciertos, es verdad, ¿pero puede la memoria – sobre todo la de un reencarnado – ser perfecta? Cabe aquí suponer que precisamente el hecho de que haya habido errores brinda mayor credibilidad a los dichos de Indika. Stevenson presenta a este caso como uno de los más sugestivos a favor de la reencarnación.

La creencia en la reencarnación va en franco crecimiento en todo Occidente. Así resulta asombroso comprobar cómo cada vez es mayor el número de los que, aun siendo católicos, aceptan la reencarnación. Una encuesta realizada, durante el año 2007, en la Argentina por la empresa Gallup, reveló que el 33% de los encuestados cree en la existencia de la reencarnación. En Europa, el 40% de la población adhiere gustoso a esa creencia. Y en el Brasil, nada menos que el 70% de sus habitantes son reencarnacionistas. Por su parte, el 34% de los católicos, el 29% de los protestantes, y el 20% de los no creyentes, hoy en día la profesan.

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¿Por qué la Navidad se celebra el 25 de Diciembre?

El 25 de diciembre de cada año festejamos la Navidad, que representa la “Natividad del Señor”, es decir, la fecha en que se conmemora el nacimiento de Jesús. Pero, en verdad, éste no fue el día en que ocurrió su nacimiento, desconociéndose cuándo ocurrió. La Iglesia de los primeros siglos aceptaba desconocer esa fecha, incluso el año, y algunos pontífices llegaron a castigar con pena de excomunión a quienes se atrevieron a proponer alguna.

Hay cuestiones científicas que aseguran la imposibilidad de que Jesús naciera en pleno invierno. El frío de aquellas zonas no permitía que hubiese pastores cuidando a sus rebaños, ni que algún niño naciera en una cueva como lo afirma Lucas en su Evangelio. Todos hubieran muerto congelados. Se deduce que – dados tales datos – Jesús naciera entre marzo y junio; esto es: en la primavera boreal.

La elección del 25 de diciembre la estipuló oficialmente el Papa Liberio en el año 354 para superponerla al inicio de las tradicionales celebraciones paganas del Solsticio de Invierno.

Tampoco nació en el año cero. Error de Dionisio el Pequeño – también llamado “el Exiguo” – monje del siglo VI, padre de nuestro calendario, quien, según los especialistas en el tema y de acuerdo a mis propias investigaciones, equivocó sus cálculos en, aproximadamente, siete años al datar el reinado de Herodes I el Grande, por lo que dedujo que Jesús hubo nacido en el año 753 desde la fundación de Roma. De modo que Jesús habría nacido siete años antes.

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  Tintoretto: Nacimiento de Jesús

Lo que debemos destacar es que la elección del día de nacimiento no fue casual. El emperador Constantino aconsejó a los cristianos la fecha del 25 de diciembre porque coincidía con la gran fiesta pagana dedicada al Sol. En Roma se celebraba el “dies natalis Solis invicti” (“día del nacimiento del Sol invicto”) que representaba la victoria de la luz sobre la noche más larga del año (clara alusión al Solsticio de Invierno). Esta explicación se basa en que la liturgia de la Navidad y los cristianos de la época establecían un paralelismo entre el nacimiento de Jesús y algunas expresiones bíblicas referentes a él tales como “sol de justicia” (Mateo 4, 2) y “luz del mundo” (Juan 1, 4).

Hay algunos datos más llamativos que resaltar. El cristianismo de aquella época estaba en franca “competencia” con los tradicionales ritos paganos, muy arraigados en la población; especialmente con los que se efectuaban entre el 24 y 25 de diciembre en honor a Dionisios (divinidad del vino, la fecundidad y la muerte); al nacimiento de Eón en Alejandría; a Osiris y, según la leyenda, también en esa fecha las aguas del río Nilo poseían el poder de curación otorgado por los dioses.

La fecha del Solsticio de Invierno (en el hemisferio boreal que corresponde al Solsticio de Verano del hemisferio sur) ha sido de tanta trascendencia para las distintas culturas, religiones y tradiciones que resulta suficiente destacar el hecho de que prácticamente a todos “los grandes maestros de la Humanidad” se les atribuye haber nacido de una madre virgen y un 25 de diciembre. Así tenemos nacidos el 25 de diciembre a Atis, de la virgen Nana; Buda, de la virgen Maya; Horus, de la virgen Isis (en un pesebre y una cueva); Krishna, de la Virgen Devaki; Zoroastro, también de una virgen; y Mitra (la figura más relevante en cuanto a culto de esa época),de una virgen, en una cueva, siendo visitado por pastores que le llevaron regalos. Esto, entre muchas otras similitudes más que coinciden con las etapas míticas de la vida atribuida a Jesús.

 

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¿Existió una diosa reverenciada en tiempos del Israel bíblico? ¿Hubo un “culto a una pareja divina”?

¿Cuántas veces nos interrogamos sobre por qué el Dios de la Biblia es sólo varón siendo que en su omnipotencia habría de albergar ambos sexos? Una figura única así remitiría al Andrógino cuya existencia mítica evoca Tiempos Primordiales los cuales – tal vez – pueden asociarse a cuando lo Humano habitó el Paraíso.

Otra opción es que Dios fuera asexuado. Pero los relatos y toda la iconografía hacen incapié en su condición masculina.

Hay otra posibilidad. Que la Divinidad sea constituida por un matrimonio – Dios y Diosa – quienes siendo dos en verdad hacen “uno único” con todos sus opuestos integrados. (De alguna manera parece evocar la propuesta de Carl Gustav Jung sobre la obtención del Principio de Individuación.)

En éste sentido van las indagaciones del libro que aquí comentamos, incorporando información que pone al lector frente a la evidencia de que hubo un tiempo en que la Divinidad estuvo constituida por el entramado de un Dios y una Diosa; YHWH y Aserá.

Aserá. Indicios del culto a una diosa en el Israel bíblico (Editorial San Pablo, Buenos Aires, 2012; 128 Págs.) es el título del libro cuya temática está llamada a generar reflexión y controversia, resultado de las investigaciones de Guillermo Carbó, sacerdote católico y licenciado en Teología con especialización en Sagrada Escritura por la Facultad de Teología de la Universidad Católica Argentina.

Lo que el trabajo persigue es esclarecer – sin estridencias, y con las puntualizaciones que el tema requiere – sobre la existencia de un culto a una Diosa por parte del pueblo hebreo en tiempos del Antiguo Testamento. En sus consideraciones preliminares el autor indica “se puede afirmar que:

a.-) La literatura ugarítica (S. XIV-XII a.e.c) ha demostrado la existencia de una Diosa, Atíratu, consorte del Dios principal.

b.-) Algunos hallazgos iconográficos (S. XIII-VI a.e.c) sugieren la presencia de un culto a la Diosa Aserá en Israel.

c.-) Las inscripciones arqueológicas (S. VIII-VII a.e.c) muestran bendiciones donde el objeto cultual Aserá es invocado junto a YHWH”.

Habida cuenta que este culto fue extendiéndose en su práctica eso – al parecer – condujo a tomar la decisión de que el mismo fuera erradicado. Como fuentes de este hecho, el autor señala Deuteronomio (12,5; 16,22) y 2 Reyes (18,4; 23,4. 6. 7. 14) La cita de 2 Reyes 21:7 es reveladora:

“Tomó la imagen de la diosa Aserá que él había hecho, y la puso en el templo, lugar del cual el Señor había dicho a David y a su hijo Salomón: «En este templo en Jerusalén, la ciudad que he escogido de entre todas las tribus de Israel, he decidido habitar para siempre”.

Entre sus abundantes aportes bibliográficos se incluye un párrafo de S. M. Oylan (Asherah and the Cult of Yahweh in Israel; Scholars Press, Atlanta, 1988) en el que se lee:

“La evidencia bíblica tanto del norte como del sur, sugiere que Aserá fue una parte corriente y legítima del culto a YHWH en círculos no-deuteronomistas, probablemente incluso entre grupos muy conservadores, como parecen indicar las tradiciones de Jehú y el silencio de los libros de Amós y Oseas.”

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Imagen de la diosa Asera

Las investigaciones conducen a la comprensión de que – en un tiempo determinado – hubo la práctica “tradicional” del “culto a la pareja divina.” Al respecto el autor recuerda el tema de la identidad de “la Reina de los Cielos” citada en Jeremías.

Jer. 44:17 antes pondremos ciertamente por obra toda palabra que ha salido de nuestra boca, para ofrecer sahumerios a la reina del cielo, y derramándole libaciones, como hemos hecho nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros príncipes, en las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén, y fuimos llenos de pan, y estuvimos alegres, y nunca vimos mal. 
Jer. 44:18 Mas desde que cesamos de ofrecer sahumerios a la reina del cielo, y de derramarle libaciones, nos falta todo, y a cuchillo y a hambre somos consumidos.
Jer. 44:19 Y cuando nosotras ofrecimos sahumerios a la reina del cielo, y le derramamos libaciones, ¿Por ventura le hicimos tortas para tributarle culto, y le derramamos libaciones, sin nuestros maridos? 

Jer. 44:20 Y habló Jeremías a todo el pueblo, a los hombres y a las mujeres, y a todo el vulgo que le había respondido esto, diciendo: 

Jer. 44:21 ¿Por ventura no se ha acordado el Señor, y no ha venido a su memoria el sahumerio que ofrecisteis en las ciudades de Judá, y en las plazas de Jerusalén, vosotros y vuestros padres, vuestros reyes y vuestros príncipes, y el pueblo de la tierra? 

Jer. 44:22 Y no pudo sufrir más el Señor a causa de la maldad de vuestras obras, a causa de las abominaciones que habíais hecho; por tanto, vuestra tierra fue en asolamiento, y en espanto, y en maldición, hasta no quedar morador, como sucede hoy. 

Jer. 44:23 Porque ofrecisteis sahumerios, y pecasteis contra el Señor, y no escuchasteis la voz del Señor, ni anduvisteis en su ley, ni en sus derechos, ni en sus testimonios; por tanto, ha venido sobre vosotros este mal, como sucede hoy. 
Jer. 44:24 Y dijo Jeremías a todo el pueblo, y a todas las mujeres: Oíd palabra del Señor, todos los de Judá que estáis en tierra de Egipto: 

Jer. 44:25 Así habló el Señor de los ejércitos, Dios de Israel, diciendo: Vosotros y vuestras mujeres proferisteis con vuestra boca, y con vuestras manos lo ejecutasteis, diciendo: Cumpliremos efectivamente nuestros votos que hicimos, de ofrecer sahumerios a la reina del cielo y de derramarle libaciones; confirmáis a la verdad vuestros votos, y ponéis vuestros votos por obra. 

El culto a Aserá no fue resultado de un sincretismo por entramado con algún credo foráneo sino originado en la práctica misma del culto a YHWH. Aquí la cuestión se vuelve apasionante pues entonces, en sus comienzos, el culto a YHWH habría incluido – cual si fueran dos necesarios para conformar la unidad – a una Diosa consorte.

Aunque estudiosos de fines del siglo XIX e inicios del XX entendieron que Astarté y Aserá eran una misma divinidad, mayores precisiones permitieron comprender el error de tales ideas. Aún hay confusión al respecto entre quienes no son especialistas. Tanto es así que en la enciclopedia libre Wikipedia de Internet se lee: Astarté es la asimilación fenicia de una diosa mesopotámica que los sumerios conocían como Inanna los acadios como Ishtar y los israelitas Astarot (Asera o Ashêrâh)”. Ninguna relación hay entre ambas divinidades.

“Aserá fue la esposa de Dios.” Es así para la Dra. Francesca Stavrakopoulou (profesora de Antiguo Testamento en la Universidad de Exeter y con doctorada en Teología por la Universidad de Oxford) quien, además, comenta que:

Es muy significativa la admisión en la Biblia de que la diosa Aserá era adorada en el templo de Yahvé en Jerusalén. En el Libro de los Reyes, se nos dice que una estatua de Asera se encontraba en el templo y que el personal femenino del mismo tejía textiles rituales para ella.

De hecho, aunque la Biblia condena todas estas prácticas, sus textos indican que el culto a la diosa era una característica floreciente de la prestigiosa religión de Jerusalén”.

El autor del libro que comentamos, refiere que en “los textos bíblicos hay al menos seis referencias claras a la Diosa (Cf. Jc. 3, 7; 1 Rey 15, 13; 18, 19; 2 rey 21, 7; 23, 4. 7)” Escribe Guillermo Carbó “Diosa” con mayúscula inicial precisamente para dejar precisa constancia a que se está refiriendo a un algo integrante de la Divinidad única. A mayor abundamiento, leemos: “Si bien se la adora en los altos de Jerusalén y en los altos de Betel, el culto a Aserá se realiza, en primer lugar, en el ´interior´ del Templo de YHWH: allí están los utensilios en su honor, allí se reúnen las mujeres para trabajar para ella y de allí se la saca.” Con estos dichos y otros incluidos en el libro se comprende, a la vez, que el culto a Aserá era atendido por mujeres algunas de las cuales bien podrían haber cumplido el rol de sacerdotisas.

J.Edward Wright presidente del Centro de Estudios Judaicos de Arizona (EE.UU.) y del Instituto Albright de Investigaciones Arqueológicas coincide en que varias inscripciones en hebreo mencionan  a “Yahvé y su Aserá”.

“Asera no fue enteramente mencionada en la Biblia debido a sus editores masculinos. Las huellas de ella permanecen, y con base a estos rastros, a las evidencias y referencias arqueológicas sobre la misma en los textos de las naciones limítrofes de Israel y de Judá, podemos reconstruir su papel en las religiones del Levante Sur.”

Aaron Brody, director del Museo Bade y profesor asociado de Biblia y Arqueología de la Escuela de Religión del Pacífico, consultado sobre el tema, expresó que “menciones a la diosa Aserá en el Viejo Testamento son raras y han sido severamente editadas por los antiguos autores quienes fueron los encargados de recopilar esos textos.”

Lo que se evidencia, en general, es que hay unanimidad entre los especialistas en reconocer la existencia de una Diosa en el Antiguo Testamento, aunque no todos estén de acuerdo en que – en alguna época – tal divinidad fue considerada no sólo la esposa de Dios sino merecedora de sus mismas dignidades tales como habitar en el Templo de Salomón.

La cuestión queda bien esquematizada y académicamente expuesta en el texto de Guillermo Carbó quedando abierto a los aportes que nuevos hallazgos permitan.

El libro finaliza con páginas que igualmente merecen atenderse en detalle, dedicadas a analizar algunas implicancias para la fe católica que estos descubrimientos implican. Algunas fotos ayudan a una mejor comprensión de algunas descripciones.

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Importancia de los rituales iniciáticos en la Masonería

Hemos advertido que, ya avanzado el siglo XX, comenzaron a pronunciarse las autoridades de algunas ordenes masónicas – tanto en América como en Europa – en el sentido de definir a la Masonería como una “institución filosófica, filantrópica y progresista” quitando lo que – a nuestro juicio – da su impronta, siendo a su vez raíz y esencia, que es la condición Iniciática a partir de la cual puede definirse tanto como distinguirse ésta hermandad.

Investigando con detenimiento advertimos que ya en el siglo XIX hubieron organizaciones masónicas que también prefirieron utilizar aquella versión restringida.

Resulta obvio que entidades constituidas para realizar tareas filosóficas o bien filantrópicas o de inquietudes progresistas las hay y en abundancia, en todo el mundo. Y también es claro que eso no las convierte en agrupaciones masónicas.

La Masonería Universal de hoy en día es descendiente directa de las más antiguas Escuelas de Sabiduría o de Misterios en las que se formaron aquellas personas que cimentaron el crecimiento espiritual, intelectual así como técnico y científico de la Humanidad.

A modo de ejemplo podemos traer aquí la Escuela Iniciática del Templo de Sais, dedicado a la diosa Isis, en Egipto, donde Solón obtuvo el conocimiento de la Atlántida, tal como lo refiere Platón en dos de sus diálogos.

¿Y qué finalidad cumplía ésta escuela?

Plutarco lo explica con toda precisión y claridad cuando escribe: “El nombre mismo que recibe el templo de Isis da clara indicación de que es amparo del conocimiento y de la ciencia del ser que es. Este templo lleva el nombre de ´Iseión´, es decir, la casa donde se puede adquirir la ciencia del ser, si pasamos piadosamente y con devoción los portales de los santuarios consagrados a Isis.”

¿Qué son estos portales a los que se refiere Plutarco? No otra cosa que una forma metafórica para hablar de los rituales de iniciación. Atravesar cada uno de ellos implica capacitarse para la adquisición de esta “ciencia del ser” que para decirlo de manera moderna y comprensible a todos es la capacidad de lograr poner en acto y de manera armónica todas las potencialidades que cada persona cuenta pero sólo suele mantener en potencia.

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Retrato del Dr. Antonio Las Heras

Allí radica la importancia del proceso iniciático. Cada ceremonia de Iniciación (y recordemos que hay una para el logro adecuado de cada grado masónico) es una oportunidad para enfrentar miedos personales, temores inhibidores, abrirse a un más preciso conocimiento de sí mismo y quedar dispuesto a atravesar con serenidad, fuerza e inteligencia nuevos horizontes que el devenir de la existencia presentan.

Como continuadoras de aquellas originarias – entre las que tampoco podemos olvidar a las que pertenecieron los “Magos venidos del Oriente” que se mencionan en los Evangelios ni a la Orden de los Esenios que habitó en el Kirbet Qumram, a la vera del Mar Muerto, y donde fueron iniciados Juan el Bautista y Jesús el Nazareno – las ordenes masónicas tienen que tener en cuenta la importancia de la práctica del Sendero Iniciático tanto como el hecho de poner en primer término la palabra “Iniciática” cuando se trata de definir a ésta Antigua y Augusta Orden.

A la importancia de los rituales de Iniciación en el marco de escuelas esotéricas, espirituales o de sabiduría – como se las quiera llamar – entre las cuales, necesariamente, ha de estar incluida la Masonería hizo referencia el sabio suizo Carl G. Jung haciendo notar el vínculo entre tales rituales y uno de los símbolos presentes en el Cuadro de Primer Grado; o sea el de Aprendiz, que es la escala (o escalera). Explica Jung “que en esos ritos las escala planetaria de siete peldaños desempeña un papel considerable, como lo sabemos por ejemplo por Apuleyo”. “Los ritos de iniciación del sincretismo de la Antigüedad tardía, – sigue expresando Jung – que ya estaban fuertemente penetrados por la alquimia, se ocuparon principalmente del ´ascenso´, es decir, de la sublimación”. “También se representó con mucha frecuencia el ascenso con la escalera de mano, de ahí que figure también una pequeña escalerilla para el Ka del muerto entre los objetos que los egipcios ponían en las tumbas.” “La idea del ascenso, a través de los siete círculos planetarios, significa el retorno del alma a la divinidad solar de la que proviene…” “El misterio de Isis que nos describe Apuleyo culmina en lo que la alquimia de la primera parte de la Edad Media – a través de la tradición árabe se remonta directamente al tesoro cultural de Alejandría – llamó solificatio: el iniciado era coronado como Helios”. (1.-)

Obsérvese que, a partir de este conocimiento, comprendemos que la escala que aparece en el Cuadro de Primer Grado es algo bastante más complejo que la explicación a través de la Escalera de Jacob que suele usarse como elemento de interpretación en la literatura masónica. Aquí nos estamos remitiendo a un símbolo varias veces milenario entramado con los rituales de Iniciación que los adeptos debían cumplir para su permanencia en aquellos templos originarios hasta convertirse en sacerdotes o, lo que es lo mismo, lo que hoy denominamos maestros.

A mayo abundamiento, Jung anota: “El Siete corresponde a la grada suprema y representaría por lo tanto, en el sentido de la iniciación, lo que se ansía y desea”. (2.-)

Y, finalmente, esta otra cita junguiana: “considérense por ejemplo los frescos de la Villa de los Misterios de Pompeya, en donde la embriaguez y el éxtasis no sólo están muy cerca la una del otro, sino que hasta son una y la misma cosa. Pero puesto que desde épocas remotas las ceremonias de iniciación tienen también un sentido de curación…” (3.-)

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                     Fragmento de los frescos de la Villa de los Misterios de Pompeya

Compréndase la implicancia de esta última transcripción. Pues hace referencia a las cualidades terapéuticas que tiene recorrer el Sendero Iniciático.

El recorrido del Sendero Iniciático, a través de las ceremonias y rituales correspondientes, permite acceder a nuevos y siempre valiosos estados de personalidad donde la integración de los opuestos se convierte en hecho cotidiano. El tan conocido símbolo masónico del piso de mosaicos blancos y negros armónicamente dispuestos remite, precisamente, a ese hecho de sumar y no restar. Cuando en masonería se habla de Ciencia no es en la definición obliterada vulgar que remite a instrumentos de medición. Es eso pero con más lo interno: lo espiritual. Es el laboratorio pero también el oratorio; los dos lugares de frecuentación ineludible por los alquimistas cabales. Es la razón con la intuición. Es la percepción sensorial con lo paranormal. Es el pensamiento con la creatividad que surge de lo inconsciente imbuido de la vitalidad que sólo lo Inconsciente Colectivo puede dar. Es la persona útil para si capaz de integrar el criterio de “nos”, de “nosotros” superador del miserable ego y que lleva progreso; es decir, Verdadera Luz, a la comunidad.

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Símbolos de la Masonería

Y como la profanidad ha avanzado con sus indiscreciones puertas adentro del templo, será menester dejar aquí sentado que no existe la autoiniciación. Iniciación implica transmisión. Una transmisión “de la palabra al oído” que sólo puede ser realizada por quien ya pertenece a la hermandad contando con su experticia en la materia. Ya en 1661 dejó constancia de esto el anónimo francés “Theatrum chemicum VI” cuando leemos: “… raro, secretísimo, inextinguible fuego de los mismos.” “Mas, por mucho que yo diga, es empero punto menos que imposible descubrir y experimentar cuál sea la verdadera y única materia de la piedra de los sabios, si no es fielmente revelada por un amigo que la conozca…” (4)

Sobre dicha comunicación de los secretos y misterios y ciertas claves de las mismas, expresa Jung: “¿Qué es, pues, lo que un adepto susurra al otro al oido, mirándolo en torno temeroso de que alguien traicione o – mejor – adivine? Es nada menos que la incorporación en el hombre, o la atracción a su propio ámbito, por medio de esa doctrina, del Uno y el todo, lo Sumo en la figura de lo mínimo, Dios mismo en sus eternos fuegos…” (5)

La auténtica Masonería, de la misma manera que ocurre con todas las organizaciones iniciáticas las que, por serlo, tienen el requerimiento de condición esotérica y espiritualista, cumple, mediante el sagrado trabajo en sus templos, aquella función que permite dotar a cada persona (varón o mujer) de las herramientas necesarias para que – en una auténtica transmutación – pueda hacer aquello que pidió Píndaro en la sentencia: “Conviértete en lo que eres.” El mundo profano de hoy, dominado por el Dios Mercado, acucia en todas las formas posibles para que hombres y mujeres busquen lucir máscaras de todo tipo. Tales máscaras no son otra cosa que significantes del engaño, la mentira y la tergiversación y, por ello, llevan a niveles de vacío existencial de los que sólo se cosecha frustración, insatisfacción, mediocridad y banalidad.

El Iniciado persigue lo opuesto. Diluir todas sus máscaras. Enfrentarse ante la autenticidad.      

Así lo enseñó Clemente de Alejandría quien en su Paedagogus (II, I) manifiesta: “Es, pues, según parece, la máxima doctrina el conocerse a sí mismo. Pues si un hombre se conoce a sí, reconocerá a Dios.”

O sea, hallará en sí mismo nada menos que aquella chispa divina que es esencia constituyente de lo humano. Pues la Verdadera Luz – esa que disipa toda tiniebla, ahuyenta cualquier fantasma, elimina la duda y la confusión – no se encuentra en otro sitio ni lugar que no sea “en el alma inmortal” de cuyo convencimiento no tuvieron vacilaciones los hermanos y hermanas masones que nos precedieron en otros siglos.

REFERENCIAS.

(1.-) JUNG, Carl G. Psicología y Alquimia. Obra Completa. Volumen 12. Editorial Trotta. Madrid, 2005. (Pág. 51)
(2.-) JUNG, Carl G. Psicología y Alquimia. Obra Completa. Volumen 12. Editorial Trotta. Madrid, 2005. (Pág. 55)
(3.-) JUNG, Carl G. Psicología y Alquimia. Obra Completa. Volumen 12. Editorial Trotta. Madrid, 2005. (Pág. 97)
(4.-) Anónimo. Theatrum chemicum VI. Instructio de arbore solari Paris, 1661. (Pág. 163)
(5.-) JUNG, Carl G. AION. Contribución a los simbolismos del sí-mismo. Paidós. Barcelona, 1992. (Pág. 155)

ODA A LUZ-BELL

ODA A LUZ-BELL

Tú fuiste su gemelo.
La abierta herida en su costado.
Y aquel no soportaba
la visión de si mismo reflejada
en tus Ojos de clarísimo mar
Como ladino amante despechado
te arrojó de su lado.
En el lejano exilio decidiste
abrir la pepa del conocimiento.

Ya deyecto. Olvidado. Ya sin alas
con la in-saciada sed de los
desiertos sobre los secos labios
vigilado que fuiste.

Oh clara Luz Osada.

Y entregado a ti mismo
y al abismo sin fondo
fuiste el hijo de Titanes
Y Dioses ultrajados.
y el jardín de lo Oculto
se reveló a tus parpados.

angel
El ángel caído de Madrid

Más El no estaba ajeno
a tus designios.
La libertad increada
que sembrara, fue su sombra y su pena.
La abierta herida
que sangraba de su seco costado.
El infierno de Dios sobre esta tierra.

Más tú multiplicabas tus deseos.
Los desiertos tornaban-sé vallados.
La mar multiplicaba peces. La tierra trigo
. Y el sutil tentador transfigurado
Fue su carne en tu carne:
“Sed a no malo” tú exclamaste.

Ya olvidado de todo.
¡Ay! perseguido por la iracunda
saña de aquel. Tu mismo hermano.

Y olvidado de todo fuiste reo.
De nuevo el mundo fue tu cárcel.
Y expurgaste inocente aquella sangre
con finitud y pánico.
Ahora el mal triunfaba.
Triunfaba Dios sobre LUZ-BELL 
El hombre. Solo un ángel vencido.
Derrotado por la envidia del Otro.
De su hermano.


ACERCA DE LA MASONERÍA

ASPECTOS DE LA MASONERÍA

Resulta complejo definir y encasillar a la Masonería como institución. Hay muchas vertientes, y por la naturaleza misma de los miembros que la integran, se genera en éstos un concepto propio.

De sus muchas características puede decirse que es una sociedad de pensamiento, cuyo énfasis está puesto en los aspectos morales e intelectuales, y en el desarrollo íntegro del ser humano.

Otros podrán agregar la espiritualidad, el aspecto esotérico con todas las derivaciones que involucra el vocablo y hasta el componente deísta, este último afianzado dentro de la Masonería que se guía por los parámetros establecidos por la Gran Logia Unida de Inglaterra, surgida en 1813.

Utiliza el lenguaje simbólico para transmitir sus enseñanzas, para lo cual adoptó las herramientas del oficio de los canteros o talladores de piedra de la edad media.

Con respecto al origen de la palabra masón (que significa albañil o constructor), o franc-masón (free, en inglés, o franc, en francés), los investigadores no se ponen de acuerdo.

Lo más probable es que el término haga alusión al paso franco a través de pueblos, fronteras y Estados, libre de todo tipo de trabas, y del cual se privilegiaban los masones por el hecho de estar al servicio de la iglesia, nobles y reyes.

A esta variante del compañerazgo se le puede asociar también con las llamadas guildas, o a las agrupaciones gremiales y sindicales que a través de la historia se fueron formando para protección de los individuos que las integraban. Como así también su trabajo y secretos profesionales.

Existieron en casi todas las culturas en diversas formas, a veces canalizadas a través de las castas u otras con mayor liberalidad (desde Egipto a Roma). Para ser breves, y situándonos en la edad media occidental (lo que supone una fecha más específica para ubicarnos), se puede decir que uno de sus aportes es la noción del mutualismo.

Mutualismo (o ayuda mutua), protección del individuo y del grupo, de sus técnicas de trabajo y aprendizaje, gremialismo, etc., son características propias del compañerazgo (operativo), del que abrevará la posterior Masonería especulativa.

Pero la Masonería operativa, y la llamada actualmente especulativa, son cosas bien distintas.

Se puede decir que en 1598, Wiliam Schow, supervisor de obras del rey de Escocia, contribuyó a la reorganización de las Logias, estableciendo la obligatoriedad de llevar un registro de sus reuniones, soslayando, en cierta manera, la tradición oral imperante hasta ese momento. Esto constituyó un paso importante en la conservación de materiales escritos.

Con el tiempo la construcción en piedra decae, dándose prioridad en la construcción a otros materiales, como el ladrillo. Ya en el siglo XVII es más notorio el ingreso de los llamados masones aceptados, sobre todo aquellos caballeros notables reunidos en torno a la Sociedad Real de Londres; pero los masones aceptados fueron en principio los nobles o terratenientes, y hasta clérigos, que debían encargar sus obras a los obreros capacitados, siéndoles de utilidad, a la hora de contratarlos, conocer las señas por las cuales aquellos se reconocían.

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En la segunda mitad del siglo XVII, convivían en las Logias anticuarios como Elías Ashmole o nobles como el conde de Moray que apenas pisaron las Logias una vez en su vida, junto a seguidores de movimientos ideológico-políticos como los rosacruces y/o científicos de todo tipo, como Isaac Newton. Junto a estos se destacó Cristopher Wren, personalidad muy culta y último de los Grandes Maestros de obra de la Corona británica antes del nacimiento de la Masonería especulativa en 1717, y que se ocupó de la reconstrucción de Londres luego del gran incendio que la asoló en la década de 1660.

Aclarada esta etapa de transición histórica, queda evidenciada la imposibilidad de contar con registros documentales detallados de todo este proceso evolutivo.

La Masonería especulativa surgida en 1717 con la creación de la Gran Logia de Londres es una entidad totalmente distinta, que utiliza el simbolismo de las herramientas de los antiguos canteros, pero que va más allá en su accionar social, intelectual e ideológico. Surgida al calor de las disputas dinásticas en Inglaterra entre los Estuardo y los recién llegados Hannover, y con un fondo de luchas de clase y de religión, entre católicos y protestantes, las Logias se constituyeron en nidos de conspiraciones.

La escasez documental es una problemática que se ajusta a los parámetros seguidos por la institución en su nacimiento a la modernidad en el siglo XVIII. Su naturaleza secretista influyó para que en sus primeros tiempos no se registraran sus reuniones, o que este registro fuera deficiente o que dicho material fuera ocultado y con el tiempo se extraviara. Las condenas papales empeoraron la situación.

En este contexto la mujer ni siquiera fue contemplada en las Constituciones de Anderson de 1723 (documento fundacional de la Masonería moderna), y su emancipación social todavía era impensable, si bien hoy está demostrado que la mujer integró grupos de trabajo y colaboró en la Masonería operativa. Una disposición general establecía: “Los esclavos, las mujeres, la gentes inmorales o deshonrosas no pueden ser admitidas, sí solamente los hombres de buena reputación”.

En síntesis:

En la modernidad, en el siglo XVIII, surge la Masonería ahora llamada especulativa, reflexiva, no la del masón que opera o construye edificios o trabaja con la piedra. Todo este tipo de Masonería sufrió transformaciones a partir de los últimos 300 años.

Existen diversas Masonerías. Mencioné a la anglosajona, que para caracterizarla es básicamente deísta, ya que para ingresar exige creer en Dios, y este es un problema que enfrentan muchos masones.

Hay otro tipo que se llama liberal o adogmática, y se la encuadra bajo ese concepto porque apunta a la libertad absoluta de conciencia. Se admiten ateos, agnósticos y mujeres.

Esta última vertiente ha estado históricamente representada en el Gran Oriente de Francia y en la Orden Masónica Mixta Internacional Le Droit Humain -El Derecho Humano- (la primera Obediencia en la cual la mujer se inserta con plenitud en las Logias y en un plano de igualdad junto al hombre), nacidas en 1773 y 1893, respectivamente, y ambas de fuerte contenido social.

Puede decirse que la Masonería permite el acercamiento de personas que en otro momento de la vida no se hubieran conocido. Actualmente no es secretista, aunque jamás estuvo apartada de la sociedad, ni de los cambios operados en esta desde que la entidad surgió.

 

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LOS CRUCIFIJOS DE PIEL

Cae una llovizna fría.
El cortejo, presidido por el obispo y un grupo de eclesiásticos de alta investidura, avanza por las principales calles del pueblo.
Las calles, tapizadas de pedruscos que hieren los pies de los que marchan descalzos, son lo suficientemente estrechas y tortuosas como para evitar que los fieles se desborden.
Los únicos carentes de calzado, claro, son los condenados, que encima deben cargar con los pesados troncos donde serán atados y quemados.
Soldados, de rostro agrietado y cruel, los azotan.
La procesión termina con exagerada solemnidad en la única plazoleta existente, lugar apropiado para la quema de brujas y toda clase de herejes.
Oscurece.
Un mar de antorchas se eleva al cielo. Bajo la molesta garúa, las piras aguardan su tributo.
Crece la expectativa. Vuela alguna que otra sandalia mojada, y un verdugo es golpeado en la oreja con un trozo de pan duro.
La multitud ríe jubilosa y pide sangre.
El obispo, que viste sus mejores ropas para tan grata ocasión, eructa despreocupado; finge indiferencia y señala, con gesto desdeñoso, a la que él imagina como la más despreciable de sus víctimas.
El señalado apenas puede mantenerse en pie. Es un hombre débil y enjuto como una astilla, que dice ser la reencarnación de Jesucristo. Lleva barba, pelo largo y corona de espinas.
El obispo, rodeado de estandartes y lujo, ordena que lo crucifiquen.
Lo ensartan con grandes clavos de hierro, para deleite del público.
Pasa el rato y de sus partes sangrantes surgen algunos objetos pequeños,como brotes.
Pedazos de piel desgarrada caen al suelo convertidos en crucifijos vivos. Extrañas figuras se mueven dentro, pugnando por salir.
El obispo se pone rígido del susto y se desploma. Otros huyen despavoridos o quedan simplemente extasiados.
La sorpresa es más grande todavía cuando la silueta del obispo, ya muerto y pudriéndose, aparece recortada con mayor nitidez sobre los crucifijos.